Cinco elementos de la Guardia Civil de Michoacán murieron y cinco más resultaron heridos tras ser sorprendidos y emboscados por un comando armado presuntamente ligado al Cártel Jalisco Nueva Generación en la comunidad de la Mojonera

 

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El 10 de junio de 2026, un violento ataque en la carretera Nahuatzen-Cherán, Michoacán, dejó un saldo devastador: cinco elementos de la Guardia Civil perdieron la vida y cinco más resultaron gravemente heridos tras ser emboscados por un comando armado presuntamente vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Este ataque, que se produjo en un contexto de creciente violencia en la región, ha desatado una serie de reacciones por parte de las autoridades estatales y federales, quienes han prometido investigar a fondo el incidente y reforzar la seguridad en la zona.

El ataque se produjo cuando los agentes de la Guardia Civil realizaban patrullajes de vigilancia y fueron sorprendidos por los agresores.

En desgarradores audios de emergencia, se escuchó a los uniformados pidiendo apoyo, señalando que habían sido emboscados mientras se dirigían hacia La Mojonera.

La gravedad de la situación llevó a las fuerzas armadas a desplegar un operativo de respuesta masiva, que incluyó tanto el apoyo del Ejército Mexicano como de la Guardia Nacional.

 

5 elementos de la Guardia Civil murieron y otros 5 resultaron heridos en  una emboscada criminal en La Mojonera, Michoacán.

 

Las imágenes que surgieron tras el ataque mostraron patrullas oficiales con múltiples impactos de bala, lo que evidenció la brutalidad del enfrentamiento.

La Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán confirmó las identidades de los cinco policías caídos: Porfirio Rodríguez Briseño, Brandon Josué Zamora Torres, Francisco Javier Otero Damas, Jonathan Mondragón Servín y Mateo Valdés Barca.

En respuesta a la emboscada, el gobernador Alfredo Ramírez Bedoya y el secretario de Seguridad Federal, Omar García Harfuch, acordaron un despliegue de seguridad en la región para localizar a los responsables del ataque.

Este trágico suceso se suma a una serie de episodios de violencia en Michoacán, donde distintas células criminales han mantenido disputas abiertas por el control territorial.

La región ha sido testigo de un aumento en la actividad delictiva, lo que ha llevado a las autoridades a intensificar sus esfuerzos para contener el avance de los grupos armados.

En otro evento relacionado, el 10 de junio también se registró la ejecución de Jesús Omar Ibarra Félix, conocido como “El Chuta”, un líder de las “Fuerzas Especiales Chuta”, un brazo armado vinculado a “La Chapiza”.

Su cuerpo fue encontrado en la sindicatura de Charay, en El Fuerte, Sinaloa, con evidencias de tortura e impactos de bala.

“El Chuta” era un objetivo prioritario internacional buscado por el gobierno de Estados Unidos por tráfico de fentanilo y metanfetaminas.

Su muerte ha desatado especulaciones sobre un posible ajuste de cuentas interno, ya que se rumorea que intentó traicionar a su facción para aliarse con Fausto Isidro Meza Flores, alias “El Chapo Isidro”.

 

5 elementos de la Guardia Civil murieron y otros 5 resultaron heridos en  una emboscada criminal en La Mojonera, Michoacán.

 

La captura y muerte de estos líderes criminales resaltan la complejidad de la guerra entre cárteles en México y la lucha constante de las autoridades por recuperar el control en regiones donde el crimen organizado ha arraigado profundamente.

Las fuerzas de seguridad continúan operando en Michoacán y Sinaloa, buscando desmantelar las estructuras criminales que amenazan la seguridad de la población.

Ambos eventos reflejan la situación crítica que enfrenta México en su lucha contra el narcotráfico y la violencia asociada.

La emboscada en Michoacán y la ejecución de “El Chuta” son solo ejemplos de cómo la guerra entre cárteles y las infiltraciones en las fuerzas de seguridad han llevado a un aumento en la violencia y la inseguridad en el país.

La respuesta del gobierno ha sido firme, con un compromiso de investigar a fondo estos incidentes y reforzar las operaciones de seguridad en las áreas afectadas.

Sin embargo, el camino hacia la paz y la seguridad en México es largo y complicado, y la población sigue enfrentando el impacto de esta guerra, con la esperanza de que las medidas implementadas logren restaurar la tranquilidad en sus comunidades.

 

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