El personaje creado por Alejandro Riaño expone las contradicciones del mediático abogado penalista. El debate revive los cuestionamientos éticos por la defensa de figuras vinculadas a la parapolítica y el caso DMG.

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El humor político y la sátira social se han consolidado en Colombia como herramientas de control ciudadano frente a las élites económicas y políticas. En ese escenario, el comediante Alejandro Riaño, a través de su célebre alter ego Juanpis González —un personaje diseñado de manera deliberada como un estereotipo clasista, racista y xenófobo para criticar los vicios de la alta sociedad—, ha vuelto a sacudir la opinión pública tras la difusión de los apartes más punzantes de su entrevista con el controvertido abogado penalista Abelardo de la Espriella.

Durante el encuentro, que combinó la comedia negra con el cuestionamiento incisivo, de la Espriella intentó proyectar una imagen de rectitud moral y sofisticación cultural, jactándose de vestir exclusivamente marcas exclusivas como Stefano Ricci y criticando el “mal gusto” de los sectores de la izquierda local. Sin embargo, la puesta en escena del jurista se desmoronó cuando el entrevistador dirigió el diálogo hacia el origen de su fortuna y la ética de sus clientes históricos.

“Entre unos Salvatore Ferragamo y unos Salvatore Mancuso, ¿cuáles prefieres? Porque estos son unos Mancuso, güevón”, lanzó el personaje de Juanpis, hilando una mordaz analogía entre la alta costura italiana y el exjefe paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

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La intervención de Juanpis González puso el dedo en la llaga sobre un asunto que la sociedad civil colombiana suele reprocharle al penalista: su enriquecimiento a expensas de defender a personajes condenados por nexos con el paramilitarismo bajo el pragmático argumento de “buscar el mal menor”.

Entre los casos más señalados durante el intercambio de opiniones destacan:

Dieb Maloof: El excongresista detenido en 2007 y posteriormente condenado por concierto para delinquir agravado, fraude electoral y constreñimiento al elector, tras comprobarse sus vínculos con el bloque comandado por el alias ‘Jorge 40’.

Rocío Arias: Exparlamentaria condenada a tres años y medio de prisión tras acogerse a sentencia anticipada y aceptar sus nexos directos con los jefes paramilitares alias ‘Macaco’ y ‘Don Berna’.

Jorge Aníbal Visbal Martelo: Expresidente de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegan), a quien de la Espriella defendió públicamente asegurando que era inocente, pero que terminó condenado por la Corte Suprema de Justicia por financiar y asesorar activamente el proyecto político de Carlos Castaño.

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La controversia escaló al recordarse los reportes de prensa que vinculan los honorarios del abogado con el polémico esquema piramidal de David Murcia Guzmán (DMG).

Según registros periodísticos internacionales, Murcia llegó a acusar al penalista de recibir sumas cercanas a los 5.000 millones de pesos de la época para su defensa, sumado a otros 760 millones de pesos presuntamente destinados a realizar cabildeo irregular ante congresistas para frenar leyes de control de dinero en efectivo.

Estos antecedentes reabrieron las dudas de los analistas sobre la transparencia de los fondos que sustentan el extravagante estilo de vida del abogado.

Finalmente, Riaño aprovechó el cierre de su intervención artística para lanzar una fuerte crítica a la desconexión de la clase política tradicional respecto al conflicto armado, parodiando cómo los sectores acomodados promueven discursos bélicos mientras preservan el bienestar de sus propios círculos.

“Los que van a la guerra son los pobres… nosotros nos quedamos en campamentos con aire acondicionado”, sentenció el humorista bajo su máscara de ficción, dejando en evidencia la alarmante falta de memoria histórica que suele jugar a favor de las figuras públicas cuestionadas en el país.

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