El icónico humorista, que llegó a registrar picos de 66,2 puntos de audiencia, ocultó tras sus célebres personajes una vida de maltrato, un secuestro de la guerrilla cubana y un extraordinario ejemplo de filantropía y perdón.

 

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Para las generaciones que crecieron frente a la pantalla chica en el cono sur durante la década de los sesenta, el nombre de Pepe Biondi (José Biondi, 1909-1975) es sinónimo de una comedia blanca, física e inofensiva.

Sus coletillas, como el inmortal «¡patapúfete!», y sus personajes —entre ellos Pepe Galleta, el «único guapo en camiseta»— forman parte del patrimonio afectivo de millones de hogares.

Sin embargo, la reconstrucción de su biografía revela que el hombre encargado de curar la melancolía de un país mediante la risa arrastraba un historial de dolor, violencia y superación que mantuvo celosamente guardado hasta el final de sus días.

Nacido en el modesto barrio porteño de Barracas, en el seno de una numerosa familia de inmigrantes napolitanos, la infancia de Biondi estuvo marcada por las privaciones extremas.

A la temprana edad de siete años, ante la imposibilidad material de alimentarlo, su madre se vio obligada a entregarlo al circo Anselmi.

El niño quedó bajo la tutela del payaso brasileño José “Chocolate” Bonamorte.

Lejos de recibir una formación artística, el menor fue sometido a una tortura sistemática: para erradicar el miedo a las alturas, su mentor lo entrenaba a base de golpes y latigazos.

Aquellas brutales caídas le provocaron lesiones renales crónicas que le harían orinar sangre durante décadas.

El calvario concluyó a los doce años, cuando una acróbata de la compañía, armada con una pistola, confrontó al agresor y devolvió al niño a sus progenitores.

 

Pepe Biondi, el padre del humor ingenuo y entrañable, que creció entre  golpes, y para quien los chicos eran la alegría de vivir

 

Tras subsistir temporalmente como limpiabotas y repartidor de periódicos, el magnetismo del aserrín lo devolvió a la actividad circense.

Biondi aprendió a leer y a escribir tardíamente, a los veinte años, durante la realización del servicio militar obligatorio, una herramienta que le permitió por primera vez redactar sus propios libretos.

Su carrera pareció truncarse de forma definitiva en 1941 cuando, durante una función en Chile, una caída desde el trapecio le provocó una fractura de columna que lo mantuvo postrado en cama durante un año.

Fue en ese período de inmovilidad forzada donde se produjo su mutación artística: al no poder volver a volar, decidió hacer reír desde el suelo.

Consolidó entonces un exitoso dúo junto al actor Bernardo “Dick” Zalman, recorriendo los escenarios de todo el continente durante más de dos décadas.

 

La noche que Cuba no debía reír: la increíble historia del secuestro de Pepe  Biondi por la guerrilla de Fidel Castro - Infobae

 

El periplo internacional de Biondi estuvo salpicado de incidentes de ribetes cinematográficos.

El 4 de septiembre de 1958, coincidiendo con su 49º cumpleaños, el cómico fue secuestrado en La Habana por la guerrilla de Fidel Castro en vísperas de su aparición en el canal CMQ.

La operación buscaba boicotear las transmisiones televisivas para desestabilizar la propaganda de la dictadura de Fulgencio Batista.

Biondi, mostrando una asombrosa entereza, desarmó psicológicamente a sus captores quitándose la peluca, colocándose gafas oscuras y relatándoles chistes durante el trayecto hacia su cautiverio en Arroyo Arenas, del cual salió ileso.

Poco después, tras un altercado ideológico en un bar local, regresó definitivamente a Argentina.

Su valentía ya había quedado demostrada años antes en Venezuela.

Durante una función circense convencional, el domador de la compañía quedó acorralado en la pista por tres tigres.

Ante el pánico de las gradas, Biondi saltó al interior de la jaula armado únicamente con un tablón de madera, valiéndose de su agilidad acrobática para distraer a las fieras el tiempo suficiente para salvar la vida de su compañero.

Al ser interrogado sobre su temeridad, despachó el asunto asegurando que el bien se ejercía por «necesidad vital».

En 1961, su debut en el Canal 13 de Buenos Aires con «Viendo a Biondi» supuso un tsunami mediático insólito, alcanzando una cuota de pantalla histórica de 66,2 puntos de rating, congregando a la práctica totalidad de la población nacional.

 

Pepe Biondi: el genio del humor - Optimism

 

No obstante, el episodio que mejor define la estatura humana de José Biondi ocurrió lejos de los focos y la atención de la prensa del corazón.

Años después de consolidar su fortuna y prestigio, el actor localizó a “Chocolate”, el payaso que había martirizado su infancia, envejecido, enfermo y sumido en la indigencia en las calles de Buenos Aires.

En lugar de ejercer la venganza o la indiferencia, Biondi optó por el perdón práctico: asumió la totalidad de los costes médicos de su antiguo maltratador, le adquirió una silla de ruedas y lo mantuvo económicamente hasta su fallecimiento, un acto de caridad que jamás aireó en ninguna de sus apariciones públicas.

Asimismo, su generosidad se extendió de forma anónima hasta sus últimos meses de vida.

Estando ya gravemente enfermo, un taxista le confesó que su abuela agonizaba con el único deseo de conocerlo.

Biondi desvió su rumbo a la clínica, acudió al humilde domicilio de la mujer y, provisto de su icónica peluca, improvisó una función privada de 45 minutos en la penumbra del dormitorio.

Pepe Biondi falleció el 4 de octubre de 1975 a los 66 años de edad, víctima de las complicaciones derivadas de las lesiones acumuladas en su cuerpo.

Por deseo expreso, rechazó ser inhumado en el panteón oficial de actores; en su lugar, solicitó una sepultura bajo tierra con una sencilla cruz de madera en el cementerio de Lanús.

Durante su exequias, un joven anónimo se abrió paso entre la multitud para depositar un ramo de flores sobre el féretro.

Se trataba de aquel taxista, cumpliendo la última promesa que le había hecho a su abuela en su lecho de muerte.

Su humor hoy puede resultar anacrónico, pero la integridad de su legado ético permanece inalterable.