Blackie: La dueña absoluta de la pantalla argentina
Paloma Efron, artísticamente conocida como “Blackie”, marcó un hito en la historia de los medios argentinos al convertirse en la primera mujer en asumir la codirección de un canal televisivo nacional tras el éxito de su ciclo Cita con las estrellas en 1954
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Corría el año 1954 en el estudio de Canal 7 cuando el pánico se apoderó de la dirección ante un inesperado y enorme hueco en la programación en vivo.
Faltaban apenas tres horas para salir al aire y la solución definitiva quedó en manos de una mujer decidida que cargaba un álbum de fotos personales bajo el brazo.
Al exigirle que armara un programa de una hora desde cero y de forma inmediata, ella respondió con una frase contundente que marcaría la historia de los medios: “Las excusas no se televisan”.
Así nació *Cita con las estrellas*, un rotundo éxito que se mantuvo vigente durante siete años y que consolidó el camino para que aquella realizadora se convirtiera en la primera mujer en ocupar un cargo ejecutivo de alta jerarquía y codirigir un canal de televisión en la Argentina junto a Cecilio Madanes.
Paloma Efron, inmortalizada en la cultura popular como Blackie, nació el 6 de diciembre de 1912 en Lucienville, una colonia agrícola de inmigrantes judíos ubicada en Basavilbaso, provincia de Entre Ríos.
Fue la menor de cinco hermanos dentro de un hogar caracterizado por una rigurosa estimulación intelectual y artística.
Su padre, Jedidio Efron, un erudito educador e inspector de escuelas considerado una suerte de Sarmiento judío, le inculcó desde la infancia una premisa fundamental: “La independencia económica es la única vía para la verdadera libertad personal”.
A los cinco años de edad, la familia se trasladó al dinámico barrio porteño de Villa Crespo. Aunque al concluir sus estudios primarios la joven Paloma proyectaba su vocación hacia la química, su adolescencia se vio interrumpida a los 14 años, cuando debió abandonar la educación formal para asistir de tiempo completo a su madre, Sara Miriam Steinberg, quien padecía una grave enfermedad.
Lejos de detener su desarrollo, demostró una férrea voluntad y se formó de manera autodidacta hasta dominar con fluidez el inglés, francés, italiano, portugués, alemán y hebreo.

Su determinación la llevó a obtener un empleo formal a temprana edad, un hecho que generó un profundo intercambio intelectual con su progenitor.
Al enterarse de la noticia, Jedidio cuestionó la decisión de su hija, pero la joven lo enfrentó con absoluta seriedad argumentando: “Claro, una mujer no puede ser independiente mentalmente si no lo es económicamente”.
Ante la madurez de la afirmación, su padre preguntó sorprendido: “¿Y de dónde usted sacó semejante cosa?”, a lo que ella remató con rapidez: “Se lo escuché decir a usted”. Este episodio evidenció un carácter agudo y rebelde que guiaría sus futuras decisiones profesionales.
Posteriormente, ingresó a trabajar como bibliotecaria en el Instituto Cultural Argentino Norteamericano, donde descubrió en los archivos discográficos los géneros del *Negro Spirituals* y el *Gospel*, expresiones musicales prácticamente desconocidas en la sociedad argentina de la época. Su notable talento vocal impulsó a sus allegados a motivarla para presentarse en los medios públicos.
En 1934, con 21 años de edad, participó en un concurso de Radio Stentor interpretando el clásico de jazz *Stormy Weather*, obteniendo el primer premio absoluto. Fascinado por su particular fraseo y el color oscuro de su voz, el público la bautizó definitivamente como Blackie.
El triunfo en Radio Stentor transformó su realidad y la puso frente a dilemas económicos cruciales. El entonces directivo Jaime Yankelevich le ofreció un contrato que multiplicaba por 10 su salario habitual bajo la única condición de cantar tangos.
Fiel a sus convicciones y a su identidad ligada al jazz y las *Big Bands*, rechazó la propuesta económica. Al conocer la negativa, su padre le lanzó una sentencia determinante: “Usted es una mentirosa porque canta el folklore de un pueblo que no conoce. Vaya y aprenda”.
Ante el desafío, armó sus valijas y se radicó durante varios años en el barrio de Harlem, Nueva York, donde cursó estudios de antropología en la Universidad de Columbia y se vinculó estrechamente con figuras legendarias de la música internacional como Louis Armstrong, Duke Ellington, Count Basie y Ella Fitzgerald.
A su regreso a Buenos Aires, con un bagaje cultural enriquecido, adoptó formalmente su seudónimo y comenzó a desempeñarse en el Teatro Maipo junto al actor Pepe Arias.
En ese período conoció a su único y gran amor, el escritor y guionista cinematográfico Carlos Olivari, un hombre bohemio que se encontraba casado. Cuando él intentó cortejarla en su camarín, ella lo frenó con claridad diciendo: “Así que usted quiere casarse conmigo.
Bueno, mire, usted me gusta mucho, así que cuando sea libre llámeme”. Veinte días después de este encuentro, Olivari obtuvo el divorcio y le envió un gran canasto de flores con una nota manuscrita que decía simplemente: “Ya está”.
La pareja permaneció casada durante 10 años, consolidando una brillante producción conjunta de guiones que llegaron a exportarse a Hollywood, caracterizada por una complicidad que el propio Olivari resumía con humor al referirse al magnetismo intelectual de su esposa: “Debo estar muy enamorado de vos, Paloma, porque la verdad es que las tetas y el culo no te los veo por ninguna parte”.

Hacia la década de 1950, tras su separación de Olivari y el fallecimiento de sus progenitores, se volcó por completo al desarrollo de la televisión, comprendiendo que el nuevo medio requería un lenguaje propio que superara a la simple radio filmada.
Su éxito en Canal 7 la posicionó en un entorno corporativo predominantemente masculino, donde implementó la inusual estrategia de sumarse años intencionalmente y proyectar una imagen prematura de anciana intelectual y austera para resguardar su autoridad ante los prejuicios de la época.
Su dinámica de trabajo rompía las estructuras formales; utilizaba su propia cama matrimonial como centro de operaciones, donde junto a su íntima colaboradora Martha Tedeschi organizaba libretos y planificaba producciones.
Aunque no tuvo hijos biológicos, ejerció un rol de mentora espiritual y profesional de decenas de artistas, manteniendo una exigencia absoluta que le hacía cuestionar a quienes postergaban los compromisos laborales por razones familiares, indignándose cuando se priorizaban asuntos domésticos sobre las reuniones de producción de los días domingos.
Su capacidad para detectar el talento quedó demostrada en la calle Talcahuano, donde bastó escuchar cantar cuatro temas, entre ellos *El día que me quieras* de Carlos Gardel y piezas de Joan Manuel Serrat, a una joven paralizada por el pánico escénico para adoptarla artísticamente y lanzarla al estrellato; esa joven era Sandra Mihanovich.
Bajo ese mismo criterio clínico, impulsó de forma decisiva las carreras de figuras de la talla de Tato Bores, Nélida Lobato, Susana Rinaldi y Roberto Galán.
Su minuciosidad la llevó a delinear de forma estricta los relatos sobre su propia biografía, repitiendo sus anécdotas con tal precisión en las emisiones radiales que los investigadores posteriores no hallaron contradicciones en sus registros.
En la década de 1970, su postura independiente colisionó de forma directa con las intervenciones impuestas por el gobierno de facto.
Con las emisoras controladas militarmente y la vigencia de listas negras, defendió la continuidad de su ciclo *Vamos ánimo* en Radio Splendid frente a las restricciones oficiales.
Sin quitarse sus característicos anteojos oscuros, enfrentó a las autoridades del área afirmando: “En mi programa hablan todos”, asumiendo en persona la total responsabilidad civil por la emisión de las voces censuradas.
Detrás de aquella firme postura pública, conservaba profundas inquietudes personales que dejó asentadas en una correspondencia manuscrita enviada a su histórico productor, donde reveló su principal temor ante el paso del tiempo: “No me molestan las arrugas ni los cumpleaños, sino cuando el bocho no me funcione”.
Su salud cardiovascular se vio afectada prematuramente por un consumo de tabaco crónico e ininterrumpido durante las extensas transmisiones en vivo.
A los 64 años de edad, el 3 de septiembre de 1977, falleció a consecuencia de un infarto agudo de miocardio luego de ser intervenida quirúrgicamente de urgencia debido a una úlcera estomacal.
En reconocimiento a su trayectoria, la fecha de su nacimiento, el 6 de diciembre, fue instituida oficialmente en la Argentina como el Día del Productor de Radio y Televisión.
El legado de una de las mentes más brillantes de los medios locales permanece vigente como un referente de dignidad frente a la censura y los condicionamientos sociales, sintetizado en sus propias reflexiones de fin de año, que resumen su visión de la existencia y el futuro: “Un año más de vida es un año menos de vida, pero este año, este fin de año, me hace pensar muy profundamente en la necesidad absoluta que tiene la humanidad de reencontrarse consigo misma.
Yo no quiero, no quiero aceptar el dolor, la sangre ni el terror. Yo quiero que toda la humanidad viva feliz. Parece un cuento de hadas, pero podríamos conseguirlo empezando por cuidar a nuestros niños y cuidar a nuestros adolescentes que son el futuro. Un año más es un año menos. Feliz año nuevo”.