Estados Unidos e Israel ejecutaron una serie de bombardeos coordinados contra instalaciones subterráneas en Irán utilizando bombarderos B-2 y municiones penetrantes de gran potencia

 

thumbnail

 

Una serie de ataques aéreos de gran escala ejecutados por Estados Unidos e Israel ha impactado de forma simultánea instalaciones estratégicas en territorio iraní, en lo que fuentes militares describen como una operación sostenida contra la infraestructura nuclear y de misiles del país.

Los bombardeos, realizados durante varias semanas entre marzo de 2026, habrían afectado complejos subterráneos altamente fortificados, provocando colapsos internos, explosiones secundarias de gran magnitud y la paralización de múltiples instalaciones críticas.

Según los reportes operativos, el bombardero furtivo B-2 Spirit despegó desde la base de Whiteman en Missouri y realizó vuelos de larga duración de hasta 18 horas para alcanzar objetivos en Irán.

La misión incluyó el uso de bombas penetrantes de gran capacidad, entre ellas las GBU-57 de aproximadamente 14 toneladas, diseñadas para alcanzar estructuras subterráneas profundamente reforzadas con hormigón y roca.

Estas municiones habrían sido lanzadas sobre instalaciones donde se encuentran sistemas de centrifugación y producción nuclear.

En paralelo, la fuerza aérea israelí habría participado en la fase inicial de la operación, atacando accesos y salas subterráneas con municiones de precisión, debilitando la estructura externa de los complejos antes de los impactos más profundos ejecutados posteriormente.

De acuerdo con la secuencia de los ataques, las primeras incursiones se centraron en entradas, túneles de acceso y sistemas de ventilación, con el objetivo de aislar las instalaciones subterráneas.

El complejo más mencionado en los reportes es una instalación de enriquecimiento nuclear situada a decenas de metros bajo tierra, protegida por capas de hormigón armado y diseñada para albergar miles de centrifugadoras.

Las estructuras de superficie, según la descripción técnica, incluyen edificios administrativos y áreas logísticas con capacidad para gran número de personal, mientras que la infraestructura subterránea estaría distribuida en cámaras selladas y túneles interconectados.

 

Cronología visual del ataque de Israel y la respuesta de Irán

 

Durante una de las fases más intensas de la operación, el 21 de marzo de 2026, nuevas bombas penetrantes habrían sido lanzadas con el objetivo de alcanzar niveles aún más profundos dentro del complejo.

Este ataque no se limitó a las entradas, sino que buscó destruir sistemas internos esenciales como ventilación, suministro eléctrico y refrigeración, elementos críticos para el funcionamiento de las centrifugadoras.

Un análisis técnico citado en los reportes indica que estos sistemas generan calor extremo durante su operación, por lo que cualquier fallo en la ventilación puede provocar daños estructurales en los equipos.

La pérdida de estos sistemas habría incrementado el colapso operativo del complejo subterráneo.

Dentro de las instalaciones afectadas se encontraban supuestamente materiales sensibles, incluidos compuestos de uranio enriquecido y líneas de producción de misiles.

Se mencionan depósitos con cientos de unidades listas para ensamblaje, así como combustible sólido almacenado en grandes cantidades.

Las explosiones secundarias observadas tras los impactos habrían sido interpretadas como resultado de la detonación en cadena de estos materiales.

En uno de los puntos más críticos de la operación, se describe la situación dentro de los túneles tras el colapso de las entradas.

La interrupción total del suministro eléctrico y la ventilación habría dejado a parte del personal técnico atrapado en estructuras subterráneas selladas, con acceso limitado a comunicación exterior.

Se señala además el riesgo asociado a la presencia de compuestos químicos utilizados en el procesamiento nuclear, que en espacios cerrados pueden generar gases altamente tóxicos al entrar en contacto con humedad.

 

image

 

La operación también habría alcanzado otras instalaciones estratégicas fuera del complejo principal.

Entre ellas, centros de producción de misiles, almacenes de municiones y bases militares en el sur del país.

En varias de estas ubicaciones se reportaron explosiones de gran intensidad y columnas de fuego visibles durante varios minutos, lo que sugiere la presencia de grandes volúmenes de material explosivo almacenado.

En la región de Isfahán, considerada uno de los centros clave del programa nuclear y de misiles iraní, los ataques habrían afectado una red subterránea de túneles que se extiende a gran profundidad dentro de áreas montañosas.

Estas instalaciones incluirían plantas de conversión de uranio, unidades de producción de combustible y centros de ensamblaje de misiles balísticos.

Algunas estimaciones técnicas mencionan la posible presencia de cientos de kilogramos de uranio enriquecido almacenado en la zona.

Las fuerzas participantes habrían utilizado una combinación de guerra electrónica, bombardeo aéreo y ataques de precisión para neutralizar sistemas de defensa aérea antes de lanzar las bombas penetrantes.

Los sistemas de radar en varias áreas habrían sido desactivados previamente, permitiendo el acceso de aeronaves furtivas sin detección inmediata.

Durante la operación, también se habrían empleado bombas de menor calibre para destruir accesos secundarios, mientras las unidades más pesadas se enfocaban en penetrar capas profundas de roca y hormigón.

El impacto de estas municiones generó ondas de presión internas que, según los informes, amplificaron las explosiones dentro de los túneles debido a la naturaleza cerrada de las estructuras subterráneas.

 

image

 

Las consecuencias estructurales incluyeron el colapso de túneles, incendios internos y la inutilización de sistemas logísticos esenciales.

En varios puntos, las instalaciones habrían quedado completamente inaccesibles tras el bloqueo de entradas principales y la destrucción de rutas de evacuación.

Fuentes operativas señalan que los ataques no se limitaron a un solo objetivo, sino que formaron parte de una campaña coordinada contra múltiples instalaciones distribuidas en distintas regiones del país.

Entre ellas se incluyen bases de misiles, centros de investigación militar y complejos industriales vinculados a la producción de armamento.

En medio de la operación, declaraciones atribuidas a autoridades políticas subrayan la importancia estratégica de los objetivos atacados, señalando que la infraestructura afectada estaría directamente vinculada a la capacidad de desarrollo de armamento avanzado.

Sin embargo, no se han presentado datos oficiales completos sobre el alcance total de los daños.

 

image

 

La situación permanece en desarrollo, mientras continúan las evaluaciones sobre el impacto real en la infraestructura subterránea y la capacidad operativa de las instalaciones afectadas.