La víctima relató mediante una declaración escrita cómo las mafias migratorias la sometieron a rituales de coacción bajo deudas ficticias de 25.000 euros, reteniendo posteriormente a su hijo de once meses para obligarla a ejercer la prostitución

 

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El viaje apostólico del Papa León XIV ha dejado un hito de profunda gravedad institucional y humana durante el encuentro oficial celebrado con los colectivos asistenciales y las organizaciones del tercer sector.

En un auditorio marcado por la solemnidad, la lectura del testimonio escrito de Ayu, una joven de origen nigeriano que no pudo asistir de forma presencial por estrictos motivos de seguridad perimetral, conmovió a las delegaciones eclesiásticas y civiles al exponer de forma descarnada el modus operandi de las redes internacionales de trata de seres humanos con fines de explotación sexual que operan en las rutas migratorias hacia el continente europeo.

La declaración de la afectada describió una trayectoria de desamparo estructural que comenzó en su entorno de origen, donde la escasez extrema de recursos alimenticios y la necesidad de sostener a una familia numerosa de ocho hermanos la situaron en una posición de vulnerabilidad a los 14 años de edad.

A los 22 años, ante la ausencia de alternativas viables de subsistencia y con la determinación de asegurar el porvenir material de sus dos hijas menores, Ayu asumió el desplazamiento forzado coordinado por organizaciones delictivas locales.

Estas estructuras criminales la sometieron a un ritual de coacción psicológica conocido como “juju”, mediante el cual le impusieron una deuda financiera fraudulenta que ascendía a los 25.000 euros, un mecanismo de extorsión diseñado para garantizar su sumisión absoluta al alcanzar el territorio de destino.

 

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El tránsito hacia el litoral europeo estuvo caracterizado por el confinamiento logístico durante seis meses en instalaciones clandestinas del norte de África, bajo condiciones de severa precariedad higiénica y alimentaria.

El relato pormenorizó la crudeza de la navegación en embarcaciones precarias en el mar de Alborán, documentando el naufragio simultáneo de convoyes adyacentes que provocó el ahogamiento de decenas de personas en la misma jornada de su partida.

Al alcanzar el litoral español, la situación de la víctima empeoró sensiblemente debido a que, tras dar a luz a un neonato fruto de una agresión sexual perpetrada por los captores de la trama criminal, la red operativa procedió a la sustracción forzosa del lactante, de apenas once meses, utilizándolo como rehén material para quebrar su resistencia emocional y obligarla a ejercer la prostitución en régimen de cautiverio coactivo.

La resolución del caso se produjo gracias a un operativo coordinado por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, cuya intervención en los locales de alterne propició la detención de los proxenetas y la posterior reagrupación familiar de la madre con el menor de edad.

Tras la liberación de los captores, el inicio de un itinerario integral de protección jurídica y asistencia psicológica a cargo de trabajadores sociales y entidades sectoriales dependientes de la Iglesia católica ha facilitado una paulatina estabilización personal de la víctima, quien aprovechó el marco de la visita pontificia para reclamar una mayor contundencia internacional en el desmantelamiento de estas redes de esclavitud contemporánea.

El Papa León XIV, tras escuchar la lectura de la misiva, enfatizó la necesidad de que los gobiernos implementen legislaciones específicas de protección integral de las víctimas que prioricen la restitución de sus derechos civiles y de su dignidad humana por encima de las lógicas de control puramente administrativo de las fronteras nacionales.

 

El papa denuncia la «indiferencia» hacia los inmigrantes - teleSUR