Daniel Muñoz prolonga el idilio de Colombia en un Mundial que ya vigila con recelo su autoridad
Un agónico gol del lateral Daniel Muñoz en el minuto 76 otorgó la victoria a Colombia sobre la República Democrática del Congo en Guadalajara, sellando la clasificación matemática de la Tricolor a los octavos de final con un pleno de seis puntos

El fútbol, en su caprichosa insistencia por medir la resistencia de los elegidos, sometió a Colombia a un ejercicio de paciencia extrema en el Estadio Akron de Guadalajara.
Frente a una República Democrática del Congo que se plantó con la severidad de un batallón y la flexibilidad de un junco, el combinado de Néstor Lorenzo tuvo que despojarse de la lírica para abrazar el pragmatismo.
No fue una noche de violines, sino de pico y pala.
Una jornada donde la tecnología del VAR se transformó en un contable implacable que despojó a Luis Díaz de la gloria por partida doble, obligando a la Tricolor a buscar un héroe de perfil bajo y botas sucias.
Lo encontró en Daniel Muñoz, ese lateral con alma de delantero centro que terminó por derribar un muro que parecía de hormigón armado, sellando el billete a los octavos de final con un pleno de seis puntos que sitúa a Colombia en el vagón de los favoritos de esta Copa del Mundo.
La puesta en escena del conjunto cafetero fue una declaración de intenciones que electrizó las gradas, convertidas por la marea amarilla en una sucursal ardiente de Barranquilla o Medellín en pleno suelo mexicano.
Durante los primeros veinte minutos, Colombia ofreció su versión más reconocible y voraz.
El balón circulaba con la fluidez que exigen los cánones de Lorenzo, asfixiando a un Congo parapetado en un rígido sistema de cinco defensores que entregó la iniciativa sin complejos.
Avisó primero Muñoz con un testarazo soberbio que el juez de línea invalidó por un fuera de juego milimétrico, un prólogo de la frustración que se apoderaría del ataque sudamericano.
Acto seguido, comenzó el calvario particular de Luis Díaz con el videoarbitraje.
El extremo del Bayern Múnich, vigilado de cerca por los analistas europeos que ya lo postulan a la Bota de Oro, celebró con rabia un golazo tras una diagonal marca de la casa, pero la sala del VAR congeló la imagen para detectar una posición adelantada casi invisible.
Poco después, la historia se repitió: otra definición magistral del guajiro fue devuelta a la nada por el tiralíneas tecnológico, desatando la incredulidad de un banquillo colombiano que empezaba a masticar la injusticia.

Superado el vendaval inicial, el partido se adentró en una llanura espesa y pantanosa.
El Congo, que ya había demostrado sus credenciales de roca indestructible al rasguñar un empate ante Portugal, se aferró a la colosal figura de su guardameta, Lionel Mpasi.
El arquero africano completó una primera mitad memorable, firmando seis paradas de mérito ante los intentos desesperados de una Colombia que empezaba a perder la finura y a pecar de horizontalidad.
James Rodríguez, el termómetro emocional del equipo, acusó el tremendo desgaste físico y el riguroso marcaje escalonado al que fue sometido, evidenciando que el peso de la temporada continental empieza a pasar factura en las piernas de los creativos.
El juego se tornó plano, sin la profundidad necesaria para desordenar a un rival que se sentía cómodo refugiado en su propio área y que amenazaba con activar alguna contra letal.
Fue entonces cuando emergió la lectura quirúrgica de Néstor Lorenzo desde la zona técnica.
El estratega argentino entendió que el cerrojo africano no se abriría por acumulación de efectivos, sino por la agitación de las piezas.
Sentó a un fatigado James para dar entrada a Juan Fernando Quintero y refrescó el frente de ataque con la potencia de Jhon Córdoba.
El cambio de guion fue inmediato.
Quintero aportó esa pausa aristocrática y la clarividencia para filtrar pases donde el común de los mortales solo ve piernas rivales, mientras que Córdoba se convirtió en una boya insoportable para los centrales congoleños, utilizando su físico para abrir pasillos interiores.
La recompensa a la insistencia llegó en el minuto 76, en una jugada que combinó la pizarra con la picardía callejera.
Quintero inventó una habilitación precisa hacia la frontal del área; allí apareció Córdoba para realizar una pantalla perfecta, dejando pasar el balón entre sus piernas con una inteligencia bárbara que descolocó por completo a la zaga africana.
Por el carril central, libre de marcas y con el cuchillo entre los dientes, irrumpió Daniel Muñoz para conectar un zurdazo seco que, tras rozar levemente en un defensor, superó la estirada de un Mpasi que hasta entonces parecía invulnerable.
El estallido de júbilo en Guadalajara hizo temblar los cimientos del estadio, haciendo justicia al equipo que más había propuesto sobre el césped.

Sin embargo, el epílogo del choque dejó una lección que Colombia deberá memorizar si pretende aspirar a las cotas más altas.
En lugar de anestesiar el juego mediante una circulación posesiva y desgastar al rival con el marcador a favor, la Tricolor se contagió del nerviosismo ambiental y aceptó un intercambio de golpes innecesario en los minutos finales.
El Congo adelantó líneas a la desesperada, despojándose de sus ataduras tácticas y colgando balones al área de Camilo Vargas.
Fue ahí donde el guardameta bogotano, criticado en el debut ante Uzbekistán, saldó sus cuentas pendientes con la historia.
Primero detuvo un disparo envenenado de Mboku y, ya en el tiempo de descuento, firmó una estirada providencial abajo para sacar un cabezazo con aroma de gol de Chancel Mbemba.
Dos intervenciones de oro que blindaron un triunfo cortito pero trascendental.
Con este resultado, Colombia sella un inicio perfecto con seis puntos de seis posibles y encadena cinco partidos invicta en fases de grupos mundialistas, la mejor racha de la selección en los últimos sesenta años.
El planeta fútbol observa con respeto a un grupo que destila humildad, hambre y una comunión inquebrantable entre sus figuras y los obreros del campo.
Sin tiempo para las celebraciones excesivas, el combinado nacional ya avista el Hard Rock Stadium de Miami, donde el próximo sábado se batirá en duelo frente a la Portugal de Cristiano Ronaldo.
Estará en juego el liderato del grupo, una batalla de titanes donde a Colombia le bastará el empate para avanzar como primera, ratificando ante Europa que nadie en este torneo desea cruzarse en el camino de los leones hambrientos de Lorenzo.



