La difusión de grabaciones de células vinculadas al CJNG confirma la adopción de tácticas de guerra asimétrica para la geolocalización y el hostigamiento de facciones rivales.

 

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MÉXICO D.F. — Los cárteles de la droga en México han consolidado una preocupante transición hacia la guerra tecnológica militar.

A lo largo de este año 2026, las dinámicas de confrontación territorial han incorporado de manera sistemática el uso de vehículos aéreos no tripulados (VANT), comúnmente denominados drones, como herramientas prioritarias de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR).

La reciente difusión en redes sociales de metrajes capturados por operadores de estos dispositivos ha encendido las alarmas de los analistas de defensa, quienes constatan la asimilación de tácticas de combate propias de conflictos internacionales contemporáneos, como los observados en Europa del Este o Medio Oriente.

Uno de los episodios más ilustrativos de esta evolución operativa ha sido registrado en el estado de Michoacán, una de las regiones más afectadas por la fragmentación criminal.

En las imágenes analizadas por los servicios de seguridad, un operador de vuelo —presuntamente adscrito a una célula del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG)— documenta un reconocimiento aéreo detallado sobre posiciones fortificadas de una facción enemiga.

La aeronave civil, modificada para fines tácticos, sobrevuela a media altitud el terreno escarpado, registrando con precisión milimétrica los movimientos, vías de escape y puestos de control del grupo rival antes de coordinar una ofensiva terrestre.

Aumentan ataques de drones en México por alianza entre CJNG y Familia  Michoacana

La estrategia de los grupos criminales va más allá del simple espionaje militar; la difusión deliberada de estos contenidos en el espacio digital constituye un potente vector de guerra psicológica.

Al exhibir una perspectiva aérea de las zonas de conflicto, las organizaciones delictivas no solo buscan demostrar una superioridad técnica frente a sus adversarios directos, sino también enviar un mensaje de control absoluto a las comunidades locales y un desafío directo a las fuerzas federales mexicanas.

«El uso de drones rompe la simetría del combate urbano y rural. Permite a las estructuras criminales anular el factor sorpresa de las fuerzas estatales y optimizar sus recursos humanos en el frente», señalan expertos del Colegio de Defensa Nacional consultados por ABC.

La proliferación de esta tecnología plantea un escenario sumamente complejo para el gabinete de seguridad federal de México.

Aunque el Gobierno ha intentado implementar regulaciones estrictas sobre la adquisición y registro de aeronaves no tripuladas, el mercado negro y la facilidad para contrabandear componentes electrónicos de uso civil —posteriormente adaptados para transportar cargas explosivas artesanales o cámaras de alta definición— han neutralizado los esfuerzos institucionales.

Hasta el momento, las unidades del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional desplegadas en zonas calientes como Michoacán, Guerrero y Zacatecas han comenzado a incorporar inhibidores de señal de radiofrecuencia (sistemas anti-drone) en sus convoyes.

Sin embargo, la velocidad con la que los cárteles actualizan sus herramientas tecnológicas duplica la capacidad de respuesta burocrática del Estado.

El conflicto en México ha cruzado el umbral de la delincuencia convencional para asentarse plenamente en la doctrina de la guerra asimétrica moderna, donde el control del espacio aéreo local define el destino de los territorios en disputa.

Drones en Michoacán, el Uso de Sistemas de Aeronaves Pilotadas a Distancia  como Arma de la Delincuencia Organizada | Foro Jurídico