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La Vida de Sara Aldrete “La Narcosatánica”: 37 Años en Prisión

Sara Aldrete, conocida históricamente como “La Narcosatánica”, cumple actualmente una condena reducida a 50 años de prisión en el penal de Tepepan tras ser vinculada en 1989 al culto criminal de Adolfo de Jesús Constanzo y al hallazgo de restos humanos en el rancho Santa Elena

 

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Sara Aldrete, conocida como “La Narcosatánica”, lleva 37 años en prisión por uno de los casos criminales más impactantes de la historia de México.

A sus 61 años, Sara vive una rutina muy distinta a la que imaginó cuando era estudiante universitaria.

Hoy cuida 32 gatos dentro de prisión, enfrenta problemas de salud como diabetes y una enfermedad de la tiroides, y continúa cumpliendo una condena que podría mantenerla encerrada hasta los 76 años.

La historia de Sara comienza en Matamoros, Tamaulipas, donde nació el 6 de septiembre de 1964.

Era una joven brillante, alta, rubia, con una beca y dos idiomas.

A los 23 años, era el tipo de persona que todos admiraban.

Sin embargo, su vida dio un giro drástico cuando conoció a Adolfo de Jesús Constanzo, un líder de un culto que combinaba prácticas de Palo Mayombe con narcotráfico.

Su integración al grupo fue gradual, y pronto se convirtió en la “madrina”, la segunda figura de autoridad del culto.

El grupo operaba en dos niveles: como un culto con rituales y como un brazo armado de una organización de narcotráfico.

Las autoridades descubrieron que en el rancho Santa Elena, donde realizaban sus rituales, fueron asesinadas al menos 13 personas de manera ritualizada.

Sara fue condenada por homicidio, inhumación, exhumación y profanación de cadáveres, aunque ella siempre ha insistido en que no participó directamente en los homicidios.

 

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El caso de Sara atrajo la atención mediática cuando Mark Kilroy, un estudiante estadounidense, desapareció en Matamoros en 1989.

Su desaparición llevó a las autoridades a investigar el rancho Santa Elena, donde encontraron evidencias forenses que vincularon a Sara y a otros miembros del culto con el crimen.

Sara fue arrestada el 6 de mayo de 1989, y desde entonces su vida ha sido una condena.

En sus primeras horas de detención, Sara fue presentada ante los medios, donde la apodaron “la narcosatánica”.

A lo largo de los años, ha denunciado haber sido sometida a presiones físicas y psicológicas por parte de las autoridades para que firmara declaraciones.

En su libro autobiográfico, “Medicen la narcosatánica”, publicado años después de su ingreso al sistema, relata sus experiencias y las agresiones que sufrió.

Sara fue condenada a 62 años de prisión, cifra que fue reducida a 50 años en 1995.

Desde entonces, ha pasado por varios penales, incluyendo el reclusorio preventivo femenil Oriente y el Centro Femenil de Readaptación Social de Santa Marta Acatitla.

En 2011, fue trasladada sin previo aviso a un penal en Mexicali, lo que su familia denunció como un riesgo para su salud debido a sus enfermedades crónicas.

 

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Hoy, en el penal de Tepepan, Sara ha construido una rutina que incluye cuidar de sus gatos y participar en talleres de costura.

En diciembre de 2024, una diputada que visitó el penal describió a Sara como una mujer que cuida a sus gatos con dedicación y que cose ropa interior para dama como parte de su trabajo.

A pesar de sus problemas de salud, Sara se mantiene activa y busca maneras de sobrellevar su vida tras las rejas.

La vida de Sara Aldrete es un testimonio de cómo una persona puede adaptarse a un entorno extremo.

Sin embargo, a medida que se acerca el año 2040, la posibilidad de su libertad sigue siendo incierta.

Sara ha solicitado salir bajo un mecanismo de vigilancia externa, pero su solicitud fue rechazada.

Si no obtiene beneficios adicionales, saldrá en 2040 con 76 años, habiendo pasado 51 años en prisión.

El caso de Sara Aldrete continúa generando debate y controversia en la sociedad mexicana.

Su historia es un recordatorio de las complejidades del sistema penitenciario y las realidades que enfrentan quienes han pasado décadas tras las rejas.

La vida de Sara, que hoy cuida 32 gatos y enfrenta enfermedades crónicas, es un reflejo de la lucha por la supervivencia en un entorno que ha definido gran parte de su existencia.

 

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