El brutal asesinato de Zoila Edith Vásquez y su hijo de seis años con autismo conmociona al Perú tras ser hallados sin vida y con signos de violencia en la selva de Tocache

 

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El horror se ha instalado con fuerza en la provincia de Tocache, en la región de San Martín, tras el macabro hallazgo de los cuerpos sin vida de Zoila Edith Vásquez Román y su hijo de seis años, un pequeño con condición de autismo.

Lo que comenzó como una ilusión romántica gestada a través de la aplicación digital de Facebook Parejas terminó de la forma más devastadora posible, desnudando los peligros más oscuros de las citas a ciegas por internet y la vulnerabilidad de las víctimas frente a perfiles manipuladores y criminales.

La reconstrucción de los hechos sitúa el inicio de esta tragedia cinco meses atrás, cuando Zoila, una joven madre que residía en Lima y sacaba adelante a sus dos pequeños hijos de dos y seis años, entabló comunicación virtual con un hombre que se identificó bajo el pseudónimo de “André”.

Con el paso de las semanas, las conversaciones se volvieron más intensas y fluidas.

El sujeto, cuyo nombre real es Alexis Alcántara Tellería, logró construir una fachada perfecta de hombre atento, caballeroso y comprensivo, ganándose la confianza absoluta de Zoila, quien tras dos meses de noviazgo virtual y un par de encuentros fugaces en persona, decidió arriesgarlo todo por amor.

Su propia hermana relató con profunda consternación que, mientras con la familia se mostraba como un ser ejemplar, las indagaciones posteriores revelaron una personalidad real diametralmente opuesta: un hombre enfermizamente celoso, posesivo y controlador.

 

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El fatídico desenlace comenzó a fraguarse el pasado 15 de mayo.

Guiada por la promesa de un futuro juntos, Zoila abordó un avión desde el aeropuerto de Lima con destino a la ciudad amazónica de Tarapoto, llevando consigo únicamente a su hijo mayor, emocionado por experimentar su primer viaje en avión, mientras dejaba al menor de dos años bajo el cuidado de sus familiares.

Sin embargo, al aterrizar, la calurosa bienvenida se transformó en una desconcertante incertidumbre.

Alexis no estaba esperándola en el aeropuerto.

Tras varias llamadas y mensajes ignorados, el sujeto finalmente se comunicó alegando un supuesto percance de última hora y le ordenó que continuara el viaje sola, en un trayecto terrestre de seis horas hacia la provincia de Tocache.

Zoila, desorientada en una región desconocida pero impulsada por la confianza que le tenía, acató la instrucción.

El encuentro finalmente se produjo en Tocache, lugar donde se hospedaron en un hotel de la localidad.

Una cámara de seguridad del establecimiento captó la última imagen con vida de las víctimas: Alexis cargando el equipaje, flanqueado por Zoila y el menor, quien vestía un polo azul y un short blanco.

A partir de ese momento, el teléfono de la madre se apagó definitivamente, encendiendo las alarmas de su familia en Lima.

Ante la desesperación y la falta de respuestas, los parientes contactaron al número del sospechoso que Zoila estratégicamente había dejado anotado.

En un inicio, Alcántara negó cínicamente conocerla, pero al verse acorralado y enterarse de que la familia ya había ubicado su domicilio en la capital, cambió su versión de manera abrupta, afirmando que habían tenido una fuerte discusión en el hotel y que ella se había marchado voluntariamente con el niño a la mañana siguiente.

 

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La mentira cayó por su propio peso días después.

Pobladores de un caserío rural cercano a la jurisdicción de Uchiza alertaron a las autoridades sobre el hallazgo del cadáver en descomposición de un menor de edad.

El panorama era desgarrador: el cuerpecito presentaba signos de mutilación e intentos de quemaduras para borrar evidencias.

La necropsia reveló que la causa del deceso fue una hemorragia interna provocada por una violenta punción en la zona de la cadera.

Tras un minucioso rastreo en una zona agreste y de difícil acceso cercana a un riachuelo, la policía localizó los restos de Zoila.

Mientras los peritos forenses recuperaban los cuerpos, la División de Investigación de Homicidios de la Policía Nacional detuvo a Alexis Alcántara en el distrito limeño de Jesús María a bordo de su vehículo.

Horas más tarde, las autoridades allanaron su vivienda en el exclusivo distrito de La Molina, donde se incautó la ropa que el sospechoso utilizó el día del crimen.

Las pruebas científicas con luminol dentro de su auto arrojaron resultados positivos para restos de sangre, además de hallarse prendas de vestir ocultas que pertenecían a Zoila.

Pese a mantener una actitud imperturbable y una mirada gélida durante las primeras diligencias policiales y los interrogatorios del Ministerio Público, el peso de las pruebas biológicas y los registros fílmicos terminaron por quebrar la resistencia del acusado.

Alexis Alcántara Tellería confesó formalmente ser el autor material del doble homicidio.

El caso ha reabierto un crucial debate sobre la seguridad en las plataformas digitales y la necesidad de activar herramientas de geolocalización y alertas S.O.S. en los teléfonos móviles ante citas con desconocidos.

El feminicida permanece bajo estricta custodia policial a la espera de la audiencia judicial correspondiente, donde la fiscalía solicitará la máxima pena por extinguir la vida de una madre y destrozar la inocencia de un niño vulnerable.

 

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