El evento de Álvaro Uribe y Paloma Valencia en Zipaquirá mostró baja asistencia, numerosas sillas vacías y una presencia mayoritaria de contratistas y personas trasladadas en buses desde otros municipios.

 

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En un evento reciente en Zipaquirá, el expresidente Álvaro Uribe Vélez se presentó ante una audiencia que, según denuncias, estaba compuesta mayoritariamente por contratistas y personas traídas en buses desde otros municipios.

La situación ha desatado un debate sobre la autenticidad del apoyo popular hacia el Centro Democrático y su candidata presidencial, Paloma Valencia.

Durante el evento, Valencia hizo un llamado a los jóvenes, afirmando que “si un joven escucha este discurso, votaría por Paloma Valencia”, pero la realidad en el lugar parecía contar una historia diferente.

Las imágenes del evento mostraban un panorama desolador, donde las sillas vacías eran la norma.

“Mire, en esta toma larga como lo único que hay es gente con pancartas de candidatos como Edwin León, Hilda Gutiérrez y Nidia Corredor”, resaltó un asistente, subrayando que el evento estaba más enfocado en la campaña al Congreso que en el apoyo a Valencia.

La candidata, en su discurso, se dirigió a los “amigos petristas” que asistieron, reconociendo que “los problemas de Petro también son de ustedes”.

Sin embargo, su retórica parecía más un intento de desviar la atención de las críticas que una búsqueda genuina de diálogo.

Valencia, en un tono desafiante, cuestionó a los petristas: “¿En qué se gastaron la plata de los colombianos en este gobierno? ¿Dónde está la plata de los colombianos?”.

Esta pregunta, aunque provocadora, fue recibida con escepticismo por muchos presentes, quienes argumentaban que la candidata estaba utilizando tácticas de distracción para evitar abordar las críticas a su propio partido.

 

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La controversia se intensificó cuando se reveló que muchas de las personas que asistieron al evento no eran de Zipaquirá.

“Llegaron en buses de otros municipios traídos desde Tocancipá”, afirmaron varios testigos, quienes señalaron que muchos de estos asistentes eran contratistas presionados por favores políticos.

“Eso no es apoyo popular, eso se llama clientelismo”, concluyó un crítico, enfatizando que el verdadero respaldo no puede ser comprado ni forzado.

La respuesta de Uribe a las acusaciones fue una defensa vehemente de su legado, afirmando que “el trabajo sacrificado del Centro Democrático va a ganar la presidencia de Colombia”.

Sin embargo, muchos en la audiencia no se dejaron convencer.

“Hoy Uribe Vélez está acá en Zipaquirá posando de líder popular, pero tuvo que traer buses para aparentar una mayor convocatoria”, se escuchó entre murmullos de desaprobación.

El evento también puso de manifiesto una división profunda en la sociedad colombiana, donde el apoyo a Petro y su administración ha crecido en algunos sectores, mientras que otros siguen fieles a Uribe.

“Si Zipaquirá es antiuribista, es una tierra crítica, rebelde, consciente”, enfatizó un asistente, destacando la resistencia de la comunidad a volver a lo que consideran un “pasado oscuro”.

 

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Valencia, visiblemente frustrada, intentó conectar con la audiencia, pero su mensaje no resonó como esperaba.

“Los petristas también sufren de la petrosalud.

A ellos también les toca la fila a las 3 de la mañana”, argumentó, pero muchos en el público cuestionaron la relevancia de su mensaje en un evento donde la presencia de seguidores genuinos era cuestionable.

A medida que el evento avanzaba, las críticas se intensificaron.

“La memoria no se negocia, no se compra, no se borra.

Colombia no olvida y no vamos a volver al pasado”, gritó un asistente, reflejando el sentimiento de muchos que se oponen a la narrativa del Centro Democrático.

Las sillas vacías y la falta de entusiasmo palpable en el evento eran un claro indicativo de que el camino hacia la presidencia no sería fácil para Valencia y su partido.

El evento en Zipaquirá no solo fue un reflejo de la lucha política actual en Colombia, sino también un recordatorio de las tensiones que persisten en la sociedad.

Con una audiencia dividida y un apoyo cuestionable, el futuro del Centro Democrático se encuentra en un punto crítico, donde la autenticidad del apoyo popular será fundamental para cualquier aspiración electoral.

 

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