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El ecosistema de la telerrealidad peruana ha vuelto a registrar un episodio de alta tensión mediática tras las severas declaraciones del productor Giancarlo Cossio.

A través de una transmisión pública dedicada al análisis de La Granja VIP —el formato de telerrealidad que concita la atención de la audiencia nacional—, Cossio desmanteló el perfil de varias de sus participantes más notorias.

Las principales destinatarias de sus críticas fueron la influencer Samahara Lobatón y su madre, la empresaria Melissa Klug, cuya fama y vigencia en el espacio público fueron catalogadas por el productor como un mero producto colateral de sus antiguos vínculos afectivos con figuras de la selección nacional de fútbol.

Durante su intervención, Cossio cuestionó la autenticidad del desempeño de Lobatón dentro del concurso, tildando sus momentos de vulnerabilidad de “inexistentes” o “calculados”.

«Yo siento que es real, pero no veo una lágrima. Yo lloro con lágrimas», ironizó el productor, quien además advirtió que la exposición de veinticuatro horas del programa termina por delatar las profundas contradicciones de la joven competidora: «Hay cámaras 24/7 y cada vez que sales a hablar mientes… Te sacan todos tus cuchos [secretos], todo lo que mientes, porque de verdad mientes bastante», aseveró de manera categórica.

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Un origen supeditado al escándalo y las canchas

El núcleo del descargo de Cossio apuntó directamente a la ausencia de un trasfondo profesional o empresarial sólido que justifique la presencia de la dinastía Klug-Lobatón en los medios informativos, más allá del rédito económico obtenido por asistir a los platós de televisión a ventilar detalles de su vida íntima.

«Viven del show del escándalo, porque nunca les he visto decir: “Mira, sacamos esta marca de ropa” o “me han llamado para conducir”. Te vas a ir de cara porque ni tú ni tu mamá son famosas por otra cosa que no haya sido por Jefferson Farfán. Así se hizo conocida tu mamá, quieras o no, te duela o no», sentenció.

Asimismo, equiparó la situación de Klug con la de otra de las protagonistas del programa, Pamela López, señalando que ambas comparten la misma condición de haber alcanzado notoriedad pública bajo la sombra de futbolistas de renombre, por lo que desestimó cualquier pretensión de superioridad moral entre ambas facciones del espectáculo.

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Fuego cruzado: Clasismo y atención psicológica en el encierro

imageCossio no circunscribió sus observaciones al clan Klug.

El realizador dedicó un apartado especial a Patti Lorena, a quien acusó de ejercer un rol manipulador dentro de la convivencia: «Llevabas por aquí chisme, traías, mandabas a Samahara y a Shirley para que ataquen a Renato… los agarrabas de conejillos de Indias».

En esa misma línea, censuró las actitudes de superioridad social atribuidas a Lorena en el plató, recordándole que recurrió a adjetivos despectivos hacia sus compañeros y que incurrió en las mismas faltas que tanto criticaba, como el manejo irregular del racionamiento de los alimentos.

Finalmente, el productor concluyó que la convivencia extrema en la casa-hacienda ha dejado en evidencia que ninguna de las figuras posee la “autoridad moral” para erigirse en ejemplo de conducta, sugiriendo que el formato necesita urgentemente una promoción de terapia de salud mental de “tres o cuatro por uno” para canalizar los traumas y vacíos emocionales que las participantes arrastraban desde antes de ingresar al programa.