Las hermanas Hernández, de 14 y 17 años, fueron desaparecidas y asesinadas en Barranquilla, siendo sus cuerpos encontrados días después en una fosa en Malambo

 

 

Barranquilla amaneció con la noticia que ha estremecido a Colombia: dos hermanas menores de edad, de 14 y 17 años, desaparecieron el 17 de febrero y fueron encontradas sin vida 11 días después en una fosa en Malambo, Atlántico.

La comunidad está consternada, y en una reciente audiencia, los detalles del crimen, cada vez más escalofriantes, salieron a la luz.

La defensa de las víctimas entregó una declaración desgarradora, revelando la brutalidad con la que las niñas fueron asesinadas.

El caso ha adquirido una dimensión aún más dolorosa con las palabras de la abogada de la familia de las hermanas Hernández, quien no pudo contener las lágrimas mientras relataba el horror vivido por las menores.

En medio de la audiencia, pidió a los jueces que se aplicara todo el peso de la ley sobre los responsables de este crimen, destacando la violencia extrema que se ejerció sobre las hermanas.

“Este crimen es una herida abierta en el corazón de todos los colombianos. No solo estamos luchando por justicia, sino por la reparación integral de las víctimas, que incluye acompañamiento psicológico”, expresó con voz quebrada.

Según la abogada, la desaparición de las hermanas fue seguida de un sufrimiento indescriptible.

Las menores fueron enterradas en un terreno baldío, en una fosa improvisada, tras ser sometidas a una violencia física extrema.

El juicio contra los responsables sigue su curso, y la fiscalía ha presentado pruebas impactantes que muestran la crudeza de los hechos.

Pero lo que dejó a todos atónitos fue la confesión de uno de los implicados, conocido con el alias de “El Tata”.

 

La hipótesis preliminar que tienen autoridades sobre crimen de hermanas  Hernández en Barranquilla - NoticiasCaracol

 

El hombre, detenido por la policía, relató con escalofrío cómo mató a las hermanas, sin mostrar remordimiento alguno.

“Les disparé en la cabeza, una vez, y cuando la menor aún hablaba, le disparé otra vez.

No quería que quedaran vivas”, dijo sin vacilar, mientras los presentes en la sala de audiencias permanecían en completo silencio, horrorizados por su frialdad.

La confesión dejó claro que las menores sufrieron no solo la violencia física extrema, sino también la humillación y el miedo antes de ser asesinadas.

La defensa de las víctimas ha pedido al juez que se aplique todo el peso de la justicia sobre “El Tata”, quien fue capturado por su participación en el crimen.

Además, el caso también involucra a un adolescente de 17 años, quien, según la fiscalía, estuvo involucrado en la planificación y ejecución del asesinato.

La solicitud de medidas de aseguramiento contra él también fue presentada durante la audiencia, y se espera que este joven sea juzgado por su responsabilidad en el doble crimen.

Este crimen ha tocado una fibra sensible en toda la sociedad colombiana, especialmente entre las víctimas del conflicto armado y las madres de los falsos positivos, que han expresado su solidaridad con la familia de las hermanas Hernández.

El caso ha sacudido las entrañas del país, y los ciudadanos no solo piden justicia, sino también una reparación integral para las víctimas.

 

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La comunidad, a través de las redes sociales y protestas pacíficas, ha mostrado su indignación por la brutalidad del crimen, y muchos han expresado que es necesario que los responsables paguen por lo que hicieron.

Los familiares de las víctimas, por su parte, han estado firmes en su lucha, exigiendo que no se haga justicia solo en nombre de las niñas, sino también por el respeto a todas las víctimas de la violencia en Colombia.

“Queremos que se haga justicia por nuestras hijas, pero también por todas las víctimas que han sufrido este tipo de horrores.

Este crimen es solo la punta del iceberg de la violencia que persiste en nuestro país”, señaló la madre de una de las hermanas, visiblemente afectada pero decidida a luchar por el bienestar de todas las víctimas.

Mientras tanto, la sociedad colombiana sigue observando el desarrollo de este caso, esperando que los responsables sean castigados con la máxima pena y que las hermanas Hernández reciban la justicia que merecen.

El juicio continúa, pero las preguntas siguen sin respuesta: ¿cómo es posible que en pleno siglo XXI sigan ocurriendo crímenes tan atroces en el país?

El caso de las hermanas Hernández será un hito en la lucha contra la violencia y la impunidad en Colombia, un recordatorio de que el país aún tiene mucho por hacer para garantizar que las víctimas, especialmente las más vulnerables, obtengan justicia.

 

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