La coalición izquierdista Juntos por el Perú retira y republica su plan de gobierno en menos de 24 horas para borrar la nacionalización de Telefónica, alegando un inverosímil «error de edición».

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A menos de una semana para que se celebre la crucial segunda vuelta electoral que definirá el rumbo de Perú para los próximos cinco años, la candidatura de la izquierda radical, liderada por Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), se ha visto envuelta en un escándalo de improvisación programática. La difusión, rectificación y posterior ocultamiento de propuestas de corte estatista en su plan de gobierno ha encendido las alarmas de los analistas y de los sectores económicos, quienes acusan al candidato de camuflar sus intenciones reales para captar el voto moderado.

El pasado 1 de junio, en una maniobra inédita en la historia política reciente del país, el equipo de Sánchez presentó un nuevo documento de 114 páginas con el objetivo de suavizar la agresiva propuesta que exhibió durante la primera vuelta. Sin embargo, la jornada se tornó caótica cuando, entre las doce del mediodía y las tres de la tarde, la coalición distribuyó dos versiones distintas del mismo plan. En la primera de ellas, se planteaba explícitamente la «nacionalización de Telefónica del Perú» y la creación de una corporación pública para administrar los activos estratégicos de telecomunicaciones; tres horas después, dicho párrafo fue extirpado del texto oficial.

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Ante la insistencia de la prensa local, los portavoces de la alianza izquierdista se apresuraron a calificar el incidente como un mero «error de edición» derivado de la fusión de propuestas con sus nuevos aliados electorales, el grupo Venceremos. No obstante, la justificación resulta inverosímil para la oposición y la opinión pública, dado que no se trata de una errata tipográfica, sino del diseño institucional del sector de las telecomunicaciones.

Críticos de la campaña han calificado esta maniobra como una «burla» y un intento de «maquillaje» de última hora. «Cambiaron, se blanquearon, se descafeinaron y se pasteurizaron a una semana de la elección», señalan observadores políticos, quienes advierten de que este giro radical hacia el centro carece de convicción y responde únicamente a una urgencia matemática para captar a los electores indecisos que rechazan la candidatura de Keiko Fujimori.

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El plan original con el que Roberto Sánchez llegó al balotaje contenía postulados que habían provocado el rechazo del 93% de los economistas del país, según mediciones del Instituto Peruano de Economía (IPE), y que arrastraron las expectativas a corto plazo del Banco Central de Reserva a terreno negativo por primera vez en casi dos años. Aquella hoja de ruta inicial contemplaba:

La renegociación unilateral de todos los Tratados de Libre Comercio (TLC), incluidos los suscritos con Estados Unidos, China y la Unión Europea.

La eliminación de los ‘contratos-ley’, herramientas constitucionales que garantizan la estabilidad jurídica y tributaria a las grandes inversiones mineras y energéticas.

Un alineamiento geopolítico expreso con los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

La convocatoria inmediata de una Asamblea Constituyente sin condiciones previas.

En el nuevo documento remendado a contrarreloj, estas propuestas han sido suavizadas convenientemente: ahora se habla de «respetar» los TLC, ofrecer estabilidad jurídica y postergar la Constituyente a una consulta popular previa.

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Para la oposición, la facilidad con la que Juntos por el Perú altera su doctrina matriz en cuestión de horas evidencia una alarmante falta de ideas claras y augura un eventual gobierno dominado por la contradicción interna. Diversos analistas locales coinciden en que intentar gobernar sumando retazos ideológicos inconexos solo puede conducir al país a un nuevo escenario de ingobernabilidad, acuñando ya en los pasillos políticos el acrónimo del «CAOS» (en referencia a las facciones de Castillo, Antauro y Sánchez).

A seis días de que los peruanos acudan a las urnas, el hallazgo de estas dos versiones contrapuestas obliga al electorado, especialmente a los sectores más jóvenes, a dirimir si el giro moderado de Roberto Sánchez representa una evolución política real o, por el contrario, un caballo de Troya electoral diseñado para alcanzar el Palacio de Pizarro.