Benjamín Arellano Félix, el antiguo líder del Cártel de Tijuana, vive hoy como el recluso 00678-748 en la prisión de alta seguridad USP Lee en Virginia bajo un régimen de aislamiento total

 

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Hubo una época en la que el nombre de Benjamín Arellano Félix dictaba el destino de la frontera más transitada del mundo.

En los años noventa, el líder del Cártel de Tijuana no solo acumulaba una fortuna calculada por la DEA en miles de millones de dólares, sino que poseía el aura de un monarca intocable.

Mansiones blindadas, ejércitos de sicarios entrenados por mercenarios extranjeros y una estructura financiera que penetraba los estratos más altos de la política mexicana eran el ecosistema natural de quien fuera apodado “El Ministo” o “El Cerebro”.

Hoy, esa opulencia es un eco distorsionado en la Penitenciaría Federal de Virginia, donde el otrora todopoderoso capo es simplemente el recluso número 00678-748.

La caída de Benjamín no fue un evento súbito, sino el desmantelamiento progresivo de un imperio construido sobre el terror y la eficiencia industrial del narcotráfico.

Nacido en Culiacán en 1952, heredó junto a sus hermanos la plaza de Tijuana tras la fragmentación del Cártel de Guadalajara.

Mientras su hermano Ramón ejercía una violencia visceral que manchaba de sangre las calles, Benjamín diseñaba la arquitectura del lavado de dinero y la corrupción institucional.

Sin embargo, el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en 1993 marcó el inicio de una cacería internacional que terminaría por asfixiar al clan.

 

25 años de cárcel para Benjamín Arellano Félix

 

Tras su captura en 2002 en Puebla y su posterior extradición a Estados Unidos en 2011, el hombre que movía toneladas de cocaína se enfrentó a la severidad del sistema judicial estadounidense.

En 2012, tras declararse culpable de crimen organizado y conspiración para lavar dinero, escuchó su sentencia: 25 años de prisión sin libertad condicional.

Pero el aislamiento más profundo llegaría años después. En la actualidad, bajo el régimen estricto de la USP Lee, Benjamín vive una realidad donde la autonomía ha sido erradicada.

Las visitas están suspendidas, las comunicaciones están bajo lupa constante y el contacto físico con el mundo exterior es una “amputación simbólica” que le recuerda, minuto a minuto, que su imperio ya no existe.

En un intento desesperado por recuperar su libertad, Benjamín Arellano Félix redactó en 2022 una solicitud de liberación anticipada bajo la figura de “liberación compasiva”.

El documento, escrito de su puño y letra, intentaba proyectar la imagen de un hombre transformado, muy lejano al estratega despiadado que la historia recuerda.

“He desarrollado una comprensión distinta sobre el valor de la vida”, sostenía en su escrito, donde además se definía como un creyente y practicante del cristianismo que dedicaba su tiempo a ayudar a otros reclusos en un proceso de rehabilitación genuina.

Arellano apelaba a su avanzada edad —supera ya los 70 años— y a condiciones médicas crónicas que, según él, lo ponían en riesgo mortal frente a contingencias sanitarias como la pandemia.

 

Juez negó liberación anticipada a Benjamín Arellano Félix, el “despiadado”  líder del Cártel de Tijuana - Infobae

 

No obstante, la respuesta del sistema judicial fue un muro de granito. En enero de 2023, el juez federal Larry Burns emitió una resolución de 14 páginas que desarmaba, uno a uno, los argumentos del capo.

Burns fue implacable al evaluar el historial del hombre frente a él, calificando su liderazgo como “despiadado e inhumano”. La sentencia del juez fue una bofetada de realidad jurídica: “Arellano Félix merece el severo castigo que la Corte le impuso”.

El magistrado incluso fue más allá, declarando que si el acuerdo de culpabilidad no hubiera limitado la condena, lo habría sentenciado a cadena perpetua.

Para el juez, el riesgo de que Benjamín intentara “resucitar el Cártel de Tijuana” desde el exterior era una posibilidad latente que la protección pública no podía permitirse.

La ironía de su encierro alcanzó un punto máximo a finales de 2024, cuando Benjamín comenzó a compartir el mismo penal con Genaro García Luna, el exsecretario de Seguridad Pública de México.

Dos figuras que en el pasado representaron los extremos opuestos de la ley —el perseguidor y el perseguido— hoy habitan el mismo ecosistema de hormigón y reglas inflexibles en Virginia, igualados por el estatus de criminales convictos.

 

Benjamín Arellano Félix, exlíder del cártel de Tijuana, fue sentenciado a  25 años de prisión – Chicago Tribune

 

Mientras Benjamín cumple su rutina mecánica —despertar a las 6:00 a.m., acudir a las comidas en horarios fijos y realizar trabajos obligatorios—, el mundo exterior ha seguido girando de una forma que él jamás habría imaginado.

El Cártel de Tijuana, ahora una sombra fragmentada liderada residualmente por su hermana Enedina, ha tenido que pactar alianzas con los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, los mismos enemigos con los que Benjamín libró una guerra sangrienta durante décadas.

La marca Arellano Félix, que una vez fue sinónimo de soberanía criminal, hoy navega bajo el amparo de sus peores adversarios.

El horizonte para Benjamín Arellano Félix es desolador. Su fecha de salida en Estados Unidos está marcada para el año 2033, momento en el que tendrá 81 años.

Sin embargo, la puerta de salida de Virginia no conducirá a la libertad, sino a una deportación inmediata hacia México, donde le esperan otros 22 años de prisión pendientes por delitos cometidos en su país de origen.

El sistema binacional ha diseñado una ecuación de encierro que, con toda probabilidad, coincidirá con el fin de sus días.

El hombre que una vez tuvo el mundo a sus pies ahora solo tiene el tiempo: un tiempo que no se puede negociar, que no se puede comprar y que, a diferencia de su fortuna, no tiene fronteras.

Es el epílogo de una vida de violencia, narrada en silencio tras las rejas de una celda que el mundo ya ha olvidado.

 

Juez negó liberación anticipada a Benjamín Arellano Félix, el “despiadado”  líder del Cártel de Tijuana - Infobae