El presunto operador táctico del Cártel Jalisco Nueva Generación, conocido bajo el alias de Huesos, fue abatido junto a un acompañante durante un enfrentamiento armado con fuerzas de seguridad en las inmediaciones de un motel en Colima

 

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El sicario conocido como Huesos, una figura emblemática dentro del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue abatido en un tiroteo en un motel de Colima a la 1:09 de la madrugada.

Este evento no fue el resultado de un operativo de meses ni de inteligencia satelital, sino de una llamada ciudadana que alertó a las autoridades sobre la presencia de hombres armados.

Huesos, quien cargaba una ametralladora militar capaz de disparar hasta 1000 rondas por minuto, no estaba en ninguna lista de objetivos de la policía.

Esa noche, él venía a ejecutar, no a ser ejecutado, y sin embargo, su vida terminó de manera inesperada en una calle oscura de Colima.

Para comprender la magnitud de lo que ocurrió esa madrugada, es fundamental entender quién era Huesos dentro de la estructura del CJNG.

No era un sicario cualquiera; era el hombre al que se recurría para operaciones críticas, aquellas que requerían precisión y fuerza.

Huesos operaba en el corredor entre Colima y Jalisco, un área donde las dinámicas criminales se entrelazan.

Sin embargo, cometió un error de cálculo: confundió la rutina con la invisibilidad, creyendo que podía operar sin ser observado en una ciudad que conocía bien.

El día anterior a su muerte, las autoridades habían capturado a otro miembro del CJNG, lo que debilitó la estructura del cártel.

A pesar de esto, Huesos salió esa noche, ignorando los riesgos.

Su primer error fue utilizar los mismos vehículos en múltiples operaciones, un Volkswagen Passat y un Ford Econ, que habían sido registrados por el nuevo sistema de vigilancia de Colima.

Su segundo error fue hacer llamadas desde un número de prepago que, aunque creía que era limpio, estaba vinculado a la red del CJNG.

Estas decisiones, combinadas con un pequeño detalle: la tapa del tanque de gasolina de su vehículo que había quedado dañada, lo hicieron fácilmente identificable para las autoridades.

La llamada de emergencia que alertó a la policía fue crucial.

En menos de 70 segundos, las unidades policiales llegaron al motel, un tiempo promedio de respuesta mucho más rápido que el habitual en situaciones similares en México.

La coordinación entre la policía estatal y la infantería de marina ya estaba activa debido a la operación Goya, que había establecido un despliegue permanente en la región.

Mientras Huesos y su célula intentaban huir, la policía ya estaba en camino.

Los primeros disparos comenzaron en medio de un caos controlado.

Huesos y su compañero intentaron escapar en direcciones opuestas, pero el Passat, debido a su daño, se convirtió en un objetivo visible para las autoridades.

Huesos descendió del vehículo disparando, pero el desenlace fue fatal.

La FN Minimi, un arma de uso exclusivo de las fuerzas armadas que uno de los hombres portaba, se trabó, lo que permitió a las fuerzas de seguridad avanzar y neutralizar a ambos ocupantes del Passat.

La identificación de Huesos en el lugar fue un golpe significativo para las autoridades.

Encontraron no solo un arsenal de armas, sino también dos teléfonos celulares que contenían información vital sobre la estructura del CJNG.

Estos dispositivos podrían ofrecer más datos sobre el cártel que cualquier arma recuperada esa noche.

A través de estos teléfonos, los analistas podrían rastrear la red de relaciones y jerarquías dentro del cártel.

El operativo Goya, diseñado para desmantelar células generadoras de violencia, se intensificó tras la muerte de Huesos.

Las declaraciones del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Fabián Ricardo Gómez Calcanio, reflejaron un compromiso firme en continuar con la estrategia de neutralización de objetivos prioritarios en la región.

La muerte de Huesos no solo significó la eliminación de un sicario letal, sino también la apertura de un nuevo capítulo en la lucha contra el crimen organizado en México.

La historia de Huesos no solo es la de un sicario abatido, sino la de cómo una serie de errores y un pequeño descuido llevaron a su caída.

En el contexto de la violencia organizada en México, este caso ilustra la vulnerabilidad del crimen frente a la inteligencia y la coordinación efectiva de las autoridades.

La pregunta que queda es qué sucederá con los cuatro miembros de su célula que escaparon esa noche y qué información podrían tener sobre el futuro del CJNG en la región.