“El problema de Venezuela es más que una elección; es un problema institucional”: Roberto Marrero – News

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“El problema de Venezuela es más que una elección; es un problema institucional”: Roberto Marrero

“El problema de Venezuela es más que una elección; es un problema institucional”: Roberto Marrero

Venezuela atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Durante años, la crisis política ha estado marcada por elecciones cuestionadas, instituciones debilitadas, persecución política, presos políticos y una profunda desconfianza entre los distintos sectores de la sociedad. En este contexto, cualquier intento de diálogo genera esperanza, pero también despierta recuerdos dolorosos de procesos anteriores que no consiguieron conducir al país hacia una verdadera transición democrática.

En una conversación reciente, el abogado y dirigente opositor Roberto Marrero puso el foco en una idea que considera fundamental: el problema venezolano no puede reducirse a quién ocupa la Presidencia o a la celebración de una nueva elección. Para Marrero, la raíz de la crisis está en el deterioro de las instituciones y en la pérdida de las garantías que deberían proteger los derechos de todos los ciudadanos.

Uno de los asuntos que considera inseparables de cualquier negociación es el de los presos políticos. Marrero, quien también fue preso político, participó en un encuentro con representantes de la Asamblea Nacional electa en 2015, expresos políticos y familiares de personas que permanecen detenidas. El objetivo fue colocar nuevamente sobre la mesa una exigencia que, según su visión, no puede quedar relegada: la liberación de todos los presos políticos, tanto civiles como militares.

La importancia de este reclamo va más allá de una lista de nombres. Para Marrero, detrás de cada detenido existe una familia, una historia y una sociedad que ha sufrido las consecuencias de la persecución. También advirtió que todavía existe temor entre algunos familiares y antiguos presos a participar públicamente en este tipo de iniciativas, precisamente por el miedo a posibles represalias.

Pero el dirigente opositor considera que una transición democrática necesita abordar también otras dimensiones. No se trata únicamente de abrir las puertas de las cárceles, sino de recuperar libertades, reparar daños, restituir bienes y reconstruir un sistema de justicia que vuelva a generar confianza.

Ahí aparece el segundo gran concepto de su planteamiento: la crisis venezolana es institucional. Cuando las instituciones dejan de funcionar como contrapesos independientes, la democracia pierde uno de sus pilares fundamentales. La separación de poderes, la independencia judicial y la existencia de organismos electorales confiables son elementos indispensables para que una eventual transición pueda ser sostenible.

Marrero sostiene que la sociedad venezolana necesita recuperar instituciones capaces de garantizar justicia. La pregunta, según su razonamiento, no es solamente quién gobernará mañana, sino qué jueces, qué fiscales y qué instituciones estarán en condiciones de garantizar los derechos de los ciudadanos.

Esta perspectiva también explica su posición frente a las negociaciones. El proceso genera expectativas, pero Marrero insiste en que no se deben repetir los errores del pasado. Los venezolanos han conocido numerosos diálogos que terminaron sin producir los cambios esperados. Por eso, considera legítimo mantener una actitud crítica y observar los resultados antes de emitir un juicio definitivo.

Al mismo tiempo, reconoce que existen elementos diferentes en el escenario actual. La presencia de actores internacionales y el acompañamiento de Estados Unidos, según su interpretación, pueden modificar las condiciones de una negociación. Sin embargo, ningún acompañamiento externo puede sustituir la responsabilidad de los propios venezolanos de reconstruir su institucionalidad.

Uno de los aspectos más delicados es la reconciliación. Marrero reconoce que quienes han formado parte del poder pueden sentir temor frente al futuro y frente a las consecuencias de sus decisiones. Sin embargo, también plantea que una transición requiere encontrar mecanismos que permitan avanzar sin abandonar las demandas de justicia.

La reconciliación, en ese sentido, no debería confundirse con el olvido. Para las víctimas, la libertad, la reparación y el reconocimiento de los daños sufridos constituyen elementos fundamentales. Una sociedad no puede cerrar una etapa traumática simplemente ignorando lo ocurrido.

Por eso, Marrero sostiene que existen asuntos que no deberían convertirse en moneda de cambio dentro de una negociación. Entre ellos destaca la liberación de los presos políticos y el rechazo a una impunidad absoluta. Puede haber concesiones políticas, acuerdos y fórmulas para facilitar una transición, pero la recuperación de los derechos fundamentales debe permanecer como una prioridad.

El desafío, entonces, es enorme. Venezuela necesita pasar de una lógica de confrontación permanente a una etapa en la que las instituciones vuelvan a estar al servicio de los ciudadanos. La transición no será únicamente un cambio de gobierno: tendrá que significar la reconstrucción de la confianza, de la justicia y de las reglas democráticas.

Las palabras de Roberto Marrero reflejan precisamente esa preocupación. El futuro de Venezuela no dependerá exclusivamente de una elección, sino de la capacidad de reconstruir un Estado en el que los ciudadanos puedan confiar nuevamente.

Porque una democracia no se sostiene únicamente con votos. Necesita instituciones independientes, justicia, libertades y garantías para todos. Y si el objetivo final es una transición verdadera, esos elementos tendrán que formar parte del centro de cualquier acuerdo que pretenda abrir una nueva etapa para Venezuela.

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