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Mientras la atención internacional continúa centrada en Irán, Israel y el estrecho de Ormuz, una silenciosa maniobra diplomática de Washington está desplazando el foco hacia uno de los países más herméticos del planeta: Eritrea.

Durante décadas, esta nación africana fue considerada un Estado paria por Occidente.

Aislada, sancionada y gobernada con mano de hierro por el presidente Isaias Afwerki desde su independencia en 1993, Eritrea rara vez ocupó titulares internacionales.

Sin embargo, el deterioro de la seguridad en el Mar Rojo y la creciente amenaza sobre una de las rutas marítimas más importantes del mundo han convertido a este país en una pieza inesperadamente valiosa dentro del tablero geopolítico global.

La pregunta es evidente: ¿por qué Estados Unidos está dispuesto a acercarse ahora a un régimen que durante años criticó duramente?

El verdadero cuello de botella del comercio mundial

Cuando se habla de la seguridad energética global, la mayoría de los análisis suelen centrarse en el estrecho de Ormuz.

Sin embargo, existe otro punto estratégico cuya importancia resulta difícil de exagerar: el estrecho de Bab el-Mandeb.

Situado entre la Península Arábiga y el Cuerno de África, este paso marítimo conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el Océano Índico.

Su nombre en árabe significa literalmente “La Puerta de las Lágrimas”, una referencia histórica a los peligros que enfrentaban los navegantes que intentaban cruzarlo.

Hoy, Bab el-Mandeb sigue siendo una de las arterias más sensibles del comercio internacional.

Aproximadamente entre el 12% y el 14% del comercio marítimo mundial utiliza esta ruta, incluyendo una parte fundamental del tráfico de contenedores y de los flujos energéticos que conectan Asia, Europa y Oriente Medio.

Si esta vía quedara bloqueada o seriamente afectada, miles de embarcaciones se verían obligadas a rodear el Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África.

Esto supondría retrasos de hasta dos semanas, mayores costes logísticos y un impacto directo sobre las cadenas de suministro globales.Análisis: Trump se declara ganador, pase lo que pase, y la guerra con Irán  es el ejemplo más reciente/Irán dice que tiene el "control total" del  estrecho de Ormuz : r/geopolitics

Los hutíes y la creciente inseguridad en el Mar Rojo

Desde finales de 2023, los ataques de los rebeldes hutíes contra buques comerciales transformaron el Mar Rojo en una de las zonas marítimas más peligrosas del mundo.

Numerosas compañías navieras optaron por modificar sus rutas para evitar la región, provocando una caída significativa del tráfico marítimo por el Canal de Suez y por Bab el-Mandeb.

Grandes operadores internacionales llegaron incluso a suspender temporalmente sus tránsitos por la zona debido al riesgo de ataques con drones y misiles.

Aunque las operaciones navales occidentales han contribuido a mejorar parcialmente la seguridad, el riesgo sigue presente.

La posibilidad de una escalada regional relacionada con Irán mantiene a Washington en estado de alerta permanente.

Es precisamente en este contexto donde Eritrea comienza a adquirir una importancia inesperada.

Eritrea: la pieza olvidada del tablero

A primera vista, Eritrea parece una elección extraña para convertirse en socio estratégico de Estados Unidos.

El país no dispone de una armada capaz de controlar Bab el-Mandeb ni posee recursos militares comparables a los de las potencias regionales.

Sin embargo, su valor no reside en su capacidad militar directa, sino en su geografía.

Con más de 1.

100 kilómetros de costa sobre el Mar Rojo, Eritrea ocupa una posición privilegiada frente a una de las rutas marítimas más importantes del planeta.

Desde territorio eritreo es posible desarrollar capacidades logísticas, de vigilancia, abastecimiento y apoyo naval que podrían resultar esenciales en caso de una crisis prolongada.

Washington busca algo más que presencia naval.

Busca profundidad estratégica.

Assab y Massawa: puertos con enorme potencial

Uno de los principales activos eritreos es el puerto de Assab, ubicado a poca distancia de Bab el-Mandeb.

Durante la guerra de Yemen, los Emiratos Árabes Unidos utilizaron esta instalación como plataforma logística y militar, demostrando que la infraestructura existente puede desempeñar un papel relevante en operaciones regionales.

A ello se suma Massawa, principal puerto comercial del país, y el archipiélago de Dahlak, un conjunto de islas que durante la Guerra Fría sirvió como punto de apoyo para operaciones navales soviéticas en el Mar Rojo y el Océano Índico.

Para los estrategas estadounidenses, estas ubicaciones representan una oportunidad de diversificar sus capacidades en una región donde la dependencia de una sola base —Camp Lemonnier, en Yibuti— comienza a percibirse como una vulnerabilidad.

Además, Yibuti alberga instalaciones militares de múltiples potencias, incluida China, principal rival geopolítico de Estados Unidos.

La posibilidad de disponer de opciones alternativas resulta cada vez más atractiva para Washington.Trump mantiene su amenaza y advierte a Irán sobre un posible ataque  limitado: "Lo estoy considerando" | Internacional | Cadena SER

El papel oculto de Egipto

Otro actor clave en esta historia es Egipto.

El Cairo ha sufrido importantes pérdidas económicas debido a la disminución del tráfico por el Canal de Suez, consecuencia directa de la inseguridad en el Mar Rojo.

Por ello, comparte con Estados Unidos el interés en restaurar la estabilidad de la región.

Pero Egipto también tiene otro objetivo estratégico: contener la creciente influencia de Etiopía.

Las tensiones derivadas de la Gran Presa del Renacimiento Etíope han convertido las relaciones entre ambos países en una de las rivalidades más importantes de África.

En este escenario, Eritrea aparece como un socio natural para El Cairo debido a sus históricas fricciones con Addis Abeba.

Por ello, varios analistas consideran que el acercamiento entre Washington y Asmara no puede entenderse sin el papel mediador desempeñado por Egipto.

¿Una jugada maestra o un riesgo innecesario?

La estrategia estadounidense plantea importantes interrogantes.

Por un lado, una cooperación más estrecha con Eritrea podría fortalecer la seguridad del Mar Rojo y ofrecer nuevas capacidades logísticas para proteger una ruta comercial vital para la economía mundial.

Por otro lado, acercarse a uno de los regímenes más autoritarios del planeta podría generar fuertes críticas internacionales y alimentar nuevas tensiones regionales, especialmente con Etiopía.

La historia demuestra que muchas alianzas basadas exclusivamente en intereses estratégicos suelen tener consecuencias imprevisibles.

Sin embargo, en un mundo cada vez más marcado por la competencia entre grandes potencias, la seguridad de las rutas marítimas y la lucha por el control de los puntos críticos del comercio global parecen haber pasado a ocupar un lugar prioritario en la agenda de Washington.

Y en ese nuevo tablero, Eritrea —un país ignorado durante décadas— podría estar a punto de convertirse en una de las piezas más importantes del juego.