Medios argentinos califican el conteo de “no apto para cardíacos” mientras analistas cuestionan las diferencias de eficiencia con Colombia y la sobrecarga laboral de los miembros de mesa.

 

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El desarrollo de la segunda vuelta presidencial en el Perú ha traspasado las fronteras, captando la atención de los principales analistas políticos de la región debido a la extrema paridad de las cifras oficiales y las marcadas deficiencias estructurales en el procesamiento de los sufragios.

Con el 95,37% de las actas contabilizadas por los organismos electorales oficiales, la diferencia entre los candidatos Roberto Sánchez y Keiko Fujimori se mantiene en un margen mínimo que sitúa a ambos postulantes en el umbral del 50% de los votos válidos.

Esta ajustada competencia ha llevado a periodistas y observadores en Argentina a calificar el escenario peruano como un proceso de alta tensión e incertidumbre civil.

“La verdad es que el resultado de la elección de Perú es incierto. Es un panorama no apto para cardíacos; hay que esperar a que se vayan contando todos los votos y se revisen rigurosamente las actas que se encuentran observadas”, señalaron los comentaristas internacionales rioplatenses.

 

Lento conteo de votos en elección presidencial de Perú | AP News

 

El debate periodístico internacional ha puesto el foco en la metodología de transmisión de datos del sistema electoral peruano en comparación con otros países de la región como Colombia, Chile y la propia Argentina.

A pesar de que estas naciones emplean el sistema de sufragio manual —donde el escrutinio se realiza en las mesas con presencia de fiscales partidarios y representantes técnicos—, los tiempos de emisión de resultados presentan asimetrías sustanciales.

En Colombia, por ejemplo, los primeros boletines informativos con tendencias definitivas se difunden en un lapso promedio de 28 minutos tras el cierre de las urnas.

La diferencia radica en que, en el modelo colombiano, el reporte del acta física se digitaliza de manera inmediata desde la misma mesa de sufragio hacia el centro nacional de cómputo.

En contraste, el sistema administrado en el Perú mantiene una dependencia del traslado físico y manual de la documentación hacia las oficinas descentralizadas, lo que dilata el procesamiento del material electoral.

“En la primera vuelta electoral del Perú se evidenció un desorden operativo severo: se reportaron fallas en las computadoras, ausencia de conectividad Wi-Fi en los centros de acopio subterráneos e insuficiencia de vehículos oficiales, lo que obligó en algunos casos a recurrir a servicios de transporte privado por aplicativo para movilizar las actas”, recordaron fuentes informativas sobre los antecedentes del proceso.

 

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Aunque los reportes de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) indican que la digitalización y el cierre de mesas en esta segunda vuelta se han efectuado con mayor celeridad respecto al proceso previo, expertos en materia constitucional señalan la necesidad de reformar las obligaciones fiscales impuestas a los miembros de mesa.

La legislación electoral actual exige que los mismos tres ciudadanos seleccionados para la instalación de las mesas a las 07:00 horas asuman la responsabilidad de contar hasta cinco elecciones distintas en simultáneo dentro de una misma cédula compleja (votos presidenciales, parlamentarios y preferenciales).

Este diseño institucional genera jornadas de labor ininterrumpida que se extienden con frecuencia hasta las 02:00 horas del día siguiente o más, configurando lo que analistas califican como una tarea de ejecución extrema para la sociedad civil en nombre del deber cívico.

 

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