Amaya Uranga, la voz principal que llevó a Mocedades al estrellato mundial con el himno “Eres tú” en 1973, consolidó una carrera legendaria basada en la polifonía vasca y la colaboración con maestros como Juan Carlos Calderón y Armando Manzanero

 

thumbnail

 

En la historia de la música iberoamericana, hay voces que no solo interpretan canciones, sino que definen épocas enteras.

María Itziar Amaya Uranga Amézaga, conocida mundialmente como Amaya Uranga, es el pilar sobre el cual se construyó el fenómeno de Mocedades y, posteriormente, la elegancia de El Consorcio.

Nacida en Bilbao en 1947, en el seno de una numerosa familia vasca de nueve hermanos donde cantar era tan natural como respirar, Amaya se convirtió en el faro de una generación que encontró en la polifonía y la balada romántica un refugio emocional.

El destino de Amaya estaba marcado por la tradición oral de su tierra.

Su padre, maestro de vocación, inculcó en sus hijos el amor por el canto coral, mientras que su tía Valentina le entregó la herramienta que la acompañaría siempre: la guitarra.

Aunque inicialmente Amaya soñaba con ser enfermera o azafata por su deseo de no estudiar largas carreras, el talento se impuso.

“En el País Vasco el cantar es algo innato, es algo con lo que la gente nace”, reflexiona hoy la artista, quien tras un breve e infructuoso paso por el secretariado, fundó junto a sus hermanas Izaskun y Estíbaliz el trío Las Hermanas Uranga.

 

Amaya Uranga Discography: Vinyl, CDs, & More | Discogs

 

La verdadera explosión ocurrió en 1968 cuando, junto a hermanos y amigos, formaron “Voces y Guitarras”.

El grupo captó la atención del legendario productor Juan Carlos Calderón, quien no solo les cambió el nombre a Mocedades, sino que moldeó un estilo recatado y sobrio que revolucionó el folclore moderno.

Amaya, con una voz que los críticos comparaban con la profundidad del gospel, se convirtió en la solista indiscutible.

En 1973, el mundo se detuvo ante ellos en el Festival de Eurovisión en Luxemburgo.

Aunque obtuvieron el segundo lugar con “Eres tú”, la canción se transformó en un himno global, siendo una de las pocas piezas en español en entrar con fuerza en las listas del Billboard estadounidense.

Sin embargo, la fama tiene un peso que Amaya siempre llevó con timidez.

“Nunca estuve muy pendiente de mi voz. Es cierto que siempre me gustó la polifonía, pero cuando empecé a cantar me daba vergüenza”, confiesa con esa sinceridad que la caracteriza.

A pesar de su éxito arrollador con temas como “Tómame o déjame”, “Secretaria” y “Amor de hombre”, la intensidad de las giras y la presión del espectáculo terminaron por abrumarla.

En 1984, tras quince años de liderazgo absoluto, Amaya decidió dar un paso al costado para buscar reposo y reconectar con su vida personal.

“Mantenener un grupo con tantas personas era imposible”, admite al recordar las constantes entradas y salidas de integrantes.

 

Qué fue de Amaya Uranga, del éxito de "Mocedades" a renegar del grupo que  le llevó a las mieles del éxito

 

Su etapa como solista, iniciada en 1986 con el álbum *Volver*, mostró una faceta más íntima, explorando boleros y versiones de autores clásicos.

Su calidad interpretativa fue tal que enamoró al maestro Armando Manzanero, con quien colaboró a finales de los ochenta.

Pero el lazo con su familia y sus antiguos compañeros era inquebrantable.

En 1993, aceptó la propuesta de unirse a Iñaki, Estíbaliz, Sergio Blanco y Carlos Zubiaga para formar El Consorcio.

Este grupo no solo revivió la memoria colectiva de España, sino que les valió el Grammy Latino a la Excelencia Musical, consolidando a Amaya como una figura vigente en el nuevo milenio.

A sus 79 años, Amaya Uranga luce sus canas con un orgullo que refleja la sabiduría de quien ha caminado mucho.

“Si en verdad soy lo que he ido haciéndome en el camino, digamos que la música es la mejor forma de expresarme que tengo, aunque no sea autora”, afirma con la mirada puesta en el horizonte.

Para ella, la meta no es el final, sino el proceso: “No he llegado al máximo esplendor, no he llegado a mi meta en la vida ni me gustaría. ¿Qué queda después de la meta? Solo te queda bajar”.

Amaya Uranga sigue activa, consciente de que su salvación personal y económica reside en el escenario y en el respeto sagrado por las letras de sus canciones.

“Me he mantenido activa porque es lo que tienen que hacer los artistas para vivir… yo sé que mi salvación es la música”, sentencia la mujer que, aunque ya no pertenezca formalmente a Mocedades, sigue siendo la voz que el mundo entero reconoce cuando suena la primera nota de una promesa de amor.

Su legado es la prueba de que la verdadera elegancia musical no necesita de artificios, sino de una voz que nazca directamente del alma vasca.

 

Amaya Uranga (@amaya_uranga) / Posts / X