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El último compás de Daniel Melingo: fallece el irreverente cronista que puso banda sonora a la transición argentina

El cofundador de Los Twist, fallecido a los 68 años, entrelazó ritmos bailables con letras de ácida crítica social durante la «primavera alfonsinista». Su legado une de forma inédita la irreverencia del primer rock and roll con la profundidad del tango rioplatense.

 

El homenaje de Los Twist a Melingo

 

La escena musical del Cono Sur despide a uno de sus arquitectos más audaces y polifacéticos.

Daniel Melingo, cofundador de la mítica agrupación Los Twist y figura indispensable en la renovación estética del rock en español, falleció este martes en su domicilio del barrio porteño de Villa Ortuzar a los 68 años.

El músico, que padecía una afección respiratoria crónica por la que recibía cuidados paliativos, fue hallado sin vida por su hijo.

La confirmación de su deceso provocó una inmediata reacción en cadena en el panorama cultural, donde colegas de la trascendencia de Fito Páez, Fabiana Cantilo, Andrés Calamaro y Richard Coleman manifestaron públicamente su pesar y admiración hacia un artista que definió el espíritu lúdico y crítico de la mítica «primavera alfonsinista» —el período de resurgimiento democrático que vivió Argentina tras la caída de la última dictadura militar—.

 

El homenaje de Los Twist a Melingo

El nacimiento de un fenómeno contracultural

La trayectoria de Los Twist comenzó formalmente el 30 de marzo de 1982 bajo el impulso de Melingo, quien en aquel momento compaginaba su labor como saxofonista de Los Abuelos de la Nada.

Al proyecto se sumó de inmediato el guitarrista y cantante Pipo Cipolatti, y poco después la vocalista Fabiana Cantilo, configurando un frente artístico que dinamitó los circuitos subterráneos de Buenos Aires junto a bandas emergentes como Sumo, Virus y Soda Stereo.

Frente a la solemnidad que imperaba en parte del rock progresivo de la época, Los Twist propusieron un retorno directo al baile a través de géneros como el twist, el ska y el rockabilly primitivo.

Sin embargo, detrás de la aparente ligereza de sus melodías se escondía un afilado cinismo lírico. Sus canciones se convirtieron en crónicas sutiles y corrosivas de los años más oscuros del régimen, utilizando el sarcasmo como un mecanismo de resistencia y catarsis colectiva.

 

La portada de "La dicha en movimiento", N°15 en la lista de la revista Rolling Stone sobre los 100 mejores discos del rock nacional

Tres días de grabación para un disco eterno

El punto de inflexión definitivo para la banda llegó en 1983. Impresionado por la frescura del repertorio, Charly García asumió la producción del álbum debut de la banda, titulado La dicha en movimiento.

La grabación entró rápidamente en la mitología de la industria discográfica por su inusual inmediatez: todo el material se registró en apenas tres días de sesiones continuas.

García detalló en diversas ocasiones la naturaleza de aquel proceso:

«Les pedí que tocaran todo el repertorio de corrido, un tema atrás del otro. Una vez que terminaron, les dije “váyanse”. Ahí lo mezclé, llamé a los que hacían falta, puse un tecladito y alguna viola».

El impacto comercial y crítico del disco fue monumental, superando las 120.000 copias vendidas en sus primeros meses. El álbum dejó para la posteridad clásicos como «Cleopatra, la Reina del Twist» y, de manera muy destacada, «Pensé que se trataba de cieguitos».

Este último tema, que camuflaba una detención ilegal bajo una rítmica festiva, quedó posicionado en los puestos de vanguardia de los listados internacionales sobre las mejores composiciones de la historia del rock iberoamericano.

 

Los Twist: en un extremo, Fabi Cantilo, en el otro, Pipo Cipolatti y Daniel Melingo

La vanguardia tecnológica y la asimilación del tango

Hacia 1985, el grupo reconfiguró sus filas con la salida de Cantilo y la incorporación de Hilda Lizarazu en los coros principales.

A finales de ese año, la banda ingresó a los estudios Moebio para registrar su segundo larga duración, La Máquina del Tiempo, una obra que supuso una ruptura metodológica y conceptual en el rock argentino.

La producción incorporó por primera vez secuenciadores, cajas de ritmos analógicas y arreglos de orquesta de cámara.

No obstante, el verdadero hito del álbum fue la inclusión del tema «Esta es mi presentación», una composición que marcó la primera vez que una banda de rock local introducía formalmente la instrumentación y los códigos del tango en su repertorio.

Para dicha grabación, Melingo y Cipolatti sumaron la colaboración de directores históricos del género como el violinista Fernando Suárez Paz y el bandoneonista Néstor Marconi.

Hitos y distinciones del catálogo de Los Twist:

La dicha en movimiento (1983): Considerado de forma unánime por publicaciones especializadas como la revista Rolling Stone en el puesto número 15 de los 100 mejores álbumes de la historia del rock argentino.

Pensé que se trataba de cieguitos (1983): Incluida en el listado de las 500 mejores canciones del rock iberoamericano por la revista estadounidense Al Borde.

La Máquina del Tiempo (1985): Pionera en la fusión de la New Wave tecnológica con estructuras del tango rioplatense clásico, contando con el respaldo de músicos como Gustavo Santaolalla y Andrés Calamaro.

 

Primavera alfonsinista, Los Twist tocando en La esquina del sol

 

El exilio español y el regreso definitivo

La crisis económica que afectó a las empresas discográficas argentinas a mediados de la década provocó una disolución prematura de la banda.

Ante este panorama, Daniel Melingo se trasladó a España, donde se integró de inmediato a las filas de la popular agrupación Los Toreros Muertos, expandiendo su influencia en los escenarios europeos.

El proyecto original de Los Twist se reanudó de manera histórica el 24 de diciembre de 1988 con un multitudinario concierto de regreso en Buenos Aires, al que le siguieron extensas giras por los principales auditorios del país.

En las décadas posteriores, Melingo reorientó su carrera en solitario hacia un tango arrabalero, nocturno y profundamente poético, obteniendo una enorme consideración por parte de la crítica especializada de Francia y el resto de Europa.

Su fallecimiento cierra una era irrepetible de la contracultura musical sudamericana, consolidando su figura como la de un creador audaz que demostró que el humor y el compromiso histórico podían coexistir bajo la misma melodía bailable.

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