El revés en la tendencia oficial de la ONPE desató un abandono masivo de los principales aliados políticos y miembros del equipo técnico de Juntos por el Perú, dejando al candidato presidencial Roberto Sánchez en un aislamiento casi total

 

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El desenlace del proceso electoral peruano ha desencadenado una profunda crisis interna y un evidente fenómeno de atomización política dentro de la coalición Juntos por el Perú.

La confirmación estadística de que la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, logró revertir la tendencia inicial y consolidarse en el primer lugar del escrutinio de la ONPE ha provocado un quiebre inmediato en las alianzas de última hora que sostenían la postulación de Roberto Sánchez.

Aquel bloque dirigencial que el pasado domingo celebraba un triunfo anticipado amparado en encuestas a boca de urna hoy protagoniza un repliegue generalizado, evidenciando que los acuerdos políticos y la conformación del denominado gabinete técnico respondían a un pragmatismo coyuntural antes que a una cohesión ideológica duradera.

 

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La manifestación más cruda de este aislamiento político se localiza en los exteriores de la sede del Jurado Nacional de Elecciones, en el distrito limeño de Jesús María.

En este punto, un reducido contingente de simpatizantes, cuya cifra no logra superar las cien personas, permanece pernoctando en carpas improvisadas con el propósito de defender el supuesto triunfo electoral de Sánchez.

La situación en el campamento se tornó crítica luego de que la administración municipal ejecutara una serie de labores de limpieza pública que terminaron anegando las estructuras de lona con agua, un incidente que los manifestantes denunciaron formalmente ante el Ministerio Público como un acto de hostigamiento institucional.

Mientras las bases civiles resisten en condiciones de extrema precariedad, desprovistos de servicios higiénicos básicos y subsistiendo gracias a raciones elementales de alimentos, la ausencia física de sus principales líderes y cuadros técnicos es absoluta.

Las críticas de la prensa local y de los analistas políticos se centran en el oportunismo desplegado por la cúpula que rodeaba a Roberto Sánchez durante el mitin de cierre del pasado jueves 4 de junio.

Entre las figuras más notorias que han tomado distancia del foco público destaca el diplomático jubilado Manuel Rodríguez Cuadros, quien era perfilado como el eventual presidente del Consejo de Ministros bajo la influencia directa del excandidato presidencial Alfonso López Chao.

Asimismo, la socióloga Anahí Durand, voceada para asumir la cartera de la Mujer, y el controvertido exfiscal del caso Lava Jato, José Domingo Pérez, quien aspiraba a la conducción del Ministerio de Justicia para liderar la reforma del sistema judicial, han optado por el silencio mediático y el repliegue estratégico, evitando aproximarse al campamento de Jesús María para solidarizarse con sus partidarios.

 

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El distanciamiento también incluye a aliados mediáticos como Ricardo Belmont, de quien trascendió que condicionó su respaldo político a una eventual gestión sobre los activos comunicacionales del canal estatal TV Perú.

Ante la evidencia del abandono, los coordinadores del campamento, entre quienes se encuentran Adela y Carlos Cáceres, intentan mantener la disciplina interna asegurando que los refuerzos humanos procedentes de las regiones del sur del país arribarán a la capital en las próximas horas para masificar las movilizaciones.

Sin embargo, los esfuerzos de contención comunicativa se debilitan ante las interpelaciones de los medios de comunicación independientes.

Durante una accidentada visita al lugar por parte del secretario general del partido, Ernesto Surini, las agrupaciones de soporte técnico impidieron de forma física que el dirigente respondiera de manera clara si Juntos por el Perú aceptará formalmente una eventual proclamación oficial de Keiko Fujimori como presidenta de la República.

Para mitigar el impacto de la desbandada generalizada y ofrecer una imagen de cohesión ante la opinión pública, Roberto Sánchez convocó de urgencia a un plenario nacional con la participación de los diputados y senadores electos de su agrupación.

Esta maniobra busca retener el control sobre la bancada parlamentaria e impedir que la fragmentación del bloque técnico se traslade al próximo Poder Legislativo.

No obstante, las evaluaciones de pasillo coinciden en que el candidato, a quien sus detractores comparan con el estilo político del expresidente Pedro Castillo por sus llamados a la movilización popular, se va quedando progresivamente solo en su estrategia de desconocimiento del escrutinio formal.

El desvanecimiento de las opciones de acceder al Poder Ejecutivo ha dejado al descubierto las fisuras de una alianza que, al perder la perspectiva del control ministerial, prefiere replegarse antes que acompañar a sus bases en una resistencia jurídica y civil de largo aliento.

 

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