La Guajira enfrenta una ola de violencia con asesinatos, enfrentamientos entre grupos armados y operativos militares en varios municipios como Uribia y Maicao

 

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En el departamento de La Guajira, al norte de Colombia, se ha registrado una compleja situación de orden público marcada por una serie de hechos violentos, disputas entre estructuras armadas ilegales y operaciones de la fuerza pública, en un contexto donde la población civil permanece en medio de la incertidumbre y el temor.

En distintas zonas rurales y urbanas, especialmente en municipios como Uribia, Maicao y áreas de la alta Guajira, se han reportado asesinatos, desplazamientos y acciones armadas atribuidas a organizaciones criminales que se disputan el control territorial.

En las últimas semanas, se conoció el hallazgo del cuerpo de un hombre identificado como un presunto jefe de sicarios de origen venezolano, quien habría sido secuestrado días antes de aparecer sin vida en zona rural de Uribia.

El cuerpo presentaba signos de violencia extrema, incluido el decapitado, lo que fue interpretado por autoridades y versiones de inteligencia como un mensaje relacionado con disputas entre estructuras armadas que operan en la frontera colombo-venezolana.

De acuerdo con las informaciones disponibles, este hecho estaría vinculado a enfrentamientos entre organizaciones criminales que se extienden desde el estado venezolano de Zulia hacia el territorio colombiano, en una dinámica de expansión y control de rutas ilegales.

Las autoridades han señalado que estos grupos mantienen presencia activa en zonas de difícil acceso, donde las condiciones geográficas del desierto, la falta de infraestructura y las limitaciones de conectividad dificultan las labores de control estatal.

 

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En este contexto, ha cobrado relevancia la figura de un presunto líder criminal conocido como alias Naín, también identificado en algunos reportes como “el menor” o “bendito menor”.

Este individuo ha sido señalado por las autoridades como presunto cabecilla de una estructura armada ilegal con presencia en La Guajira y zonas cercanas, asociada a actividades de extorsión, homicidios y control territorial.

Las investigaciones y seguimientos de inteligencia indican que alias Naín habría adoptado una estrategia mediática inusual, utilizando redes sociales para difundir mensajes, videos y declaraciones desde distintos puntos del territorio.

En uno de estos registros audiovisuales, difundido recientemente, aparece movilizándose en motocicleta por carreteras de La Guajira junto a su pareja sentimental, mientras lanza mensajes en los que desafía a las autoridades y hace referencia a la recompensa ofrecida por su captura, que ascendería a mil millones de pesos colombianos.

Este tipo de publicaciones ha sido interpretado por las autoridades como una forma de provocación directa al Estado, especialmente al Ministerio de Defensa y al gobierno nacional, en medio de operativos de búsqueda desplegados en la región.

En dichos mensajes, el señalado hace alusión a la libertad de movimiento dentro del territorio y a la supuesta incapacidad de las fuerzas del orden para capturarlo.

Paralelamente, las fuerzas militares y la policía han ejecutado operaciones en distintos puntos de La Guajira con el objetivo de debilitar las estructuras armadas ilegales.

En una de estas acciones, desarrollada en zona rural del municipio de Uribia, se reportó la muerte en combate de nueve integrantes de una estructura de seguridad y apoyo logístico vinculada a este grupo armado.

Según los informes oficiales, el operativo fue resultado de labores de inteligencia y permitió la neutralización de personas que presuntamente participaban en actividades criminales en la región.

 

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Entre los abatidos se encontraba un menor de edad de 17 años, lo que generó preocupación entre organizaciones de derechos humanos, que han reiterado el problema del reclutamiento de menores por parte de grupos armados en el departamento.

Este hecho ha reavivado el debate sobre la vulnerabilidad de niños y adolescentes en zonas rurales, donde la presencia del Estado es limitada y las organizaciones ilegales ejercen control social y militar.

En respuesta a estos operativos, se ha informado que la estructura señalada habría decretado un paro armado en la región de La Guajira por un periodo de tres días.

Durante este tiempo, se habrían emitido advertencias a la población civil y amenazas contra comerciantes y líderes locales, lo que generó el cierre de establecimientos y la paralización de actividades económicas en varios municipios.

En ciudades como Maicao, se reportaron hechos violentos que incluyeron ataques contra establecimientos comerciales que permanecieron abiertos durante el paro, así como homicidios atribuidos a la disputa entre grupos armados rivales.

Las autoridades locales señalaron que la situación generó un clima de miedo generalizado, obligando a la militarización de algunas zonas urbanas para intentar restablecer el orden.

De manera paralela, en otras áreas del departamento y la Sierra Nevada de Santa Marta, se han registrado enfrentamientos entre distintas estructuras armadas ilegales, así como confinamientos de comunidades indígenas y rurales.

En algunos casos, los combates han dejado víctimas civiles, incluyendo menores de edad y adultos mayores, lo que ha incrementado la preocupación de organizaciones sociales y defensoras de derechos humanos.

 

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Las cifras recientes indican un aumento en los homicidios en el departamento, especialmente en población joven.

En varios municipios, la tasa de asesinatos ha alcanzado niveles superiores a los de otras ciudades del norte del país, reflejando la magnitud del conflicto armado y criminal en la región.

Además, se ha documentado la presencia simultánea de múltiples grupos ilegales, entre ellos disidencias armadas, estructuras del crimen organizado transnacional y organizaciones locales que disputan rutas de narcotráfico, contrabando y otras economías ilegales.

En este escenario, las autoridades han señalado que alias Naín no opera de manera aislada, sino como parte de una estructura jerárquica más amplia que incluye otros mandos medios y superiores.

Estos niveles de liderazgo estarían involucrados en procesos de negociación y diálogo con representantes del Estado, en el marco de iniciativas de paz y sometimiento a la justicia, aunque simultáneamente persisten acciones violentas en el territorio.

La situación ha generado un debate sobre la capacidad del Estado para ejercer control efectivo en regiones periféricas como La Guajira, donde factores como la geografía, la pobreza estructural y la presencia histórica de economías ilegales han facilitado la consolidación de grupos armados.

En este contexto, la población civil continúa siendo la más afectada, enfrentando restricciones de movilidad, amenazas constantes y afectaciones directas a su vida cotidiana.

Mientras las operaciones militares continúan y los enfrentamientos persisten, la región se mantiene en alerta, con una compleja dinámica de violencia que involucra múltiples actores armados y una población atrapada entre el control territorial de organizaciones ilegales y los esfuerzos del Estado por recuperar la seguridad en el departamento.

 

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