«Con presos políticos no puede existir transición»: Américo de Grazia y el difícil camino hacia una salida para Venezuela
«Con presos políticos no puede existir transición»: Américo de Grazia y el difícil camino hacia una salida para Venezuela
En Venezuela, hablar de una transición política significa enfrentarse a una historia marcada por desconfianza, negociaciones fallidas y profundas heridas. Durante años, distintos sectores han intentado encontrar un punto de encuentro que permita abrir una nueva etapa democrática, pero cada intento ha dejado también preguntas, dudas y frustraciones. En ese contexto, las palabras del dirigente opositor Américo de Grazia adquieren especial fuerza: «Con presos políticos no puede existir una transición democrática».
La frase resume una de las principales preocupaciones expresadas durante una reunión entre representantes de la Asamblea Nacional electa en 2015 y antiguos presos políticos. Para De Grazia, cualquier conversación sobre el futuro del país debe incluir necesariamente la situación de quienes permanecen privados de libertad por razones políticas y la de sus familias, que durante años han reclamado justicia y libertad.
El encuentro, según explicó el dirigente, surgió a partir de distintas iniciativas que terminaron coincidiendo. De Grazia había acudido para presentar ante la comisión encabezada por Dinorah Figuera un documento relacionado con la situación del estado Bolívar y las dificultades que atraviesa esa región. Sin embargo, la conversación también permitió abordar el problema de los presos políticos y establecer vínculos con otros actores interesados en buscar soluciones.
Para él, ambos asuntos están profundamente relacionados. No puede hablarse de reconstrucción democrática mientras existan personas encarceladas por motivos políticos. La transición, desde esta perspectiva, no puede limitarse a un acuerdo entre dirigentes: debe contemplar también a quienes han sufrido directamente las consecuencias de la crisis.
Pero existe otro elemento que ha despertado expectativas y, al mismo tiempo, interrogantes: la participación de Estados Unidos en el proceso.
De Grazia considera que el involucramiento estadounidense puede modificar considerablemente el escenario. En su opinión, anteriores procesos de diálogo terminaron siendo insuficientes porque el poder venezolano tuvo la capacidad de ignorar o dilatar los compromisos adquiridos. Ahora, sostiene, la presencia de un actor con mayor capacidad de presión podría cambiar el equilibrio de la negociación.
Sin embargo, esta posibilidad tampoco elimina las dudas.
Los venezolanos han vivido demasiados anuncios, mesas de diálogo y promesas como para aceptar automáticamente cualquier nuevo proceso. La desconfianza forma parte inevitable de la conversación. Cada comunicado retrasado, cada desacuerdo y cada silencio alimentan la sospecha de que las negociaciones podrían convertirse nuevamente en una estrategia para ganar tiempo.
Precisamente por eso, uno de los momentos más reveladores de la conversación surgió cuando se esperaba un comunicado sobre el trabajo de la mesa. Los periodistas aguardaban mientras pasaban los minutos sin que apareciera el anuncio previsto. En una negociación política, un retraso aparentemente pequeño puede esconder discusiones mucho más profundas: una palabra que debe cambiarse, una frase que genera desacuerdo o una condición que ninguna de las partes está dispuesta a aceptar.
De Grazia reconoció que las negociaciones no serían sencillas. Hay obstáculos, intereses contrapuestos y una enorme falta de confianza. Pero también defendió la necesidad de mantener abiertas las posibilidades de diálogo, sin abandonar la vigilancia ciudadana.
Porque negociar no significa necesariamente confiar.
Esa distinción resulta fundamental. Una sociedad puede exigir transparencia y, al mismo tiempo, observar cuidadosamente cada paso de una negociación. Puede apoyar una eventual salida pacífica sin renunciar a sus preguntas. Y puede esperar resultados sin entregar un cheque en blanco a quienes participan en la mesa.
El dirigente opositor incluso reivindicó el derecho a dudar. En una situación tan compleja, la duda no necesariamente representa pesimismo; puede convertirse en una herramienta de vigilancia. Los ciudadanos tienen derecho a preguntar qué se está negociando, quién participa, cuáles son las condiciones y qué garantías existen para que los acuerdos realmente se cumplan.
Al final, el verdadero desafío no consiste simplemente en sentar a diferentes sectores alrededor de una mesa. El desafío es conseguir que esa mesa produzca una transformación concreta.
Una transición democrática tendría que ir mucho más allá de un cambio de nombres o de autoridades. Debería significar recuperación institucional, garantías políticas, respeto a los derechos fundamentales y condiciones para que los venezolanos puedan volver a decidir libremente sobre su futuro.
Y dentro de ese proceso, la situación de los presos políticos se convierte en una prueba esencial.
Si quienes están encarcelados por razones políticas continúan olvidados, cualquier discurso sobre reconciliación quedará incompleto. Si las familias siguen esperando respuestas, la palabra transición seguirá sonando distante. Y si los ciudadanos continúan desconfiando de cada nueva mesa, será porque la experiencia les ha enseñado que las promesas, por sí solas, no bastan.
Venezuela se encuentra ante una encrucijada. El diálogo puede representar una oportunidad, pero solamente si consigue traducirse en hechos. La esperanza necesita acompañarse de garantías; la negociación, de transparencia; y cualquier eventual transición, de justicia.
Quizás por eso aquella frase de Américo de Grazia haya quedado como el centro de la discusión: «Con presos políticos no puede existir transición».
Porque una verdadera transición no debería consistir únicamente en pasar de una etapa política a otra. Debería significar que un país comienza, finalmente, a recuperar la confianza perdida y a abrir las puertas de un futuro en el que la libertad, la dignidad y la voluntad de sus ciudadanos vuelvan a ocupar el centro de la vida nacional.
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