La activista Melissa Gate pide disculpas públicas y reversa su intención de voto tras investigar el historial del candidato. Registros de cacería y defensas judiciales a taurinos empañan su propuesta programática.

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En el complejo ajedrez de la campaña presidencial colombiana, el voto de opinión y las agendas programáticas específicas —como el ambientalismo y la protección de los derechos de los animales— juegan un papel determinante.

En las últimas horas, la candidatura del mediático abogado penalista Abelardo de la Espriella sufrió un duro revés reputacional luego de que la influenciadora y activista Melissa Gate anunciara públicamente el retiro de su respaldo político, argumentando una profunda “incoherencia estructural” entre las promesas de campaña del candidato y sus acciones pasadas.

La controversia estalló tras el análisis de la propuesta número 13 del plan de gobierno de de la Espriella, denominada “El milagro del bienestar animal integral”, en la cual promete erradicar el maltrato animal mediante un marco legal severo.

Sin embargo, veedurías ciudadanas y activistas procedieron a confrontar dicho postulado con el historial público del jurista, provocando el arrepentimiento explícito de figuras como Gate.

“Pido disculpas ahora que ya sé quién es este señor y que sé que no está a favor de los animales. Me disculpo porque ustedes saben que yo soy animalista, y a un candidato que no apoye a los animales, yo no lo voy a apoyar. Listo”, declaró Gate, admitiendo que inicialmente se había dejado guiar por recomendaciones de terceros sin investigar a fondo.

Melissa Gate pidió perdón tras votar por Abelardo de la Espriella: esta fue  la razón que la llevó a cambiar su decisión - Infobae

 

El cuestionamiento a la idoneidad animalista de de la Espriella se sustenta en sus propias declaraciones ofrecidas a diversos medios de comunicación a lo largo de los años.

A pesar de que defensores de su campaña y medios tradicionales han calificado los hechos como “bromas pesadas de juventud”, los críticos recuerdan que el hoy candidato ha relatado en más de una ocasión, y entre risas, anécdotas severas de maltrato felino.

En una de ellas, admitió haber amarrado fuegos pirotécnicos a felinos domésticos “para verlos volar”, y en otra ocasión confesó la muerte de tres gatos en un colegio tras arrojarlos desde las alturas para comprobar si “siempre caían parados”.

A estos polémicos antecedentes se suma su abierta defensa de la cacería deportiva.

Si bien de la Espriella aclaró recientemente que ya no ejerce la actividad y que nunca le disparó a especies mayores como leones o elefantes, admitió poseer armas de caza y haber abatido patos y venados durante años por puro gusto personal, equiparándolo con una “actividad de príncipes”.

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El punto de mayor fricción jurídica y política radica en el rol de de la Espriella como estratega legal de los sectores taurinos.

Los analistas recuerdan que su firma de abogados lideró la ofensiva jurídica contra el entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, cuando este prohibió las corridas de toros en la plaza de La Santamaría.

imageExpertos en ciencia política señalan que, basándose en manuales de elección democrática como los de los analistas Rafael Mosquera o Gustavo Melo, la “coherencia” es el valor más castigado o premiado por el electorado.

La revelación del historial de de la Espriella no solo ha fragmentado el apoyo de sectores animalistas, sino que deja en evidencia la brecha existente entre la retórica de la campaña electoral y las convicciones reales de los aspirantes al poder.