El expresidente Álvaro Uribe Vélez enfrentó un duro rechazo ciudadano en el municipio de Fredonia donde manifestantes le reclamaron por las cifras de ejecuciones extrajudiciales registradas durante sus periodos de gobierno

 

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A exactamente diez semanas de que concluya el mandato constitucional del presidente Gustavo Petro, la carrera por la sucesión presidencial en Colombia ha alcanzado niveles máximos de polarización y tensión en los territorios.

El escenario político se ha visto sacudido por los contrastes de las movilizaciones ciudadanas y una agresiva confrontación verbal entre las principales figuras doctrinales del país, evidenciando una profunda reconfiguración electoral de cara a los comicios del próximo domingo 31 de mayo.

Mientras los sectores progresistas conmemoran el cierre de sus actividades en las principales capitales, el expresidente Álvaro Uribe Vélez enfrentó una compleja jornada de protestas en el departamento de Antioquia, históricamente considerado el bastión inexpugnable de su movimiento político.

El epicentro de la controversia se trasladó al municipio de Fredonia, Antioquia.

El exmandatario arribó a la localidad con el propósito de encabezar un acto público en favor de las candidaturas de la oposición, pero se encontró con una plaza visiblemente desalentada y un sector de la población civil que interrumpió su intervención con consignas alusivas a las investigaciones por violaciones a los derechos humanos durante sus periodos de gobierno.

“Son 7.837 que no te van a dejar dormir”, areaban los manifestantes en la plaza pública, portando pancartas y carteles que hacían referencia directa a las cifras de ejecuciones extrajudiciales registradas en el país.

Ante el rechazo de los asistentes y la imposibilidad de consolidar el aforo proyectado bajo la estructura del evento, Uribe Vélez debió abandonar el lugar escoltado por su esquema de seguridad, dejando una declaración en sus canales oficiales donde manifestó:

“Desde Fredonia: a mi edad no hay vanidades para exigir excusas y se merman los deseos de denuncias. Siento ese afán de defender nuestra democracia del acecho cubanizante. Ojalá una última semana sin insultos”.

 

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Sin embargo, la exhortación a una contienda libre de descalificaciones se disolvió en menos de veinticuatro horas.

La madrugada posterior al incidente en Fredonia, el expresidente lanzó una gravísima acusación directa contra el candidato presidencial de los sectores alternativos, Iván Cepeda Castro, vinculándolo con hechos de sangre de alto impacto político.

“Cepeda con la frialdad y la calma que reclama, promovió el asesinato de Miguel Uribe y ha buscado por todos los medios que a mí me ocurra lo mismo”, afirmó el líder del Centro Democrático.

Esta declaración encendió de inmediato el debate público, no solo por la ausencia de sustento probatorio judicial, sino porque el propio entorno familiar de la víctima ha solicitado reiteradamente a la colectividad de oposición que desista de instrumentalizar el nombre de sus allegados con fines de agitación proselitista.

La réplica de Iván Cepeda Castro fue inmediata y contundente, apelando a los antecedentes judiciales que han enfrentado ambas figuras en los tribunales superiores de justicia.

“Calumniador desesperado. Su angustia obedece al eclipse de su caudillismo autoritario en Antioquia y en el país. Esa desesperación lo lleva a lanzar burdas y falsas acusaciones. La última vez que lo hizo en mi contra salió condendado.

Su abogánster también”, sentenció el aspirante presidencial, recordando los giros procesales donde las denuncias iniciales del exmandatario terminaron revirtiéndose en su contra por presunta manipulación de testigos e injuria.

 

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La tensión política en el departamento antioqueño no se limitó a los discursos de los líderes naturales. En las calles de Fredonia se reportaron altercados físicos y verbales entre comitivas rivales que distribuían material informativo.

De acuerdo con denuncias formales instauradas en redes sociales por diversos activistas, el senador del Centro Democrático, Esteban Quintero —hijo del excongresista Rubén Darío Quintero, condenado en el pasado por vínculos con estructuras de autodefensa—, protagonizó un fuerte cruce de palabras e intimidaciones contra los promotores de la campaña progresista.

El hecho generó el pronunciamiento de sectores independientes que calificaron la conducta de “vergonzosa” y violatoria de las garantías democráticas elementales para el ejercicio electoral.

Este complejo panorama en las regiones coincide con un ambiente de masiva movilización en favor de la propuesta de continuidad del Pacto Histórico.

Mientras la oposición padece los síntomas de la fragmentación y el repliegue en sus zonas tradicionales de influencia, Iván Cepeda Castro ha consolidado masivos cierres de campaña, registrando llenos totales en escenarios emblemáticos como la Plaza de Bolívar de Bogotá y las plazas principales de Cartagena, donde sectores de la producción agrícola y el campesinado de Bolívar se congregaron bajo consignas de convivencia.

La proximidad de la fecha electoral mantiene al país en vilo, en una jornada donde la ciudadanía dirimirá en las urnas si convalida el avance del proyecto progresista en primera vuelta o si las fuerzas tradicionales logran forzar una segunda instancia institucional.

 

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