El presidente Gustavo Petro fue sancionado con 15 salarios mínimos por no retractarse de declaraciones contra el exgerente de la EPS Coosalud

 

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El presidente Gustavo Petro se enfrenta a una nueva controversia judicial tras una decisión de un juez administrativo de Bogotá que le impuso una sanción equivalente a 15 salarios mínimos legales mensuales vigentes, luego de considerar que habría incumplido un fallo de tutela al no retractarse de expresiones en las que calificó de “corrupto” al entonces gerente de la EPS Coosalud, Jaime Miguel González Montaño.

El caso, que vuelve a situar el debate entre libertad de expresión, límites institucionales y denuncias sobre el sistema de salud colombiano, ha generado una fuerte reacción política y mediática en el país.

De acuerdo con lo establecido en la decisión judicial, el mandatario habría persistido en sus señalamientos pese a la orden de rectificación.

El origen del conflicto se remonta a declaraciones públicas en las que Petro vinculó a directivos de la entidad con presuntas irregularidades en el manejo de recursos del sistema de salud.

En su pronunciamiento, el presidente sostuvo que existían elementos suficientes para cuestionar la gestión de la entidad.

“El señor exgerente de Cosalud, señor González, es un corrupto y los miembros de la junta directiva deben ser procesados por la Fiscalía”, afirmó Petro en una de sus intervenciones, insistiendo en que no se retractaría de sus palabras.

 

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En ese mismo contexto, el jefe de Estado defendió la existencia de informes de auditoría que, según él, evidenciarían el uso indebido de recursos públicos.

“La auditoría forense demostró que fue garantizado un préstamo a empresas privadas ligadas al gerente por más de 200.

000 millones de pesos con garantía de recursos públicos”, señaló, añadiendo que el Estado habría actuado como respaldo financiero en operaciones cuestionadas.

Petro fue más allá al asegurar: “Pueden arruinarme con multas y cárcel, pero no me callaré ante el robo de la salud”.

La sanción judicial ha reactivado el debate político en torno a la reforma del sistema de salud, uno de los proyectos estructurales del Gobierno.

Desde el Ejecutivo se ha insistido en que existen fallas graves en el manejo de recursos por parte de entidades del sector, mientras sectores de oposición han cuestionado tanto las reformas como el tono de las acusaciones presidenciales.

En paralelo a esta controversia, el escenario político colombiano también estuvo marcado por la reaparición mediática del senador Ciro Ramírez, quien concedió una entrevista en la que defendió su permanencia en el Congreso pese a su situación judicial.

Ramírez, vinculado al denominado caso de las “marionetas”, insistió en su inocencia y en la posibilidad de revertir su condena en instancias superiores.

“Soy inocente hasta que se declare judicialmente culpable”, afirmó durante la conversación.

 

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El congresista sostuvo que su proceso aún no ha concluido y que la decisión final dependerá de la segunda instancia judicial.

“La última palabra la tendrá la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia”, aseguró, argumentando que su permanencia en el Congreso responde tanto a consideraciones jurídicas como éticas.

En un momento de la entrevista, reconoció incluso que ha evaluado su continuidad en el cargo: “Renunciar a 40 millones es muy difícil, así esté condenado”.

Ramírez defendió además su papel político dentro del Legislativo, señalando que su presencia responde a la necesidad de participar en debates clave para el país.

“Estamos analizando tomar una decisión por respeto al Congreso y a los colombianos”, dijo, aunque dejó claro que, por ahora, continúa en el ejercicio de sus funciones.

En medio de la entrevista, el senador también respondió a cuestionamientos sobre sus vínculos con otros actores políticos y judiciales, desviando en varias ocasiones la conversación hacia críticas contra adversarios políticos como Iván Cepeda.

“Criminal el que recibe llamadas de Iván Márquez, el que saca de las cárceles a bandidos para que consigan votos”, afirmó Ramírez en uno de los pasajes más tensos de la entrevista, insistiendo en que muchas de las acusaciones en su contra forman parte de una estrategia política.

Sin embargo, el entrevistador insistió en centrar el diálogo en su caso judicial, recordándole que la condena en su contra proviene de la Corte Suprema de Justicia en el denominado proceso de las marionetas.

“Usted está condenado por corrupción”, le señalaron, a lo que el senador respondió reiterando su derecho a la presunción de inocencia y a la apelación.

 

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El intercambio subió de tono cuando se le cuestionó directamente por su permanencia en el Congreso pese a la condena.

“¿Qué hace usted en el Congreso?”, le preguntaron.

Ramírez defendió su continuidad argumentando que aún existen recursos legales pendientes y que su salida anticipada podría tener implicaciones políticas.

“El debate ético está abierto”, respondió, asegurando que cualquier decisión definitiva será tomada junto a su familia y su equipo jurídico en los próximos días.

El episodio ha reavivado el debate público sobre la legitimidad de la permanencia de funcionarios condenados o investigados en el ejercicio de cargos legislativos, así como sobre los límites entre el derecho a la defensa, la ética pública y la responsabilidad política.

Mientras tanto, el Gobierno insiste en la existencia de graves irregularidades en el sistema de salud, con cifras que, según el Ministerio de Salud, reflejarían inconsistencias multimillonarias en el manejo de recursos, lo que ha intensificado el choque institucional entre Ejecutivo, órganos de control y sectores políticos.

En este contexto de alta tensión, las declaraciones cruzadas entre el presidente Petro y distintos actores políticos, sumadas a la situación judicial de figuras como Ciro Ramírez, mantienen abierto un debate de fondo sobre la confianza en las instituciones, el papel de la justicia y la legitimidad del discurso político en Colombia.

 

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