La emboscada contra fuerzas del Ejército en Guadalupe y Calvo dejó dos detenidos, un agresor herido y el aseguramiento de armamento tras un operativo de vigilancia en la Sierra de Chihuahua

 

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La violencia volvió a sacudir la Sierra de Chihuahua tras una emboscada contra elementos del Ejército mexicano y agentes de investigación en el municipio de Guadalupe y Calvo, específicamente en la comunidad de Atascaderos, durante un operativo de vigilancia realizado el 5 de mayo.

De acuerdo con reportes oficiales, las fuerzas de seguridad realizaban patrullajes preventivos cuando fueron atacadas por un grupo armado, desatando un enfrentamiento que dejó un presunto agresor lesionado, dos detenidos y el aseguramiento de armas largas y una pistola.

Las autoridades confirmaron que el personal militar respondió al ataque y logró repeler la agresión.

“Las fuerzas de seguridad lograron repeler la agresión”, se informó en el parte operativo, detallando que la zona fue asegurada de inmediato para evitar nuevos riesgos.

El herido recibió atención en el lugar, mientras los detenidos fueron puestos a disposición de las autoridades competentes.

El hecho ocurre en un contexto de alta tensión en la región serrana, donde en los últimos meses se han registrado múltiples enfrentamientos vinculados a grupos del crimen organizado.

Sin embargo, lo que ha elevado el impacto político del caso es la ausencia de información oficial sobre la identidad de los detenidos y la organización criminal a la que pertenecerían, lo que ha abierto espacio a especulaciones en el debate público.

 

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En paralelo, versiones no confirmadas sobre la presunta participación de agentes extranjeros en operativos recientes en el estado han reavivado la polémica política nacional.

Estas versiones, que incluyen menciones a supuestos vínculos con agencias de inteligencia, no han sido respaldadas oficialmente por autoridades mexicanas ni estadounidenses, pero han contribuido a intensificar el clima de desconfianza institucional.

En este escenario, la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, ha sido blanco de críticas por su manejo del discurso público tras los recientes hechos de violencia y las acusaciones cruzadas entre actores políticos.

Mientras sectores de la oposición cuestionan la coordinación en materia de seguridad, la mandataria ha centrado su posicionamiento en las acusaciones emitidas desde Estados Unidos contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros funcionarios señalados por presuntos vínculos con organizaciones criminales.

El debate escaló en el Congreso mexicano, donde legisladores de distintos partidos intercambiaron acusaciones.

Desde la oposición se exigió avanzar en procesos judiciales contra los señalados, mientras que legisladores oficialistas impulsaron incluso la posibilidad de juicios políticos en contra de Campos.

En medio del enfrentamiento, un diputado expresó: “No, no se saldrán con la suya”, anticipando la presentación de expedientes en la próxima sesión.

 

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El conflicto político se ha visto amplificado por las recientes declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha buscado mantener una postura institucional ante la creciente presión internacional.

Durante una conferencia matutina, la mandataria subrayó que la investigación sobre los hechos en Chihuahua corresponde a la Fiscalía General de la República, y anunció además que se revisarán los acuerdos de cooperación en materia de seguridad entre autoridades locales y agencias extranjeras.

“¿Qué pruebas tienen? Porque lo que publicaron es una nota de dichos”, cuestionó Sheinbaum al referirse a las acusaciones provenientes del extranjero, insistiendo en la necesidad de sustento documental antes de emitir conclusiones.

En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a generar tensión diplomática al advertir sobre posibles acciones unilaterales si México no intensifica sus esfuerzos contra el tráfico de drogas.

Durante un evento en la Casa Blanca afirmó que su gobierno ya ha ejecutado operativos en el Caribe y el Pacífico contra embarcaciones sospechosas, asegurando que estas acciones han reducido el flujo de narcóticos hacia su país.

Sus declaraciones fueron interpretadas en México como una nueva presión sobre la soberanía nacional, especialmente después de que la administración estadounidense publicara una estrategia antiterrorismo en la que advierte sobre posibles intervenciones contra organizaciones criminales en países donde, según Washington, exista complicidad gubernamental.

 

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A pesar de ello, también se han registrado gestos de cooperación bilateral.

Funcionarios estadounidenses han reconocido públicamente la colaboración con autoridades mexicanas en operativos recientes.

Sara Carter, representante de la política antidrogas en EE.UU. , destacó un operativo en Jalisco donde fue abatido un líder criminal, señalando que la acción fue posible gracias al intercambio de inteligencia entre ambos países.

“Estamos trabajando muy bien con México”, habría reconocido la funcionaria en declaraciones recientes, destacando la coordinación en el combate al crimen organizado.

Mientras tanto, la Fiscalía mexicana continúa citando a decenas de agentes involucrados en operativos recientes en Chihuahua, en medio de una investigación que busca esclarecer la legalidad de la participación de actores nacionales y extranjeros.

 

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La tensión política se mantiene en aumento, con un intercambio constante de acusaciones entre partidos, gobernadores y el gobierno federal, mientras la relación entre México y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más delicados en materia de seguridad.