Despliegue militar en Sinaloa refuerza la vigilancia sobre el gobernador Rubén Rocha Moya tras acusaciones internacionales que lo vinculan con el entorno del Cártel de Sinaloa

 

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Un amplio despliegue de fuerzas federales en Sinaloa ha colocado bajo intensa vigilancia al gobernador Rubén Rocha Moya, en medio de una serie de acusaciones internacionales que lo vinculan con presuntos acuerdos con el crimen organizado.

Elementos de la Marina, el Ejército y la Guardia Nacional han reforzado la seguridad en instalaciones gubernamentales clave, incluyendo el Palacio de Gobierno estatal, donde se han establecido controles armados en accesos principales y áreas internas.

La medida se activó tras la difusión de señalamientos provenientes del Departamento de Justicia de Estados Unidos, que involucran al mandatario y a otros funcionarios en una supuesta red de colaboración con una facción del Cártel de Sinaloa.

De acuerdo con la información difundida, el operativo de vigilancia se intensificó inmediatamente después de que se conocieran las acusaciones internacionales.

Las fuerzas navales fueron desplegadas en puntos estratégicos del recinto gubernamental, coincidiendo con la agenda oficial del mandatario estatal, quien había participado previamente en un evento público.

La presencia militar se mantuvo tanto en el exterior como en el interior del edificio, en contraste con actividades programadas en la zona, lo que evidenció un cambio significativo en el esquema de seguridad habitual.

En el ámbito federal, la presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que la estrategia de seguridad en Sinaloa continúa bajo la coordinación de instituciones nacionales como la Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional y la Fiscalía General de la República.

Desde 2024, el estado ha mantenido una fuerte presencia militar debido al incremento de la violencia derivada de disputas internas dentro del crimen organizado, particularmente tras la fractura entre distintas facciones del Cártel de Sinaloa.

Este contexto ha provocado un aumento en los índices de homicidios, desapariciones y enfrentamientos en diversas regiones del estado.

 

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La intervención federal ha implicado una reconfiguración en el control de la seguridad estatal, incluyendo la designación de mandos militares en puestos estratégicos.

En este proceso, el gobernador ha perdido capacidad de decisión directa en materia de seguridad pública, función que ha sido transferida en gran medida a autoridades federales.

Actualmente, la Secretaría de Seguridad Pública estatal se encuentra bajo la dirección de un general en activo, designado por recomendación del gobierno federal.

Las acusaciones provenientes de Estados Unidos señalan que, antes de las elecciones de 2021, el entonces candidato habría sostenido encuentros con integrantes de una facción criminal conocida como “Los Chapitos”, presuntamente para obtener respaldo político a cambio de facilitar influencias en instituciones de seguridad y justicia.

El expediente también incluye a otros nombres de funcionarios y exfuncionarios estatales, a quienes se les atribuyen presuntos vínculos con operaciones ilícitas, pagos irregulares y protección de actividades delictivas.

Entre los señalados aparecen antiguos responsables de seguridad pública, mandos policiales y autoridades municipales, quienes habrían participado en distintas etapas de la estructura de control territorial del crimen organizado, según la investigación extranjera.

Las acusaciones incluyen supuestos actos de intimidación a opositores políticos, manipulación de procesos electorales y robo de material electoral en distintos municipios del estado durante contiendas pasadas.

 

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En respuesta a estas imputaciones, distintos actores políticos han solicitado que se presenten pruebas formales antes de iniciar cualquier procedimiento judicial.

La Fiscalía General de la República informó que abrirá una investigación para determinar la veracidad de los señalamientos y analizar si existen elementos suficientes para proceder conforme al marco legal mexicano.

Al mismo tiempo, la institución ha subrayado la necesidad de respetar la soberanía nacional y el debido proceso en cualquier cooperación internacional.

La postura del gobierno federal ha sido cautelosa, insistiendo en que cualquier acción legal debe basarse en evidencia verificable.

La presidenta Sheinbaum ha señalado que, en caso de existir pruebas contundentes, se procederá conforme a derecho sin protección a ninguna persona involucrada.

Sin embargo, también ha advertido que, si las acusaciones carecen de sustento, podrían interpretarse como parte de un contexto político o de presión internacional.

El debate ha escalado en el ámbito diplomático, luego de que autoridades estadounidenses hicieran públicas las acusaciones poco después de haberlas comunicado oficialmente al gobierno mexicano.

Este hecho generó cuestionamientos sobre los tiempos y formas de difusión del caso, así como sobre la posible influencia en la agenda política interna del país.

En paralelo, distintos medios internacionales han señalado que el caso podría generar tensiones entre ambos gobiernos debido a la sensibilidad del tema en materia de seguridad y cooperación bilateral.

 

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En el plano local, la situación ha generado reacciones divididas.

Mientras algunos sectores políticos han expresado respaldo institucional al gobernador, otros han optado por evitar pronunciamientos directos, limitándose a solicitar que el proceso avance conforme a la ley.

La dirigencia nacional de partidos políticos ha insistido en la necesidad de mantener la estabilidad institucional y evitar juicios anticipados.

El gobernador Rocha Moya ha negado públicamente las acusaciones en su contra y ha afirmado que continuará en el cargo mientras se desarrollan las investigaciones correspondientes.

Ha señalado que no existe notificación formal de procesos de extradición en su contra y ha reiterado su disposición a colaborar con cualquier autoridad competente.

En declaraciones recientes, también ha afirmado que el caso forma parte de un contexto político que debe ser aclarado mediante pruebas.

Mientras tanto, el operativo de seguridad en Sinaloa se mantiene activo, con presencia constante de fuerzas federales en puntos estratégicos del estado.

Las autoridades continúan monitoreando la situación en un entorno marcado por la tensión política, judicial y diplomática.

El proceso de investigación sigue abierto, tanto en México como en el extranjero, mientras se espera la definición de posibles acciones legales en torno a las acusaciones presentadas.

 

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