El cómico peruano Frejol Jr rompió su silencio para responder a quienes lo califican de desagradecido tras su abrupta salida del programa La Casa de la Comedia

 

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El complejo y competitivo ecosistema del humor popular en el Perú se encuentra nuevamente en el centro de una encendida polémica mediática tras las recientes declaraciones del reconocido comediante Frejol Jr.

El artista decidió romper un prolongado silencio para responder con vehemencia a las duras críticas emitidas por varios de sus colegas del gremio, quienes públicamente lo tildaron de “malagradecido” y “crecido” tras confirmarse el cese de sus actividades en el sintonizado programa digital La Casa de la Comedia.

Lejos de eludir la confrontación o recurrir a discursos diplomáticos, el humorista utilizó una transmisión en vivo para detallar los pormenores de su desvinculación laboral, defendiendo el valor de su trayectoria artística construida en las plazas públicas y rechazando tajantemente la narrativa que pretende atribuirle el éxito de su carrera a la referida plataforma de entretenimiento.

Los hechos que desencadenaron la ruptura definitiva entre el cómico y la producción del espacio humorístico se remontan a una tensa jornada de grabaciones que comenzó como cualquier otra en los estudios del programa.

Según el detallado testimonio del propio Frejol Jr, al llegar al recinto un día jueves, se topó con un panorama desolador y de absoluta incertidumbre entre sus compañeros de elenco.

El propietario del proyecto ya se encontraba en las instalaciones comunicando la peor de las noticias: el programa no continuaría saliendo al aire debido a complicaciones logísticas y de seguridad, argumentando que la empresa no podía seguir arriesgando la integridad del público asistente.

Sin embargo, la verdadera sorpresa para el artista no fue la cancelación del show, sino la inmediata y agresiva estrategia administrativa que la gerencia desplegó en los pasillos de la productora apenas unos minutos después del anuncio oficial.

 

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Al salir de la oficina principal, los comediantes se encontraron de frente con la asesora legal de la empresa, quien portaba los documentos de renuncia listos para ser suscritos de manera inmediata, una maniobra que buscaba disolver los vínculos contractuales de forma exprés.

Mientras la gran mayoría de sus compañeros accedió a firmar los papeles debido a la premura y la confusión del momento, Frejol Jr tomó la firme determinación de no plasmar su rúbrica en dicho documento.

Ante su negativa, los representantes de la producción intentaron restarle importancia a su postura, recordándole de manera informal que el contrato prácticamente carecía de validez legal debido a supuestas tardanzas previas en las que el humorista habría incurrido.

El trasfondo de esta tensión radicaba en la existencia de un severo contrato original que incluía una penalidad económica que ascendía a los 250,000 soles, además de una serie de condiciones estrictamente unilaterales que finalmente quedaron sin efecto tras declararse la nulidad del vínculo laboral sin necesidad de firmas adicionales.

Frente a la ola de comentarios desatinados que sugerían que el comediante había perdido la humildad, Frejol Jr fue enfático al deslindar su identidad artística del nombre de la empresa productora.

Si bien manifestó un profundo respeto por los tres años de estabilidad laboral que recibió durante su permanencia en el programa, remarcó que existe una diferencia abismal entre agradecer una oportunidad de trabajo y someterse a la falsa premisa de que una marca corporativa fue la creadora de su fama.

El artista recordó con orgullo que mucho antes de pisar un set de grabación moderno, él ya había consolidado un nombre respetable en el difícil circuito del humor callejero peruano, recorriendo gran parte del territorio nacional junto a sus inseparables compañeros Jefferson y Solly, con quienes dio vida al recordado colectivo de Los Chiflados en el emblemático anfiteatro de la Alameda Chabuca Granda.

 

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El sacrificio que precede al reconocimiento masivo fue otro de los pilares con los que el cómico cimentó su defensa frente al escrutinio público.

En su discurso, evocó las duras experiencias vividas durante sus años formativos en la calle, donde aprendió los secretos del oficio gracias a las enseñanzas de su padre y del experimentado Cotito.

El comediante rememoró con crudeza las noches en que le tocó dormir a la intemperie, realizar turnos de madrugada en el pavimento y trabajar bajo inviernos inclementes y lluvias torrenciales para ganarse el sustento diario y el aplauso del público transeúnte.

Para el humorista, cada sol ganado en las plazas públicas representa un peldaño de un éxito estrictamente personal que ninguna corporación televisiva o digital tiene el derecho de reclamar como propio ni de utilizarlo para exigirle una lealtad desmedida.

La controversia, que amenazaba con escalar hacia los tribunales o prolongarse en una guerra de declaraciones sin fin, parece haber encontrado un punto de tregua definitivo gracias a la intervención del propio representante de La Casa de la Comedia, John Ponce.

Durante la misma transmisión en la que el cómico realizaba sus descargos, el empresario se hizo presente para aclarar que no existían rencores ni disputas legales vigentes entre ambas partes, enviándole buenas vibras al artista y manifestándole un afecto sincero.

Este gesto de conciliación fue bien recibido por Frejol Jr, quien reiteró su estima hacia Ponce y aseguró que su única intención al hablar públicamente era esclarecer la verdad de los hechos para evitar que se siguiera dañando su reputación, cerrando así un capítulo turbulento y dejando en claro que en el mundo del arte popular, la verdadera vigencia no se firma en una oficina, sino que se defiende con el talento demostrado día a día frente al público.

 

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