El sindicato de profesionales de la salud (APIT) desmiente de forma categórica la narrativa oficialista de un documental impulsado por el Gobierno y advierte sobre un “vaciado” institucional y el desplazamiento irregular de personal calificado.

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BUENOS AIRES — El Hospital de Pediatría S.A.M.I.C. Prof. Dr. Juan P. Garrahan se ha convertido en el nuevo epicentro de una feroz batalla política y cultural entre el Poder Ejecutivo y los trabajadores de la salud pública.

La controversia se disparó tras el anuncio en redes sociales por parte del vocero presidencial, Manuel Adorni, de un próximo documental realizado por el realizador audiovisual oficialista Santiago Oría.

La pieza audiovisual pretende instalar una narrativa según la cual la actual gestión “salvó” al prestigioso centro de salud frente a la supuesta desidia de los sectores gremiales.

La respuesta de los profesionales no se ha hecho esperar.

Desde la Asociación Civil y Gremial de Profesionales y Técnicos del Hospital Garrahan (APIT), su secretaria general, Norma Lezana, convocó a una conferencia de prensa de urgencia para desarmar lo que calificó como una “maniobra de desprestigio” y un relato infantil de “héroes y villanos” que intenta tapar un severo ajuste estructural.

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Según denunciaron los representantes sindicales, el hospital atraviesa un período de profunda inestabilidad institucional bajo la conducción del actual director, Mariano Piroso.

Los trabajadores señalan un “giro autoritario” en la gestión que se ha traducido en el desplazamiento de jefes de servicio sumamente prestigiosos que habían accedido a sus cargos mediante rigurosos concursos públicos.

“Hay una suerte de cacería de brujas y cancelación de profesionales”, afirmó Lezana, sugiriendo que la dirección está bloqueando el ascenso de personal altamente capacitado debido a su alta exposición mediática durante los conflictos salariales y presupuestarios del año pasado.

A estas acusaciones de persecución ideológica se suma un grave episodio de censura académica.

De acuerdo con el testimonio del personal técnico, una jornada de genética que contaba con más de 300 profesionales inscritos fue cancelada de forma abrupta por el nuevo director de docencia de la institución.

¿El motivo? La inclusión en el programa de un debate sobre “genética y políticas públicas”. Ante la imposibilidad de deliberar bajo el marco de la censura previa, la actividad debió ser trasladada de urgencia al Hospital de Clínicas.

“Los profesionales de la salud no podemos trabajar bajo censura; esto no es una fábrica donde se acatan órdenes de producción sin pensamiento crítico”, sentenciaron desde APIT.

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Más allá de la batalla ideológica, la preocupación central de la comunidad médica radica en el deterioro material de la atención pediátrica de alta complejidad.

Los datos presentados por los trabajadores revelan una situación alarmante: el plantel de enfermería ha sufrido una reducción drástica, pasando de 2.000 profesionales a apenas 1.348 operativos en la actualidad.

Esta escasez de personal coloca al nosocomio en una situación de extrema vulnerabilidad justo en el inicio de la temporada de brotes de enfermedades respiratorias estacionales.

A esto se suma que cerca de 300 profesionales de diversas áreas que abandonaron la institución en los últimos meses no han sido reemplazados, dejando desiertos puestos clave de atención.

Desde el sindicato insisten en que las prioridades de inversión de las autoridades nacionales están disociadas de las urgencias reales del Garrahan.

Si bien la gestión celebró recientemente la adquisición de nuevas camas, los profesionales denunciaron que se compraron insumos que ni siquiera cumplen con las especificaciones pediátricas ni logran pasar por las puertas de las unidades de terapia intensiva.

Mientras tanto, los problemas estructurales del edificio continúan agravándose:

Filtraciones de agua: Se reporta la presencia de cubos y recipientes plásticos a lo largo de diversos pasillos debido a goteras crónicas cada vez que llueve.

Falta de climatización: El sector de oncología ambulatoria carece de un sistema de calefacción central adecuado a las puertas del invierno, obligando al personal y a los familiares a recurrir a mantas y a apenas tres caloventores precarios para proteger a los niños bajo tratamiento oncológico.

A pesar de las severas restricciones presupuestarias, el personal médico destaca que el hospital sigue adelante con la mitad de los trasplantes de órganos sólidos del país y la atención del 50% de los niños con cáncer infantil a nivel nacional, un logro que adjudican exclusivamente al compromiso inquebrantable de los trabajadores y no a las directivas de la administración central.

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El conflicto del Hospital Garrahan se enmarca en una discusión política más amplia respecto a la viabilidad y las contradicciones del programa económico del oficialismo.

Analistas de la oposición y sectores gremiales señalan que el Gobierno ha comenzado a chocar contra la realidad de sus propias medidas de ajuste, viéndose obligado a recurrir a herramientas que antes criticaba con dureza.

La reciente decisión de moderar las tarifas de servicios públicos esenciales como el gas durante el invierno —limitando el aumento al 3% en lugar del 15% proyectado inicialmente— y el tímido relanzamiento de licitaciones para el mantenimiento de rutas (lo que técnicamente constituye obra pública delegada) son vistos por los críticos como una claudicación discursiva frente al dogma del “déficit cero” a cualquier precio.

Para los sectores representados en el Garrahan, estas idas y vueltas demuestran que el sostenimiento de los servicios públicos esenciales es incompatible con el desfinanciamiento sistemático del Estado.