Iván Cepeda por el petrismo, Paloma Valencia por el Centro Democrático, Roy Barreras también por el petrismo, pero como disidente y varios más que todavía no han anunciado oficialmente, pero que se sabe que van a competir. Entonces, Colombia va a tener una de las elecciones presidenciales más competidas de su historia con más de 15 candidatos, con la izquierda dividida entre Cepeda y otros, con la derecha también fragmentada entre varios nombres, con outsiders como Abelardo que vienen con fuerza, con periodistas como Vick y

Dávila, que tienen mucho reconocimiento. Va a ser una batalla campal donde cualquier cosa puede pasar. Pero mientras los candidatos certificados celebraban y los negados protestaban, Hernán Penagos salió de esa reunión agotado, física y emocionalmente agotado, porque él sabía que su trabajo no terminaba ahí, que certificar candidatos era solo el primer paso, que ahora venía lo más difícil, garantizar que las elecciones del 8 de marzo para Congreso y del 31 de mayo para la primera vuelta presidencial sean limpias, transparentes, libres.

Y ese es un reto gigantesco en un país como Colombia, donde los grupos armados ilegales controlan territorios, donde hay 104 municipios con alerta roja, donde las denuncias de coacción electoral están sobre la mesa, donde hay testimonios como el del líder comunitario del Guaviare que dice que las disidencias están presionando a la gente para que vote por Cepeda.

El 24 de enero en la tarde, después de esa reunión agotadora, Penagos tuvo otra reunión igual de importante, esta vez con el procurador general de la nación, con el fiscal general, con representantes de organismos de control. Fue una reunión donde discutieron no sobre candidatos, sino sobre algo más urgente, como frenar el fraude electoral, que no es de papeles, sino de votos.

Porque una cosa es detectar fotocopias en planillas de firmas. Eso es relativamente fácil con tecnología. Pero otra cosa muy diferente es detectar cuando grupos armados están presionando a comunidades enteras para que voten de cierta forma. Eso es invisible, eso no deja rastro digital, eso no aparece en ninguna base de datos.

El procurador general, que es el encargado de vigilar el comportamiento de los funcionarios públicos, le dijo a Penagos que habían recibido más de 80 denuncias en las últimas dos semanas de alcaldes, gobernadores, funcionarios del gobierno que están usando recursos públicos para hacer campaña, que están presionando a empleados públicos para que vayan a eventos de campaña, que están usando carros oficiales para movilizar votantes, son delitos electorales graves, son acciones que distorsionan la competencia.

que le dan ventaja injusta a ciertos candidatos. El procurador dijo que van a investigar cada denuncia, que van a sancionar a los responsables, pero también fue honesto. Dr. Penagos, nosotros podemos investigar. Pero los procesos son lentos, las sanciones llegan después de las elecciones, el daño ya está hecho.

El fiscal general, que es el encargado de investigar los delitos penales, también tenía noticias preocupantes. Dijo que la fiscalía había abierto investigaciones preliminares sobre posible compra de votos en 18 departamentos. habían detectado movimientos de dinero sospechosos, transferencias bancarias a líderes comunitarios en zonas rurales, compra masiva de mercados para regalar en época electoral.

Pero el problema con la compra de votos es que es muy difícil de probar. Como demuestras que alguien vendió su voto como pruebas que le dieron plata o mercado a cambio de votar por alguien, la gente no va a confesar. No hay contratos escritos, no hay recibos. Todo funciona con acuerdos verbales, con guiños, con entendimientos tácitos.

Penagos escuchó todo esto y sintió una mezcla de frustración e impotencia, porque él puede controlar lo que pasa dentro de la registraduría, puede revisar firmas, puede detectar fotocopias, puede usar inteligencia artificial, pero no puede controlar lo que pasa en las calles, en las veredas, en los barrios donde la gente vive con necesidades y donde un mercado o 50,000 pesos pueden comprar un voto.

Pero Penagos también es un hombre que no se rinde fácil, que no acepta la derrota sin pelear. Entonces propuso algo que sorprendió a todos en esa reunión. Señores, necesitamos hacer algo sin precedentes. Necesitamos un centro de comando unificado donde la registraduría, la fiscalía, la Procuraduría, el Ministerio de Defensa, la Policía, todos trabajemos juntos en tiempo real el día de las elecciones.

La idea es crear una sala de crisis donde lleguen todas las denuncias, todos los reportes, todas las irregularidades que se detecten el día de las elecciones y donde se puedan tomar decisiones inmediatas. Si en un puesto de votación hay grupos armados amenazando, que se pueda mandar refuerzos militares en minutos si en otro puesto hay compra de votos descarada.

Que llegue la policía inmediatamente. Es una propuesta ambiciosa, compleja, que requiere coordinación perfecta entre entidades que históricamente no trabajan bien juntas, que requiere tecnología de punta, que requiere voluntad política. Pero todos los que estaban en esa reunión entendieron que es necesario, que las elecciones de 2026 no son unas elecciones normales, que el país se está jugando su futuro, que hay que hacer algo extraordinario.

El procurador general aceptó la propuesta, el fiscal general también. El representante del Ministerio de Defensa dijo que van a disponer de todas las herramientas tecnológicas necesarias. Penagos salió de esa reunión con una pequeña esperanza, con la sensación de que tal vez si es posible hacer las cosas bien, tal vez si se puede tener unas elecciones limpias en Colombia.

Pero esa misma noche del 24 de enero, mientras Penagos manejaba hacia su casa con sus dos escoltas, mientras pensaba en todo lo que había pasado ese día, mientras imaginaba cómo sería ese centro de comando unificado, pasó algo que le recordó que en Colombia las cosas nunca son fáciles. Su celular sonó.

Era un número desconocido. Penagos normalmente no contesta números desconocidos, pero algo le dijo que contestara. Era una voz de hombre, una voz que no reconoció, una voz calmada, pero amenazante. Dr. Penagos, usted es un hombre inteligente. Un hombre con familia, con hijos, debe pensar bien en lo que está haciendo. Debe entender que hay cosas que no se pueden cambiar.

Hay intereses muy grandes en juego. Sería una lástima que le pasara algo a usted o a su familia. Penagos sintió que la sangre se le helaba. intentó preguntar quién era. Intentó rastrear de donde venía la llamada, pero la línea se cortó. Dejó un silencio aterrador. Fue una amenaza directa. Sin máscaras, sin subterfugios, le estaban diciendo claramente, “Deja de hacer lo que estás haciendo o vas a pagar las consecuencias.

” Penagos reportó la llamada inmediatamente a sus escoltas, a la policía, a la fiscalía. Pidieron rastrear el número, pero ya lo sabían. Era un celular desechable. De esos que se usan una vez y se tiran. Imposible de rastrear, imposible de conectar con alguien específico. Así funcionan las amenazas en Colombia, anónimas, imposibles de probar, pero efectivas, en sembrar miedo.

Esa noche Penagos no pudo dormir. se quedó despierto pensando en su familia, en sus hijos, preguntándose si vale la pena arriesgar todo por hacer bien su trabajo, preguntándose si no sería más fácil simplemente hacer la vista gorda, dejar pasar algunas irregularidades, no meterse en problemas con gente poderosa.

Pero entonces recordó por qué entró a trabajar al servicio público hace 30 años. Recordó que siempre creyó que el Estado puede funcionar bien si hay gente honesta. Recordó todas las veces que vio como políticos corruptos se robaban el dinero del pueblo. Recordó las caras de la gente pobre que va a votar creyendo que su voto importa y tomó una decisión.

Al día siguiente, hoy 25 de enero, Penago se levantó temprano como siempre, se preparó su café, se vistió y fue a trabajar, porque él no se va a dejar intimidar, no se va a rendir, va a seguir haciendo su trabajo hasta el final, va a garantizar que las elecciones sean lo más limpias posibles, cueste lo que cueste.

Y mientras Penagos tomaba esa decisión en Bogotá, en las regiones de Colombia, la campaña electoral seguía su curso. Iván Cepeda estaba en Cali ese 25 de enero haciendo un evento masivo en la plaza de Caisedo. Miles de personas fueron a escucharlo. Cepeda dio un discurso donde atacó duramente a Uribe, donde dijo que las acusaciones de vínculos con grupos armados son falsas, donde prometió que su gobierno será diferente al de Petro.

Cepeda sabe que tiene que limpiar su imagen, que las denuncias de Uribe lo han golpeado, que mucha gente duda de él. Entonces está saliendo a las calles, está yendo a las plazas, está hablando directo con la gente, está tratando de convencerlos de que él no es lo que Uribe dice que es, que él cree en la democracia, que respeta las instituciones.

Pero las encuestas más recientes, las que salieron el 23 de enero, muestran que Cepeda sigue cayendo. Ahora está en 29%, ha perdido cuatro puntos en dos semanas, mientras que Abelardo de la Espri ha subido a 29%. también están técnicamente empatados. Es una situación que nadie esperaba hace un mes cuando Cepeda tenía 10 puntos de ventaja.

Abelardo está aprovechando cada segundo de este momento. Ese 25 de enero estaba en Medellín, la capital de Antioquia, el territorio del uribismo, haciendo un evento donde prometió mano dura contra el crimen, donde prometió cadena perpetua para violadores, donde prometió acabar con la corrupción.

El público lo ovacionaba. Gritaba su nombre. Abelardo se está convirtiendo en el candidato del momento. Paloma Valencia, por su parte, sigue peleando aunque las encuestas no le favorecen. Se mantiene en 14%, no sube, pero tampoco baja. Tiene un núcleo duro de votantes que creen en ella, que quieren ver a una mujer en la casa de Nariño, pero necesita un milagro para llegar a segunda vuelta.

necesita que pase algo que cambie la dinámica de la campaña y ese algo podría ser el debate presidencial que se viene, porque el Consejo Nacional Electoral anunció el 23 de enero que habrá un gran debate entre todos los candidatos presidenciales. El 15 de febrero será el primer debate oficial, será la primera vez que todos se enfrenten cara a cara.

Será la oportunidad de Paloma para demostrar que ella tiene más sustancia que Abelardo, que ella conoce mejor los temas. También será la oportunidad de Cepeda para defenderse de las acusaciones, para mirar a los ojos a sus acusadores y decir que todo es mentira. Será la oportunidad de Abelardo para consolidarse como el favorito o para cometer un error que lo hunda.

Los debates presidenciales en Colombia han cambiado elecciones en el pasado, pueden cambiarla ahora también. Pero mientras los candidatos se preparan para ese debate, mientras hacen campaña, mientras pelean por votos, Hernán Penagos sigue trabajando en silencio, sigue coordinando con las autoridades, sigue planeando el centro de comando unificado, sigue preparando los 13,504 puestos de votación, sigue capacitando a los jurados que van a trabajar el día de las elecciones.

Porque el trabajo de penagos no es visible, no es glamoroso, no salen los titulares, pero es el trabajo más importante para la democracia colombiana. Él es el que tiene que garantizar que el 8 de marzo cuando la gente salga a votar para Congreso y el 31 de mayo cuando voten para presidente todo funcione bien, que las mesas estén organizadas, que los votos se cuenten correctamente, que no haya fraude.

Y Penagos sabe que va a enfrentar problemas, sabe que el día de las elecciones van a llegar miles de denuncias, sabe que en algunos puestos va a haber irregularidades. Sabe que grupos armados van a intentar presionar, sabe que va a haber compra de votos. sabe que nada va a ser perfecto, pero también sabe que lo único que puede hacer es su mejor esfuerzo, usar todas las herramientas que tiene, trabajar con todas las instituciones, ser transparente, mostrar las pruebas, tomar decisiones técnicas no políticas y confiar en que la mayoría de los

colombianos son honestos, que la mayoría quiere votar libremente, que la mayoría cree en la democracia. El 24 de enero en la noche, antes de recibir esa llamada amenazante, Penagos había escrito algo en su diario personal, algo que resume perfectamente lo que está viviendo. Escribió, “Llevo 30 años trabajando en la registraduría.

He visto de todo, he vivido muchas elecciones, pero nunca había sentido tanta presión como ahora. Nunca había sentido que de mi trabajo dependiera tanto. Hay días en que quiero renunciar, días en que pienso que no vale la pena pelear contra gigantes, días en que las amenazas me quitan el sueño. Pero entonces recuerdo por qué estoy aquí.

Recuerdo que millones de colombianos confían en que su voto va a contar, en que su decisión va a importar, en que vivimos en una democracia real, no en una farsa. No sé si voy a poder garantizar elecciones perfectamente limpias. No sé si voy a poder frenar todo el fraude. No sé si voy a poder proteger a cada votante de las amenazas, pero sí sé que voy a dar todo lo que tengo, que voy a usar cada herramienta legal que tengo, que no me voy a dejar intimidar, que voy a llegar hasta el final.

Son palabras poderosas, palabras de un hombre que entiende la responsabilidad que tiene sobre sus hombros. Palabras de alguien que sabe que está solo contra fuerzas muy poderosas, pero que decidió pelear de todas formas porque cree que vale la pena, porque cree que la democracia vale la pena. Y mientras Penagos escribe esas palabras en su diario, mientras toma esa decisión de seguir adelante a pesar de las amenazas en algún lugar de Colombia, en una oficina oscura que nadie conoce, hay gente planeando cómo van a manipular las

elecciones. Hay gente coordinando compra de votos, hay gente organizando el movimiento de votantes en zonas rojas. Son dos fuerzas opuestas, penagos intentando defender la democracia con las herramientas del Estado y grupos ilegales intentando comprar la democracia con dinero, armas y amenazas. Es una batalla desigual.

Es una batalla donde las reglas no son las mismas para ambos lados. Es una batalla que Penagos puede perder. Pero también es una batalla que Penagos no puede nodar, porque si él no pelea, si él se rinde, si él acepta que así son las cosas en Colombia, entonces realmente ya no hay democracia. Entonces realmente los grupos armados y los corruptos ganaron.

Entonces realmente el voto de la gente no importa. Y esa es la gran pregunta que Colombia tiene que responder en los próximos meses. ¿Todavía creemos en la democracia? ¿Todavía creemos que nuestro voto importa? ¿Todavía creemos que podemos elegir libremente a nuestros gobernantes? ¿O ya aceptamos que hay manos invisibles moviendo el tablero, que hay poderes ocultos decidiendo por nosotros, que solo estamos jugando a votar mientras otros mandan? Porque lo que está pasando ahora mismo en Colombia no es solo una elección presidencial normal, es una prueba de

fuego para la democracia. Es un momento donde se va a definir si este país tiene instituciones fuertes que pueden resistir la presión de los poderosos o si las instituciones son solo fachada, papel, letra muerta. Hernán Penagos es en este momento el símbolo de esa prueba, un hombre común, un funcionario de carrera que sin buscarlo se convirtió en la última línea de defensa de la democracia colombiana.

Un hombre que está solo, amenazado, presionado, pero que decidió no rendirse. La pregunta que nadie puede responder todavía es si Penagos va a poder resistir hasta el final, si va a poder cumplir su promesa de garantizar elecciones limpias o si las fuerzas que están en su contra van a terminar quebrándolo, callándolo, eliminándolo.

Porque en Colombia la historia está llena de hombres y mujeres valientes que intentaron hacer lo correcto y terminaron muertos, exiliados o destruidos. Pero hay algo diferente esta vez. Esta vez todo el país está mirando. Esta vez las cámaras están encendidas. Esta vez hay misiones internacionales de observación electoral que van a estar vigilando cada paso.

La Unión Europea ya confirmó que mandará más de 100 observadores. La OEA también viene. El Instituto Carter está por confirmar. Esa presión internacional puede hacer la diferencia. Puede hacer que sea más difícil para los grupos ilegales manipular las elecciones descaradamente. Puede proteger a penagos de ataques directos.

Puede garantizar que si hay fraude grave el mundo lo vea y Colombia enfrente consecuencias internacionales. Pero también puede no ser suficiente porque los observadores internacionales no pueden estar en los 13,504 puestos de votación. Al mismo tiempo, no pueden ver lo que pasa en las veredas alejadas. No pueden proteger a cada votante de las amenazas sutiles que recibe días antes de las elecciones.

Hoy 25 de enero, mientras usted lee esto, faltan exactamente 43 días para las elecciones de Congreso y 127 días para la primera vuelta presidencial. Son 43 días donde puede pasar cualquier cosa, donde los candidatos van a seguir haciendo campaña, donde las encuestas van a seguir moviéndose, donde van a salir más escándalos, más denuncias, más revelaciones.

Son 43 días donde Hernán Penagos va a seguir trabajando sin descanso. Va a seguir coordinando con las autoridades. Va a seguir recibiendo amenazas. va a seguir tomando decisiones difíciles, va a seguir siendo el blanco de ataques de los que quieren que las elecciones sean un fraude. Son 43 días donde usted, colombiano, que va a votar, tiene que decidir si cree en la democracia o no, si va a ir a votar libremente o si va a dejarse intimidar, si va a defender su derecho o si va a venderse por un mercado o por miedo.

Porque al final la democracia no es solo Hernán Penagos haciendo bien su trabajo. La democracia somos todos. Somos los millones de colombianos que tenemos que salir a votar, que tenemos que exigir que se respete nuestro voto, qué tenemos que denunciar cuando vemos fraude, que tenemos que resistir cuando nos quieren comprar o amenazar.

Si el 8 de marzo la gente sale masivamente a votar, si exige transparencia, si denuncia irregularidades, si no se deja intimidar, entonces Penagos no estará solo, entonces la democracia tendrá una oportunidad. Entonces, Colombia podrá tener unas elecciones dignas de llamarse democráticas, pero si la gente se queda en la casa con miedo, si acepta que así son las cosas, si se vende por poco, si se deja amenazar, entonces no importa cuánto trabaje Penagos, no importa cuántos observadores internacionales vengan, las

elecciones serán un fraude, serán una farsa, serán una mentira que todos sabemos, pero nadie dice. Esta es la historia que necesitabas conocer hoy. La historia de un hombre común enfrentando fuerzas gigantes. La historia de una democracia que está siendo puesta a prueba. La historia de unas elecciones que van a definir el futuro de Colombia.

Pero sobre todo es tu historia porque tú eres parte de esto. Tú vas a votar, tú vas a decidir. La pregunta que te dejo es simple, pero poderosa. ¿Vas a defender tu derecho a elegir libremente o vas a dejar que otros decidan por ti? ¿Vas a ser parte de la solución o parte del problema? ¿Vas a salir a votar el 8 de marzo sin importar las amenazas o te vas a quedar en casa con miedo? Esa decisión, la tuya, la de cada colombiano, es la que va a definir si Colombia sigue siendo una democracia o si ya nos convertimos en otra cosa.

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