La publicación de la columna de María Fernanda Cabal detonó una crisis interna en el Centro Democrático al calificar a Abelardo de la Espriella como una réplica criolla de Donald Trump y Javier Milei a pocas horas de los comicios

 

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El panorama político colombiano ha entrado en una fase de ebullición absoluta a escasas horas de que se abran las urnas en todo el territorio nacional para la trascendental primera vuelta presidencial del 31 de mayo.

En un escenario caracterizado por la máxima tensión y el reacomodo de fuerzas, una inesperada tormenta interna en el Centro Democrático ha dinamitado los cuarteles generales de la oposición.

La publicación de la más reciente columna de opinión de la senadora María Fernanda Cabal en la revista Semana, titulada “El tigre y la paloma”, lejos de actuar como un espaldarazo unificado hacia la candidatura del abogado penalista Abelardo de la Espriella, ha provocado un cortocircuito de proporciones épicas dentro de las huestes de la derecha, desatando acusaciones de traición, desespero y canibalismo político en el peor momento posible.

La controversia estalló cuando Cabal, pretendiendo elogiar el vertiginoso ascenso del polémico jurista caribeño, lo catalogó explícitamente como una “réplica criolla” de los fenómenos populistas globales de Donald Trump en Estados Unidos y Javier Milei en Argentina.

La analogía, lejos de consolidar la imagen de estadista de De la Espriella, fue recibida con estupor y rechazo por diversos sectores analíticos y ciudadanos, quienes interpretaron el término “réplica criolla” como una etiqueta despectiva que reduce al candidato a una imitación pirata, caricaturesca y carente de criterio propio o ideas auténticas.

Además, el vínculo directo con figuras internacionales fuertemente cuestionadas por la justicia o por la radical reducción de derechos sociales e institucionales terminó por sembrar profundas dudas sobre la idoneidad democrática del proyecto político que encarna el polémico abogado.

La andanada de Cabal no se detuvo ahí.

En su texto, la senadora afirmó que De la Espriella se perfila como el primer “outsider” de la derecha colombiana, una narrativa que las fuerzas alternativas y diversos analistas independientes han salido a desmentir con vehemencia.

Se señala que el jurista no representa ninguna renovación independiente, sino que es el candidato de las estructuras oligárquicas más rancias y de los clanes políticos tradicionales que históricamente han controlado las finanzas del país.

 

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Sus detractores recuerdan con indignación antiguas entrevistas en las que el hoy candidato se expresaba de forma despectiva sobre las clases populares colombianas, evidenciando un profundo desprecio de clase que choca frontalmente con la imagen de cercanía popular que su multimillonaria campaña publicitaria ha intentado vender a última hora a través de costosos despliegues en plataformas digitales.

El sismo político provocado por la columna de Cabal causó una reacción inmediata y furiosa por parte de la dirección nacional del Centro Democrático.

En un comunicado oficial, el partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez confrontó directamente a la senadora, acusándola implícitamente de actuar por resentimiento y de intentar deslegitimar las decisiones internas de la colectividad tras no haber obtenido los resultados favorables que ella misma buscaba en los procesos de selección pasados.

La cúpula del partido defendió la transparencia de sus mecanismos y calificó la postura de Cabal como una distorsión temeraria, dejando en evidencia una fractura interna insalvable donde los antiguos aliados ahora se atacan de manera pública y despiadada en las vísperas de la elección presidencial.

Este canibalismo político en los sectores de oposición coincide con el declive definitivo de la candidatura de la senadora Paloma Valencia, quien en recientes apariciones junto al expresidente Álvaro Uribe Vélez terminó por confesar implícitamente su derrota en la contienda interna de la derecha.

Valencia, visiblemente conmovida y con un discurso con tintes de despedida nostálgica, manifestó que pase lo que pase no abandonará el país ni se retirará de la lucha en las regiones, haciendo una velada crítica a los planes de la familia de De la Espriella, de quienes se sabe que han mantenido su residencia y sus grandes capitales en el exterior, específicamente en Italia.

La capitulación de Valencia marca el fin del control absoluto del uribismo tradicional sobre su propia creación, siendo desplazado por el fenómeno mediático y financiero que representa el abogado penalista.

 

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El ambiente de crispación hacia la figura de Abelardo de la Espriella se extendió incluso hacia los sectores de centro.

El candidato presidencial Sergio Fajardo rompió su tradicional postura moderada para lanzar una de las críticas más feroces y directas de la campaña contra el abogado caribeño.

Fajardo tildó a De la Espriella de “patán”, calificándolo como un personaje profundamente machista, vulgar, autoritario e irrespetuoso que representa un peligro inminente para la estabilidad institucional y democrática de Colombia.

El líder de centro hizo un llamado vehemente a la ciudadanía para impedir que el país caiga en manos de alguien con tales condiciones humanas, advirtiendo que sus propuestas de aplicar la pena de muerte o acabar con la Jurisdicción Especial para la Paz sin reformar la Constitución equivalen a la instauración de una dictadura de facto.

Mientras la derecha se desangra en disputas internas y traiciones cruzadas, la campaña del candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, ha capitalizado el momento haciendo un llamado estratégico al voto útil en primera vuelta.

Desde los sectores progresistas se insta a los electores indecisos y a los seguidores de propuestas moderadas a concentrar el apoyo en la figura de Cepeda para consolidar una victoria contundente este domingo y cerrar definitivamente el ciclo de violencia e impunidad asociado a la extrema derecha.

El gobierno del presidente Gustavo Petro respaldó indirectamente esta visión al presentar un balance histórico sobre la reducción del uso de la fuerza estatal y las intervenciones del antiguo Esmad, demostrando con cifras oficiales una disminución de más del 50% en los casos de violencia institucional en comparación con el mandato de Iván Duque, reforzando la tesis de que el camino de la paz y el diálogo democrático debe prevalecer sobre los modelos autoritarios que amenazan con regresar al poder.