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El milagro de Fabiana: la niña que oró bajo los escombros tras registrar su propia petición de auxilio

La menor de 12 años permaneció confinada durante 24 horas en un edificio colapsado de La Guaira. Un vídeo difundido en redes sociales movilizó al Grupo de Rescate Metropolitano de Caracas en una compleja operación de perforación que se prolongó durante diez horas.

 

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En medio de la devastación que sufren las localidades del litoral venezolano tras el severo doblete sísmico, las historias de supervivencia continúan desafiando a la lógica y alimentando la esperanza de los equipos de rescate.

El caso de Fabiana, una menor de 12 años que permaneció sepultada bajo toneladas de hormigón durante 24 horas en el estado de La Guaira, se ha convertido en el símbolo de la resistencia civil.

Su localización no fue fruto del azar, sino de su propia templanza: atrapada en la penumbra, la niña utilizó su teléfono móvil para registrar un vídeo de auxilio que, tras difundirse de forma masiva en las redes sociales, activó un despliegue de emergencia sin precedentes.

 

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Un mensaje en la penumbra

«Chicos, necesito su ayuda. Hubo un temblor. Se cayeron muchos escombros. No hay luz, no hay nadie (…) Necesitamos su ayuda», rezaba el dramático testimonio que Fabiana logró emitir desde el interior de una galería subterránea en el edificio Vista Mar.

Al momento del movimiento telúrico, la menor se encontraba sola en la vivienda debido a la jornada laboral de su madre.

Según relataría posteriormente a sus salvadores, Fabiana se hallaba en una zona específica de la estructura debido a un acto de profundo afecto: regresó sobre sus pasos para poner a salvo las cenizas de su mascota, recientemente fallecida, un gesto noble que terminó por situarla en un cuadrante donde el colapso del inmueble no la aplastó, sino que configuró un espacio confinado pero con cierta movilidad.

El documento audiovisual fue interceptado en Caracas por el ente coordinador del Grupo de Rescate Metropolitano, una organización civil de carácter voluntario integrada por profesionales de la medicina, la arquitectura y la ingeniería.

De inmediato, un contingente de especialistas en estructuras colapsadas se desplazó hacia la zona del desastre en La Guaira, donde el panorama resultaba desolador: las estimaciones oficiales sugieren que entre el 70% y el 80% de las infraestructuras del estado presentan daños de extrema gravedad, con cerca de 70 edificaciones completamente afectadas.

 

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Diez horas de perforación y un lazo psicológico

Una vez localizado el edificio Vista Mar, los socorristas iniciaron una delicada intervención manual y técnica para asegurar el perímetro. Tras retirar el mobiliario colapsado e introducir instrumental de exploración, los operarios consiguieron alcanzar una de las manos de la menor.

A partir de ese instante, el protocolo estandarizado de rotación de personal fue modificado excepcionalmente debido a la fuerte afinidad psicológica que la niña entabló con uno de los rescatistas, Carlos García.

«La conexión fue inmediata. Decidimos mantener al mismo especialista en el punto de contacto para garantizar la estabilidad emocional de la pequeña», explicó el doctor Denis Castro, médico del equipo de rescate, en declaraciones ofrecidas a medios internacionales.

Durante las diez horas que duraron las maniobras físicas de remoción de placas de hormigón y corte de ferralla, el rescatista empleó técnicas de acompañamiento psicológico, conversando sobre música y aficiones con la menor para disipar el pánico, mientras el resto del compendio técnico lograba perforar la losa principal.

La operación estuvo marcada por la máxima tensión ambiental. En el transcurso de la noche, las autoridades emitieron una alerta preventiva de tsunami que obligó a evacuar a los cuerpos de seguridad general y al personal sanitario de las zonas bajas del litoral.

Pese al riesgo latente, el Grupo de Rescate Metropolitano adoptó la determinación de permanecer en la galería de acceso debido al compromiso previo adquirido con la madre de la menor, quien aguardaba en los exteriores del recinto.

Tras finalizar la extracción, sana e ilesa, Fabiana manifestó a los operarios haber conciliado el sueño tras orar intensamente, definiendo a los voluntarios como «ángeles» que le devolvieron la vida.

 

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Cooperación bilateral en el rescate animal

La tragedia en el litoral venezolano ha propiciado, asimismo, notables muestras de cooperación internacional.

El propio contingente metropolitano ha coordinado esfuerzos con delegaciones de veterinarios procedentes de la ciudad colombiana de Medellín, especializados en el salvamento de animales domésticos en contextos de catástrofe.

Mediante el uso de cámaras de inspección técnica, este equipo conjunto ha logrado rescatar con vida a numerosas mascotas atrapadas en apartamentos desalojados, incluyendo caninos de corta edad que ya han sido intervenidos quirúrgicamente en hospitales de campaña.

Paralelamente, unidades especializadas de rescate urbano (USAR) procedentes de Colombia mantienen turnos de trabajo ininterrumpidos de 24 horas en inmuebles adyacentes, empleando maquinaria de perforación para acceder a los niveles inferiores donde se presume la existencia de más supervivientes.

Desgaste de material y llamamiento internacional

El doctor Castro ha hecho hincapié en la necesidad acuciante de suministros técnicos para sostener las operaciones de búsqueda a medio plazo.

Las organizaciones sobre el terreno advierten de que las herramientas de corte inalámbricas, tales como martillos percutores, esmeriles y cinceles, sufren un desgaste acelerado debido a la densidad de los materiales y a la ausencia generalizada de fluido eléctrico en las áreas afectadas, lo que impide el uso de generadores convencionales por el riesgo de acumulación de gases en espacios confinados.

Asimismo, los rescatistas solicitan la donación de calzado industrial, uniformes de alta resistencia y escáneres de verificación de vida, indispensables para mantener la operatividad de unos equipos civiles que continúan batallando contra el reloj.

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