Tres cazas F-4 Phantom iraníes despegaron simultáneamente desde tres provincias distintas para ejecutar un ataque coordinado contra el portaaviones USS Abraham Lincoln desde el norte, el este y el oeste en una ventana de apenas cuatro minutos

En una de las operaciones aéreas más tensas y arriesgadas registradas durante el conflicto naval en el Golfo Pérsico, Irán lanzó un ataque coordinado contra el portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln utilizando tres cazas F-4 Phantom procedentes de distintas bases aéreas.
La misión fue diseñada como una operación simultánea desde tres direcciones diferentes con el objetivo de saturar las defensas aéreas del grupo de combate estadounidense y permitir que al menos uno de los aviones pudiera acercarse lo suficiente al portaaviones como para provocar daños o, al menos, generar una imagen de impacto visible para el mundo.
Los tres aparatos despegaron prácticamente al mismo tiempo desde diferentes provincias iraníes.
Cada avión transportaba entre 600 y 900 kilogramos de explosivos y estaba pilotado por aviadores que conocían de antemano las probabilidades extremadamente reducidas de supervivencia.
El plan iraní había sido concebido después del fracaso de un ataque individual realizado 48 horas antes por otro piloto iraní, cuya aeronave fue detectada e interceptada con facilidad por la aviación estadounidense mucho antes de acercarse al objetivo.
En aquella operación anterior, las defensas del grupo naval detectaron al atacante a casi 200 kilómetros de distancia y enviaron dos cazas F/A-18 Super Hornet para neutralizarlo sin dificultades.
La experiencia dejó en evidencia que un único avión enfrentándose a varias capas de defensa aérea prácticamente no tenía posibilidades reales de alcanzar al portaaviones.
Por ese motivo, el nuevo plan apostó por una aproximación diferente: tres ataques simultáneos desde el norte, el este y el oeste, ejecutados dentro de una ventana de apenas cuatro minutos.

El objetivo táctico no consistía necesariamente en impactar directamente contra el portaaviones.
Según los cálculos iraníes, bastaba con que uno de los F-4 lograra aproximarse lo suficiente antes de ser destruido para que los restos de la aeronave o la explosión pudieran alcanzar el casco del buque.
Un daño visible, aunque fuese limitado, tendría un enorme valor propagandístico y simbólico.
El desafío para la defensa estadounidense no era la calidad tecnológica de los F-4 Phantom, aviones antiguos con una gran firma radar y claramente inferiores a los modernos Super Hornet estadounidenses.
El verdadero problema residía en la necesidad de dividir la patrulla aérea de combate en tres sectores distintos al mismo tiempo.
El portaaviones mantenía habitualmente entre cuatro y seis F/A-18 en patrulla alrededor del grupo naval, preparados para responder ante amenazas aéreas.
Sin embargo, una ofensiva simultánea desde tres direcciones obligaba a repartir esos recursos en tres interceptaciones separadas.
Irán calculó que el avión asignado al vector oeste tendría mayores probabilidades de acercarse al portaaviones.
Ese aparato volaría a muy baja altitud sobre el mar, dificultando su detección y seguimiento por radar.
Además, sería el más rápido de los tres.
A las 5:44 de la mañana, los radares del grupo naval detectaron tres contactos aéreos casi de forma simultánea.
El primer F-4 apareció al norte a unos 188 kilómetros de distancia, volando a 400 metros de altitud y a aproximadamente 670 kilómetros por hora.
El segundo fue detectado al este, a unos 350 metros de altura y una velocidad cercana a los 640 kilómetros por hora.
El tercero apareció al oeste a unos 176 kilómetros del portaaviones, pero volando apenas a 80 metros sobre el agua y a más de 700 kilómetros por hora.

La sala táctica del portaaviones reaccionó inmediatamente.
En apenas segundos se ordenó dividir la patrulla aérea: dos Super Hornet fueron enviados hacia cada uno de los tres contactos.
Los cazas estadounidenses aceleraron para interceptar a los aviones iraníes antes de que pudieran acercarse demasiado al grupo naval.
El primer enfrentamiento ocurrió en el sector norte.
A las 5:51, los Super Hornet estadounidenses alcanzaron posición de combate frente al F-4 iraní.
Tras emitir advertencias por los canales de emergencia, el piloto respondió brevemente antes de continuar su aproximación.
Un misil AIM-120 AMRAAM fue lanzado segundos después.
El avión iraní fue destruido a unos 88 kilómetros del portaaviones.
Pocos minutos más tarde se produjo la segunda interceptación.
Los dos Super Hornet asignados al sector este localizaron al segundo F-4 a más de 100 kilómetros del portaaviones.
El piloto iraní no respondió a las advertencias ni alteró su trayectoria.
Otro misil AIM-120 fue disparado y el aparato quedó destruido poco después, cayendo al mar a casi 100 kilómetros del objetivo.
Mientras tanto, el tercer piloto continuaba avanzando desde el oeste.
Aprovechando los momentos de máxima tensión generados por las otras dos interceptaciones, descendió todavía más, reduciendo su altitud hasta unos 40 metros sobre la superficie del mar y aumentando la velocidad a unos 740 kilómetros por hora.
Su perfil de vuelo extremadamente bajo complicó la detección constante por radar y retrasó parcialmente la respuesta defensiva.
A las 5:54, el tercer F-4 ya se encontraba a unos 61 kilómetros del portaaviones.
Los dos Super Hornet enviados hacia ese sector habían partido desde una posición más alejada debido al retraso en la localización del contacto.
El cálculo era crítico: si el F-4 mantenía su velocidad, podría entrar dentro del perímetro de 20 kilómetros del portaaviones antes de ser interceptado.
Los cazas estadounidenses aceleraron al máximo utilizando postcombustión para cerrar rápidamente la distancia.
Finalmente, uno de los Super Hornet logró obtener solución de disparo y lanzó un misil AIM-120 cuando el F-4 iraní se encontraba aproximadamente a 34 kilómetros del portaaviones.
El misil impactó segundos después, pero la destrucción no fue inmediata.
La detonación dañó gravemente el avión iraní, destruyendo uno de sus motores y afectando el sistema hidráulico de control.
A pesar de ello, el F-4 continuó avanzando de forma inestable durante varios segundos más.
El aparato iraní recorrió todavía más de un kilómetro antes de perder completamente el control y precipitarse contra el mar.
La explosión generó una enorme bola de fuego visible desde el puente del portaaviones estadounidense.
El avión cayó finalmente a unos 22 kilómetros del USS Abraham Lincoln, convirtiéndose en el aparato iraní que más cerca logró aproximarse al grupo naval durante toda la operación.

El enfrentamiento completo duró aproximadamente trece minutos desde la detección inicial hasta la caída del último avión.
Las fuerzas estadounidenses informaron posteriormente que los tres contactos aéreos hostiles habían sido neutralizados utilizando tres misiles AIM-120 AMRAAM, sin que el portaaviones sufriera daños ni se registraran heridos entre la tripulación.
Horas después del ataque, comenzaron a difundirse grabaciones realizadas por los tres pilotos iraníes antes de despegar.
Los vídeos mostraban mensajes personales y despedidas dirigidas a sus familias y al pueblo iraní.
En muy poco tiempo las imágenes alcanzaron una enorme difusión internacional y se convirtieron en uno de los episodios más comentados del conflicto.
El piloto del sector norte tenía 38 años y era padre de cuatro hijos.
El aviador asignado al ataque desde el este era un veterano instructor de vuelo de 51 años.
El tercer piloto, que logró aproximarse hasta 22 kilómetros del portaaviones, tenía 29 años y había dejado una carta de despedida para su madre antes de iniciar la misión.
Aunque el ataque no consiguió causar daños materiales al USS Abraham Lincoln ni alterar el bloqueo naval en el Golfo Pérsico, la operación fue considerada uno de los intentos más complejos de penetración aérea contra un grupo de combate estadounidense en toda la crisis regional.
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