La muerte de Rafael Orozco en 1992 desató una fractura irreconciliable entre su viuda, Clara Cabello, e Israel Romero debido al registro unilateral de la marca “El Binomio de Oro de América” por parte del acordeonero

 

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La muerte de Rafael Orozco Maestre, el 11 de junio de 1992, no solo dejó un vacío irreparable en el folclor vallenato, sino que marcó el inicio de una fractura profunda en el seno de la agrupación más exitosa del género: El Binomio de Oro.

Lo que durante años fue una hermandad inquebrantable entre Rafael e Israel Romero se transformó, tras la tragedia, en una batalla de intereses, demandas y un distanciamiento doloroso con la viuda del cantante, Clara Cabello, que persiste hasta el sol de hoy.

El conflicto germinó en el momento exacto en que la música se detuvo.

Tras el sepelio del “Ídolo”, la estructura administrativa del grupo quedó en un limbo legal.

Clara Cabello, enfrentando la crianza de sus tres hijas pequeñas —Kelly, Wendy y Eugenia—, esperaba recibir el respaldo económico proporcional al éxito que su esposo había construido.

Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula al descubrir que Israel Romero, el “Pollo Irra”, se apresuró a registrar la marca de la agrupación bajo una nueva identidad legal: “El Binomio de Oro de América”.

Al modificar el nombre y registrarlo como una entidad propia, Israel excluyó legalmente a la familia Orozco de las utilidades futuras y del control de la marca que ambos compadres habían fundado bajo la sigla OR.O. (Organización Romero Orozco).

 

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La tensión escaló cuando el material inédito de Rafael se convirtió en moneda de cambio.

Clara Cabello, en un intento por asegurar el bienestar de sus hijas, tomó decisiones sobre las grabaciones que Rafael dejó pendientes, incluyendo los éxitos “Solo por ti” y “La historia de un corazón”.

Esta última canción generó una furia ciega en Romero, ya que Clara decidió entregar la letra al hermano de Rafael, Miguel Orozco, en lugar de permitir que Israel la finalizara para el grupo.

Israel, quien sentía que su trabajo como arreglista y compositor le daba derechos sobre ese material, reaccionó cortando lazos: “Si alguna cosa quiere de mí, que me lo diga sin un rencor”, llegó a decir la viuda en medio de las tensiones, pero el diálogo se había roto.

La batalla se trasladó a los estrados judiciales.

Doña Clara interpuso una demanda contra Israel Romero reclamando los derechos sobre el nombre y las regalías del grupo.

No obstante, la justicia colombiana le dio la razón al acordeonero, argumentando que el registro de “El Binomio de Oro de América” era una propiedad intelectual distinta a la sociedad original.

Esta derrota legal dejó a la familia Orozco en una situación económica vulnerable en comparación con la bonanza que seguía percibiendo la agrupación.

Pero Clara Cabello no se quedó de brazos cruzados.

En un acto que muchos califican como la “venganza de la viuda”, decidió vender una propiedad en las playas del Caribe que estaba a nombre de Rafael, pero que históricamente era utilizada por ambas familias para vacacionar.

Sin entregarle un solo centavo a Israel, Clara liquidó el inmueble, profundizando una brecha que ya era un abismo.

“Ambos traicionaron su amistad, su buena fe y la memoria de Rafael”, comentan hoy allegados a la dinastía que prefieren el anonimato.

 

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El distanciamiento fue tal que Romero ejerció su poder para borrar huellas.

Durante la producción de la bioserie sobre la vida de Rafael Orozco, se dice que el acordeonero puso condiciones estrictas para que su nombre real no fuera vinculado a ciertos conflictos, evitando tocar el tema públicamente por años.

Además, Israel procedió a limpiar el entorno de la agrupación, alejando a amigos íntimos de Rafael como Juan Piña y Fabio Poveda.

Piña, quien hacía los coros por exigencia de Orozco desde los inicios, recordó la intensidad de Rafael: “Cuando yo le dije a Rafa que yo no podía hacerle los coros, ¡uy!, ese hombre quiso matar”.

Tras la muerte del líder vocal, estos colaboradores históricos fueron excluidos de la “Universidad del Vallenato”.

Hoy, El Binomio de Oro de América sigue recorriendo el mundo bajo el mando de Israel Romero y sus sobrinos, como José Morre Romero.

Sin embargo, el brillo de los trofeos no logra ocultar la sombra de una traición ética.

Los seguidores más fieles no olvidan que, aunque la ley le dio la razón a Israel, existía una responsabilidad moral con la mujer que acompañó a Rafael en su ascenso y con las hijas que llevan su sangre.

La sigla O.R.O. que un día significó unión, hoy es el recordatorio de un pacto roto por el dinero y el orgullo, dejando a Clara Cabello como la guardiana de un recuerdo que el “Pollo Irra” decidió administrar sin ella.

 

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