Las elecciones presidenciales de Colombia en el exterior comenzaron oficialmente en Nueva Zelanda, Nueva York y el Reino Unido con la proyección de recibir el voto de más de un millón de ciudadanos inscritos en los consulados

 

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Las urnas para elegir al próximo presidente de la República de Colombia ya se encuentran abiertas en el exterior, marcando el inicio de una de las jornadas electorales más disputadas de la historia reciente del país.

Desde el pasado 24 de mayo, cuando la ciudad de Auckland en Nueva Zelanda dio el pistoletazo de salida oficial a los comicios, la diáspora colombiana ha comenzado a movilizarse de forma masiva.

El proceso, coordinado estrechamente por la Registraduría Nacional del Estado Civil y la Cancillería en el Palacio de San Carlos, proyecta la participación de más de un millón de ciudadanos residentes fuera de las fronteras nacionales, quienes tendrán la oportunidad de sufragar de manera continua en las sedes consulares hasta el sábado 30 de mayo, antes de dar paso a la apertura de los puestos de votación satélites el domingo de elecciones.

En ciudades clave para el voto migrante, la apertura de las mesas se ha vivido con una mezcla de fervor patriótico y tensión política.

En el Consulado General de Colombia en Nueva York, el cónsul Rafael Ricardo Orozco lideró el acto de apertura entonando las notas del himno nacional ante las primeras filas de votantes que esperaban desde tempranas horas.

Un escenario similar se registró en el Reino Unido, donde la instalación formal de las mesas contó con un fuerte llamado a la conciencia democrática y al respeto por las garantías institucionales, recordando que el voto en el exterior representa un cordón umbilical con el futuro socioeconómico de millones de familias que permanecen en el territorio nacional.

 

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Paralelamente al inicio de las votaciones en consulados de Europa, Asia y América, el panorama político en Colombia se calienta con la lectura del pulso de las plazas públicas.

El cierre de las campañas proselitistas ha dejado ver dos visiones contrapuestas del país, materializadas en los recientes eventos multitudinarios del candidato progresista Iván Cepeda Castro y el aspirante de la derecha Abelardo de la Espriella.

La pugna por demostrar una mayor capacidad de convocatoria se ha tomado los principales centros urbanos de la región Caribe y el departamento de Antioquia, desatando una intensa guerra de narrativas en redes sociales y medios de comunicación.

En Barranquilla, bastión tradicional del panorama político del norte del país, las manifestaciones de ambos sectores generaron un fuerte contraste en la opinión pública.

La campaña de Abelardo de la Espriella desplegó un masivo evento en el Gran Malecón del Río que incluyó un robusto aparato logístico, espectáculos de pirotecnia y las presentaciones musicales de artistas de gran reconocimiento regional como la cantante de vallenato Ana del Castillo y la Banda de Baranoa.

Aunque sectores afines a su campaña calificaron el mitin como un éxito rotundo sin precedentes en la capital del Atlántico, desde el sector del Pacto Histórico se apresuraron a calificar la estrategia como “la política del espectáculo”.

La contraparte progresista argumenta que la concentración de Iván Cepeda en la misma ciudad, caracterizada por un discurso austero y enfocado en la lectura de sus propuestas de paz y reformas sociales, logró superar con creces la asistencia de su rival, llenando varias cuadras adyacentes sin necesidad de recurrir a contrataciones artísticas.

 

Colombia: comienzan elecciones presidenciales en el exterior

 

El debate sobre el respaldo popular se trasladó rápidamente a Medellín, una plaza históricamente compleja para los movimientos de izquierda.

La campaña de De la Espriella convocó a sus simpatizantes en la emblemática Plaza de Toros La Macarena, un recinto con un aforo proyectado para cerca de 15.000 espectadores.

No obstante, los reportes de asistencia y los registros visuales del evento evidenciaron una concurrencia que rondó las 6.000 personas, dejando amplios sectores de graderías y sillas vacías, lo cual fue interpretado por analistas del progresismo como un síntoma de desgaste en las estructuras tradicionales de la derecha antioqueña.

Más allá de la guerra de cifras y de la asistencia a los estadios, la preocupación central de los observadores políticos radica en el notable aumento de la hostilidad en los discursos de cara a la segunda vuelta electoral prevista para junio.

Desde los sectores alternativos se ha denunciado con preocupación la filtración de declaraciones de colectivos de reservistas y simpatizantes de la derecha que sugieren la organización de estructuras civiles para contener posibles movilizaciones sociales tras los resultados del 22 de junio.

Senadores del Pacto Histórico han instado formalmente a la Fiscalía General de la Nación a investigar estas propuestas, advirtiendo que la creación de comités de fuerza civil al margen de las instituciones legítimas del Estado pone en grave riesgo la estabilidad democrática del país.

Ante este panorama, con un electorado exterior ya votando y un ambiente interno al rojo vivo, Colombia se encamina hacia una definición electoral donde la transparencia de las instituciones y la madurez política de los candidatos serán las únicas garantías para evitar un estallido de violencia civil.

 

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