Juan Diego Alvira salió a una plaza de mercado para cuestionar las cifras de Gustavo Petro sobre el salario mínimo y el costo de vida, pero varias comparaciones terminaron contradiciendo el discurso que buscaba demostrar.

 

 

El 13 de enero de 2026, Juan Diego Alvira realizó una notable aparición en el noticiero del mediodía de Caracol Radio, donde se propuso desmentir las cifras presentadas por el presidente Gustavo Petro sobre el aumento del salario mínimo en Colombia.

Desde un lugar donde “no hay cifras bonitas ni discursos”, Alvira se dirigió a la audiencia con un mensaje contundente: “Lo que hay es el golpe franco y duro reflejado en el bolsillo”.

Durante su intervención, Alvira cuestionó las afirmaciones del presidente, quien había asegurado que el salario real había aumentado y que el costo de producción en el país había disminuido.

Con un tono crítico, el periodista destacó que “mentiras lo que están diciendo en Caracol y RCN todos los días”, y presentó datos que, según él, demostraban lo contrario.

“La visita al lugar tenía un objetivo: comprobar si el salario mínimo para 2026 realmente aumentó o, al contrario, perdió valor”, explicó Alvira.

 

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A medida que avanzaba la transmisión, el periodista planteó dos preguntas clave: “¿Se está o no viendo reflejado ese aumento en el presupuesto de la familia de la casa? O también, ¿los precios ya están por las nubes y se dispararon precisamente porque están amarrados al alza del salario mínimo?”.

Estas interrogantes generaron un ambiente de incertidumbre en el estudio, donde se evidenció que la intención de Alvira era contradecir las afirmaciones del presidente.

Con un enfoque en la realidad del mercado, Alvira comenzó a comparar los precios de los productos alimenticios con los que había presentado Petro en su discurso.

“Voy a leerles lo que dijo el presidente, cuánto cuesta, y yo les digo cuánto es la realidad aquí en una plaza de mercado”, anunció.

La primera comparación fue con el kilo de alas de pollo, que según Petro costaba 16,000 pesos.

“Aquí, ¿cuánto vale?”, preguntó Alvira, y la respuesta fue clara: “10,000”.

La sorpresa en el estudio fue palpable.

 

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“¿A qué se atribuye usted?”, indagó Alvira, recibiendo la respuesta de que el pollo entero influía en el precio.

El periodista continuó su análisis con las menudencias, donde el presidente había dicho que el kilo costaba 12,000 pesos, pero en la plaza, el precio era solo 2,000 pesos.

“En serio”, reafirmó Alvira, dejando claro que la realidad era muy diferente a la presentada por el gobierno.

A medida que el segmento avanzaba, Alvira se encontró con más discrepancias entre las cifras oficiales y los precios reales.

La pechuga de pollo, según el presidente, estaba a 20,000 pesos, mientras que en la plaza se ofrecía a 16,000 pesos.

“Muy por encima, ¿no?”, comentó un colaborador, destacando la diferencia.

La situación se tornó aún más interesante cuando otro periodista se unió a la comparación, revelando que la papa pastusa, que Petro había mencionado a 70,000 pesos, se encontraba entre 75,000 y 80,000 pesos en el mercado.

Sin embargo, la papa criolla sorprendió a todos, ya que el presidente había afirmado que su precio superaba los 100,000 pesos, pero en la plaza se ofrecía a solo 50,000 pesos.

 

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A pesar de los intentos de Alvira por relacionar el aumento del salario mínimo con los precios de los alimentos, los testimonios de los trabajadores en la plaza ofrecieron una perspectiva diferente.

“Si llegan muchos camiones, el precio baja.

Si llegan poquitos, el precio sube”, explicó un vendedor, refiriéndose a la ley de oferta y demanda que regula el mercado.

Al final del segmento, aunque se confirmaron algunos incrementos en los precios de carnes y frutas, Alvira no pudo evitar expresar su preocupación por la situación económica de los colombianos.

“Quedó un poquito preocupada por la persona que hace el mercado en la casa de Nariño con esos precios tan altos que nos dio al comienzo”, concluyó, dejando en el aire la inquietud sobre cómo el aumento del salario mínimo realmente impactará el bolsillo de los ciudadanos.

Esta confrontación entre la realidad del mercado y las afirmaciones del gobierno resalta la complejidad de la situación económica en Colombia y plantea interrogantes sobre la efectividad de las políticas implementadas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.