El macabro hallazgo del cuerpo sin vida de Rosa Candía, una mujer de 36 años desaparecida durante dos semanas, ocurrió dentro de un silo subterráneo ubicado en una propiedad rural abandonada en el distrito de Santa Ana, Quillabamba

 

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El distrito cusqueño de Santa Ana, en la provincia de La Convención, se ha convertido en el epicentro de una trágica investigación por feminicidio que combina la crueldad criminal con un perturbador entramado de encubrimiento familiar.

Luego de catorce días de angustiosa incertidumbre y denuncias de desaparición que parecían estancadas en la burocracia policial, el cuerpo sin vida de Rosa Candía, una mujer de 36 años de edad, fue localizado en el fondo de un silo subterráneo de almacenamiento de desechos orgánicos, situado en medio de una chacra agrícola abandonada a unos cuarenta minutos de la ciudad de Quillabamba.

El hallazgo, que ha despertado la indignación colectiva de la población local, expone una planificación delictiva donde los principales sospechosos del asesinato y posterior ocultamiento son el exconviviente de la víctima y el propio hijo biológico de la mujer, un adolescente de apenas diecisiete años.

 

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La reconstrucción de los hechos realizada por los peritos de la División de Investigación Criminal señala que Rosa Candía residía de manera permanente en la localidad de Puerto Maldonado, en la región de Madre de Dios.

A mediados del pasado mes de mayo, la mujer decidió emprender un viaje terrestre hacia Quillabamba con el único propósito de visitar y pasar tiempo con su menor hijo, quien habitaba en dicha ciudad bajo la custodia de su padre y exconviviente de la víctima, un hombre identificado por las autoridades policiales como Herbert Castro.

Según las actas de la denuncia, la última vez que se tuvo constancia del paradero con vida de Rosa fue entre las últimas horas de la noche del 24 de mayo y las primeras luces del 25 de mayo, momento en que su teléfono celular se apagó definitivamente y sus familiares perdieron todo rastro de su ubicación.

Ante la falta de comunicación, los familiares directos de la víctima se aproximaron el 26 de mayo a la comisaría sectorial de Quillabamba para formalizar la denuncia por desaparición forzada, dando inicio a las primeras diligencias de búsqueda.

No obstante, las acciones civiles de rescate se vieron gravemente entorpecidas debido a una fría estrategia de desinformación operada desde el entorno íntimo de los sospechosos.

La policía detectó que, días después de perpetrado el crimen, el hijo de diecisiete años envió mensajes de texto a los parientes de Rosa afirmando falsamente que su progenitora había tomado la decisión intempestiva de abandonar el país y emprender un viaje de larga distancia hacia España.

Esta coartada digital sembró confusión entre los allegados de la víctima y dilató las primeras horas críticas de la investigación fiscal, otorgando un tiempo valioso para que los presuntos homicidas coordinaran su escape de la escena regional.

 

Cusco: Hallan sin vida a mujer dentro de silo y sospechan de su  exconviviente e hijo

 

El giro definitivo hacia el esclarecimiento del caso se produjo bajo circunstancias singulares que la propia familia califica como un hecho místico.

Karina Candía, hermana de la víctima, relató a las autoridades locales que, tras días de desesperación, vistió una de las prendas de abrigo favoritas de Rosa y experimentó una revelación nocturna muy nítida en la cual observaba la ruta exacta y el caminar de su hermana hacia el sector rural periférico.

Movida por esta experiencia y en compañía de un contingente de efectivos policiales que aceptó verificar la hipótesis del entorno familiar, la comitiva se adentró en los terrenos agrícolas de Santa Ana, predios que históricamente pertenecieron a los parientes del exconviviente Herbert Castro.

Fue allí donde el personal policial divisó el silo abandonado y procedió a la remoción de la tierra, extrayendo los restos mortales de la madre de familia el pasado 4 de junio.

El descubrimiento del cadáver sepultado de manera clandestina desató escenas de profundo dolor y una ola de cuestionamientos hacia la efectividad del Ministerio Público y las fuerzas policiales.

Los familiares de Rosa Candía han manifestado públicamente su malestar debido a la demora en el rastreo de las señales telefónicas de los implicados, argumentando que una movilización oportuna durante los primeros días de la denuncia no solo habría evitado la fuga de Herbert Castro y del menor de edad, sino que existía la posibilidad humanitaria de hallar a la mujer aún con signos de vida.

En la actualidad, el paradero de ambos sospechosos es completamente desconocido para las autoridades judiciales, quienes han dictado las órdenes de captura correspondientes a nivel nacional para procesar a los responsables bajo los cargos de feminicidio agravado y parricidio.

Mientras tanto, la comunidad de Quillabamba exige la máxima pena legal para los autores del horrendo crimen que ha enlutado a dos regiones del sur peruano.

 

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