En los Premios Mariano de Cavia existe un límite especialmente delicado
María José Gómez Verdú, experta en protocolo: “En los Premios Mariano de Cavia existe un límite especialmente delicado para la reina Letizia”
👑📰 Hay un acto oficial que significa mucho más para la reina Letizia que una simple entrega de premios.
Detrás de cada gesto, cada conversación e incluso cada elección de vestuario existe un equilibrio que muy pocos perciben.
Un detalle de protocolo marca la diferencia.

La reina Letizia volvió a protagonizar uno de los actos más simbólicos de su agenda institucional al asistir junto al rey Felipe VI a la ceremonia de entrega de los Premios de Periodismo ABC Mariano de Cavia, Luca de Tena y Mingote.
Se trata de una cita que, año tras año, reúne a destacadas personalidades del mundo de la comunicación y que posee un significado especial para la consorte por su pasado como periodista antes de incorporarse a la Familia Real.
Más allá del protagonismo habitual de su imagen y de la expectación que suele generar cada una de sus apariciones públicas, esta ceremonia representa un reencuentro con un entorno profesional que marcó una parte importante de su vida.
Precisamente por ello, expertos en protocolo consideran que se trata de uno de los eventos institucionales donde la reina debe mantener un equilibrio especialmente cuidadoso entre su historia personal y las responsabilidades que hoy representa como jefa de Estado consorte.
La experta en protocolo y etiqueta María José Gómez Verdú explicó que los Premios Mariano de Cavia ocupan un lugar singular dentro del calendario oficial de la reina.
«Los Premios Mariano de Cavia ocupan un lugar singular en la agenda de la reina Letizia porque son, probablemente, el único acto institucional en el que su pasado profesional no es simplemente un dato biográfico, sino una parte activa del contexto», señaló.

Según la especialista, durante esta ceremonia no solo está presente la Reina de España, sino también la periodista que durante años desarrolló su carrera en distintos medios de comunicación antes de su matrimonio con el entonces príncipe Felipe.
«Allí no acude únicamente la Reina de España; también reaparece, inevitablemente, la periodista que fue durante años y que conoce de primera mano la profesión que hoy observa desde el otro lado», afirmó.
Precisamente esa dualidad convierte el acto en uno de los más complejos desde el punto de vista institucional.
«Ese equilibrio es, precisamente, el mayor reto», resumió Gómez Verdú.
La reina Letizia mantiene desde hace años una estrecha vinculación emocional con el periodismo.
Antes de formar parte de la Casa Real desarrolló una reconocida trayectoria profesional en televisión, cubriendo acontecimientos nacionales e internacionales y consolidándose como una de las periodistas más conocidas de su generación.
Ese pasado hace que durante la entrega de estos galardones coincida con antiguos compañeros de profesión, directivos de medios de comunicación y periodistas con quienes compartió parte de su carrera.

«Letizia sabe que comparte códigos, recuerdos e incluso amistades con muchos de los asistentes.
Es natural que se permita conversaciones más cercanas, que recuerde anécdotas o que muestre el afecto que sigue sintiendo por una profesión que ha definido en numerosas ocasiones como una auténtica vocación», explicó la experta.
No obstante, esa cercanía tiene límites claramente definidos por el protocolo institucional.
«Sin embargo, ya no puede comportarse como una colega.
Su posición institucional exige una distancia que no responde a la frialdad, sino a la neutralidad que representa la Corona», añadió.
Para los especialistas en protocolo, uno de los aspectos más delicados consiste en evitar que las emociones personales proyecten una imagen incompatible con la función institucional que desempeña.
En ese sentido, Gómez Verdú considera que incluso la nostalgia debe administrarse cuidadosamente.
«Puede emocionarse, recordar y reivindicar el valor del periodismo, pero sin transmitir nunca la sensación de que echa de menos una vida que abandonó o que preferiría seguir formando parte del oficio», explicó.

A su juicio, la institución monárquica exige que la reina proyecte siempre una imagen orientada hacia el presente y el futuro.
«La Reina no puede proyectar la imagen de quien mira hacia atrás, porque la institución que representa necesita mirar siempre hacia adelante», afirmó.
Otro de los límites más importantes aparece cuando las conversaciones giran en torno a la actualidad informativa o al funcionamiento de los medios de comunicación.
«Existe además un límite especialmente delicado: el de la opinión», advirtió la especialista.
Aunque la reina conoce perfectamente el funcionamiento interno de los medios y la realidad del periodismo, su papel institucional le impide expresar valoraciones sobre cuestiones informativas o debates de actualidad.
«Puede elogiar el rigor, la independencia o el compromiso con la verdad, pero nunca posicionarse sobre líneas editoriales, polémicas o decisiones informativas concretas», señaló Gómez Verdú.
Para alguien que durante años ejerció precisamente la labor de preguntar, analizar y explicar la actualidad, esa contención supone un ejercicio especialmente complejo.

Sin embargo, desde la perspectiva protocolaria, esa discreción constituye una de las principales garantías de la neutralidad que debe mantener la Corona en todos los ámbitos de la vida pública.
La experta considera que precisamente esa renuncia ayuda a comprender el significado especial que tiene esta ceremonia para la reina.
«Durante unas horas regresa a un ambiente que conoce perfectamente, aunque lo haga desde un papel completamente distinto.
Es un reencuentro con una parte de su identidad, pero también la demostración de que esa identidad ha evolucionado hacia una responsabilidad mayor», concluyó.
Esa combinación entre memoria profesional, responsabilidad institucional y discreción también se refleja en cada una de sus elecciones de vestuario.
Según Gómez Verdú, la reina suele cuidar especialmente su imagen durante esta ceremonia porque representa el punto de encuentro entre tres ámbitos que han marcado buena parte de su trayectoria: la comunicación, la cultura y la institución que hoy representa.
En una cita donde cada gesto adquiere un significado especial, el protocolo continúa siendo una herramienta esencial para mantener el equilibrio entre la mujer que fue y la reina que es en la actualidad.