No todo es lo que parece: descubre como se ve realmente el universo

Las imágenes del telescopio Hubble han definido durante décadas nuestra percepción del cosmos.

Nebulosas que parecen obras de arte, galaxias con formas imposibles, regiones del espacio que parecen más propias de un sueño que de la realidad.

Pero, tal como se explica en , la verdad detrás de estos colores es mucho más compleja… y mucho más interesante.

Lo primero que hay que entender es que las nebulosas no son lo que parecen.

No son nubes densas como las que vemos en el cielo terrestre.

En realidad, son estructuras extremadamente difusas.

Tan difusas que en un centímetro cúbico puede haber apenas entre 10 y 100 partículas.

Para ponerlo en perspectiva, ese mismo volumen de aire en la Tierra contiene billones de billones de partículas.

Eso significa que, si pudieras comprimir una nebulosa del tamaño de la Tierra, apenas pesaría unos pocos kilos.

Y aun así… brillan.

Pero no porque sean densas.

Sino porque son gigantescas.

Estas estructuras pueden extenderse durante decenas, cientos o incluso miles de años luz.

Y dentro de ellas ocurre algo extraordinario: el nacimiento de estrellas.

Las llamadas regiones H2, verdaderos viveros estelares, colapsan bajo su propia gravedad y dan origen a nuevas estrellas.

Y son precisamente estas estrellas las que iluminan el gas circundante.

La radiación que emiten ioniza los átomos del gas, excitándolos.

Hubble marca 30 años de ver nacer y morir un universo Una nueva imagen nos  recuerda lo que el observatorio en órbita nos ha permitido ver. | N+  Univision Planeta | Univision

Y cuando estos átomos liberan esa energía, lo hacen en forma de luz.

Pero aquí viene el detalle clave.

Cada elemento emite luz en longitudes de onda específicas.

El hidrógeno, el oxígeno, el azufre… cada uno tiene su propia “firma”.

Y eso es lo que los telescopios capturan.

Pero no de la forma en que imaginas.

El Hubble no toma fotos a color como una cámara convencional.

En realidad, captura imágenes en blanco y negro utilizando filtros muy específicos.

Un filtro para el hidrógeno.

Otro para el oxígeno.

Otro para el azufre.

Cada imagen revela una parte distinta de la nebulosa.

Luego, esas imágenes se combinan.

Y aquí es donde entra la parte más sorprendente.

Los colores que ves… son asignados.

No siempre corresponden a lo que vería el ojo humano.

En una imagen, el rojo puede representar azufre.

En otra, puede representar hidrógeno o incluso infrarrojo.

El azul puede ser luz visible en una foto… y oxígeno en otra.

No hay una regla fija.

Porque el objetivo no es reproducir la realidad visual…

Sino hacer visible lo invisible.

Esto significa que muchas de las imágenes más icónicas del universo son, en cierto sentido, interpretaciones científicas.

Mapas de información traducidos a color.

Y eso cambia la forma en que debemos mirarlas.

Porque no son “falsas”…

Pero tampoco son lo que veríamos con nuestros propios ojos.

De hecho, si pudieras viajar a una nebulosa, la experiencia sería completamente diferente.

La mayoría se vería tenue.

Difusa.

Un lazo brillante visto por el 'Hubble' | Sociedad | EL PAÍS

Predominantemente rojiza.

Nada que ver con los colores vibrantes que estamos acostumbrados a ver en las fotografías.

Pero eso no las hace menos impresionantes.

Al contrario.

Porque entender cómo funcionan realmente las hace aún más fascinantes.

Existen además distintos tipos de nebulosas.

Las nebulosas de emisión, que brillan por la ionización del gas.

Las de reflexión, que no emiten luz propia, sino que reflejan la de estrellas cercanas, dando ese tono azulado característico.

Y las nebulosas oscuras, que no brillan en absoluto, bloqueando la luz detrás de ellas y apareciendo como vacíos en el cielo.

Cada una revela una parte distinta de la historia del universo.

Pero todas comparten algo en común:

Son mucho más complejas de lo que parecen.

Y lo mismo ocurre con nuestra forma de observarlas.

Porque cada avance tecnológico no solo nos muestra más del universo…

También nos recuerda lo limitado que es nuestro punto de vista.

Lo que vemos depende de cómo miramos.

Y cuando cambiamos la forma de observar, el universo cambia con nosotros.

Las imágenes del Hubble no son solo fotografías.

Son traducciones.

Interpretaciones de un lenguaje cósmico que nuestros ojos no pueden percibir directamente.

Y eso plantea una idea inquietante.

Porque si necesitamos reinterpretar la luz para entender el universo…

Entonces tal vez nunca lo vemos realmente como es.

Solo vemos la versión que somos capaces de comprender.