Una operación de inteligencia militar de la Sedena en el poblado de El Guasimal concluyó con la neutralización de seis civiles armados tras veintiún días de monitoreo táctico a una frecuencia de radio UHF utilizada por la delincuencia organizada

 

 

La madrugada del operativo en la sindicatura de Tepuche, al norte del municipio de Culiacán, marcó un punto de inflexión en las estrategias de despliegue táctico de las fuerzas federales en el estado de Sinaloa.

Bajo la coordinación directa de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por Omar García Harfuch, y en colaboración estrecha con la Secretaría de la Defensa Nacional, se ejecutó una operación de intercepción quirúrgica en el poblado de El Guasimal.

Este enfrentamiento, que concluyó con la neutralización de seis presuntos integrantes de una estructura delincuencial armada, no fue el resultado de un patrullaje fortuito ni de una respuesta reactiva ante un ataque en carretera, sino la culminación de veintiún días de planeación, rastreo digital y análisis de espectro radioeléctrico que permitieron anticipar con precisión matemática los movimientos logísticos de la organización criminal.

El origen del quiebre operativo se remonta a semanas previas, cuando los analistas de inteligencia militar detectaron una migración tecnológica crítica en los sistemas de comunicación de la facción delictiva local.

Con el objetivo de evadir la triangulación satelital y el rastreo de metadatos de los teléfonos celulares, los operadores logísticos de la estructura, bajo las órdenes de un coordinador financiero y operativo conocido en los archivos de seguridad como “El Contador”, ordenaron concentrar todas las transmisiones en frecuencias de radio UHF.

El error estratégico radicó en el uso continuo de la frecuencia de los 462,550 MHz, carente de sistemas de rotación de canales o cifrado digital avanzado.

Este canal seguro de comunicación llevaba siendo monitoreado de manera pasiva por la inteligencia de la Sedena desde el mes de agosto, lo que permitió trazar patrones de conducta, identificar puntos de reunión, horarios recurrentes y la cadena de mando empleada para el traslado de recursos y armamento.

 

 

 

Cuatro días antes del despliegue en El Guasimal, la alerta operativa escaló a su nivel máximo tras documentarse la concentración de seis hombres y tres camionetas pick-up en una propiedad residencial ubicada en la colonia Santa Natalia, en Villa Juárez, Navolato.

Un vehículo aéreo no tripulado de ala fija de las fuerzas federales registró las firmas térmicas de las unidades y de los sospechosos, confirmando la preparación de un traslado inminente de material estratégico hacia la zona norte de Culiacán.

El mando operativo en tierra estructuró un cerco perimetral dividiendo sus fuerzas en tres posiciones de fuego interconectadas: la posición norte para bloquear el acceso principal desde la vía pavimentada, la posición sur cubriendo las rutas de escape rurales hacia el monte bajo, y la posición centro-oeste con línea de tiro directa sobre el área abierta del poblado.

El despliegue terrestre fue respaldado desde una altitud de 3,000 metros por un helicóptero Sikorsky UH-60 Black Hawk equipado con sistemas de visión nocturna e infrarroja, encargado de mapear el terreno en tiempo real y asegurar que el área estuviera libre de civiles no combatientes.

La madrugada del enfrentamiento, a las 04:20 horas, un operador de la banda identificado como César reportó por la frecuencia UHF un movimiento vehicular inusual en los accesos de la sindicatura, sugiriendo adelantar la marcha treinta minutos para eludir posibles retenes institucionales.

Esta decisión, aprobada por el mando criminal, aceleró el ingreso del convoy directamente a la zona de exclusión armada de El Guasimal a las 04:52 horas.

 

 

 

Los primeros minutos del intercambio de disparos se caracterizaron por el desconcierto del grupo armado, que abrió fuego hacia la penumbra sin identificar las posiciones fortificadas de la infantería del ejército.

Mientras el vehículo de punta quedaba inmovilizado por los impactos frontales, la unidad trasera intentó virar hacia el monte, encontrando la contención de la posición centro-oeste a 120 metros de distancia.

Desde el aire, el Black Hawk descendió dinámicamente a 400 metros para coordinar los flancos de tierra, transmitiendo las coordenadas exactas de cada repliegue táctico de los sospechosos.

A las 05:09 horas, tras la reducción física del último tirador parapetado, identificado como Paul Yadran, originario de Rosarito, Baja California, el mando militar decretó el alto al fuego oficial, confirmando la neutralización de los seis civiles armados y reportando cero bajas dentro del personal federal.

El procesamiento de la escena por parte de los peritos de la Fiscalía General de la República reveló detalles significativos sobre las capacidades de la organización.

En las camionetas aseguradas se inventariaron fusiles automáticos calibre 7,62 mm, lanzagranadas adaptados, chalecos tácticos con placas balísticas de nivel cuatro y abundante munición de alta capacidad.

No obstante, el hallazgo de mayor relevancia estratégica consistió en diecisiete paquetes sellados con cinta negra localizados en la cajuela de una de las camionetas.

Lejos de contener sustancias ilícitas tradicionales, el cargamento estaba compuesto por carpetas detalladas, mapas geográficos de distribución, listas de nóminas operativas y asignación de frecuencias de radio para las zonas de Tepuche, Navolato, Villa Juárez y El Dorado.

Los documentos incluían anotaciones manuscritas dirigidas expresamente a la confirmación de entregas con los mandos superiores de la estructura.

 

 

 

El análisis posterior de la documentación incautada expone el entramado de reclutamiento que sostiene a las células operativas en la región.

Entre las pertenencias recuperadas se encontraba una mochila escolar con la identificación de un joven de veinte años, estudiante de bachillerato de la localidad de Las Cañitas, Villa Juárez, cuya trayectoria vital concluyó en el interior del convoy interceptado.

Este hallazgo ilustra los mecanismos de captación de mano de obra joven en comunidades agrícolas y zonas suburbanas bajo la promesa de ingresos rápidos dentro de la estructura de seguridad del cártel.

Los documentos decomisados arrojaron asimismo una serie de coordenadas geográficas específicas marcadas con un círculo rojo, correspondientes a un punto de entrega programado para fechas posteriores al operativo, lo que mantiene activas las investigaciones de campo en el corredor que conecta Tepuche con el casco urbano de Culiacán.

El pronunciamiento oficial emitido horas después por el secretario García Harfuch caracterizó el evento bajo el concepto estricto de “operativo de inteligencia”, enfatizando la legitimidad del uso de la fuerza y la proporcionalidad de la respuesta ante la agresión armada inicial.

Esta declaración técnica subraya el viraje de la política de seguridad federal hacia la desarticulación de nodos logísticos y el acopio de material de valor informativo, priorizando la neutralización de los canales de comunicación y las finanzas de los mandos intermedios sobre el patrullaje meramente disuasorio.

El golpe asestado en El Guasimal despoja a la organización del anonimato operativo en sus rutas del norte del estado, dejando al descubierto una red informativa cuya vigencia tecnológica ha quedado completamente comprometida frente a los sistemas de interceptación del Estado.