La finca Criadero La Cumbre en Cundinamarca se convirtió en el refugio personal de Yeison Jiménez, donde combinó su pasión por los caballos paso fino con la tranquilidad de la vida rural

 

Este es el criadero La Cumbre, uno de los principales negocios que dejó Yeison  Jiménez: uno de sus caballos vale una millonada

 

En las montañas verdes de Cundinamarca, a poco más de una hora de Bogotá, existe un lugar que refleja con claridad la historia de uno de los nombres más reconocidos de la música popular colombiana.

Entre colinas, árboles y amplios terrenos se encuentra el Criadero La Cumbre, la finca donde el cantante Yeison Jiménez encontró equilibrio entre el éxito artístico y la tranquilidad del campo.

Para el artista, aquel espacio no era simplemente una propiedad rural.

Era el refugio al que regresaba cuando terminaban los conciertos, el lugar donde el ruido de los escenarios se transformaba en el silencio de la naturaleza y el sonido pausado de los caballos paso fino colombiano.

La historia que lo llevó hasta allí comenzó mucho antes del reconocimiento público.

Yeison Jiménez nació el 26 de julio de 1991 en Manzanares, Caldas, en un entorno marcado por dificultades económicas.

Desde muy joven entendió que debía trabajar para salir adelante.

Sin embargo, en medio de esas circunstancias apareció la música como una posibilidad de transformar su destino.

Desde niño participaba en festivales locales y pequeños eventos, donde comenzó a desarrollar una voz que con el tiempo se volvería característica dentro del género popular.

Aquellas primeras presentaciones le permitieron descubrir que las canciones podían convertirse en una forma de narrar su propia historia y la de muchas personas que compartían experiencias similares.

Con el paso de los años, ese talento fue tomando forma.

En 2013 lanzó su primer álbum, *Con el corazón*, un trabajo que comenzó a posicionarlo dentro del panorama musical colombiano.

Canciones como *Aventurero*, *Vete* y *Hasta la madre* empezaron a sonar en emisoras, fiestas populares y plataformas digitales.

 

Yeison Jiménez y el negocio que pocos conocían

 

La conexión con el público fue inmediata.

Su estilo directo, acompañado de letras que hablaban de amor, pérdidas y orgullo personal, logró que miles de personas se identificaran con su música.

Esa cercanía con la audiencia se convirtió en una de las claves de su crecimiento.

Los escenarios también fueron testigos de ese ascenso.

En 2024 logró un hito importante al llenar durante tres noches consecutivas el Movistar Arena de Bogotá, algo poco habitual para un artista de música popular.

Un año después dio otro paso significativo al presentarse en el estadio El Campín ante decenas de miles de asistentes, consolidando la presencia del género en escenarios de gran escala.

Mientras su carrera artística crecía, Jiménez también desarrollaba una profunda pasión por la vida rural y los caballos paso fino.

Fue así como nació el proyecto del Criadero La Cumbre, ubicado en Fusagasugá, en el departamento de Cundinamarca.

Al llegar a la finca, la entrada ya anticipa el carácter del lugar.

Un gran portón de madera decorado con figuras de caballos dorados abre paso a un terreno amplio rodeado de vegetación y colinas.

Allí, el criadero cuenta con modernas caballerizas diseñadas para el cuidado profesional de los ejemplares.

El corazón del proyecto son doce establos amplios y ventilados, con espacios diferenciados para sementales, yeguas y potrillos.

Los caballos reciben atención constante de veterinarios y entrenadores especializados, con rutinas de alimentación y entrenamiento orientadas a mantenerlos en óptimas condiciones.

Para el cantante, estos animales representaban mucho más que un negocio.

En diversas ocasiones compartió en redes sociales momentos en los que se le veía cabalgando en el picadero de la finca, practicando junto a los ejemplares los movimientos elegantes que caracterizan al paso fino colombiano.

 

Más allá de la música: el criadero La Cumbre, uno de los negocios más  apreciados por Yeison Jiménez - El Expreso

 

Alrededor del terreno también existen senderos naturales que permiten recorrer la propiedad a caballo mientras se contempla el paisaje típico de la región.

El ambiente transmite una sensación de calma que contrasta con la intensidad de la vida artística.

La finca fue concebida también como un espacio familiar.

Una amplia zona de asados al aire libre se convirtió en el punto de encuentro para reuniones con amigos y familiares después de largas giras musicales.

Allí, el artista encontraba momentos de tranquilidad lejos de las luces del espectáculo.

La casa principal mantiene ese mismo espíritu.

Con un gran salón de doble altura iluminado por ventanales de piso a techo, la vivienda permite contemplar los jardines y áreas verdes que rodean la propiedad.

En su interior hay seis habitaciones amplias con baño privado y vistas al paisaje.

El dormitorio principal cuenta además con acceso directo a una terraza desde la que se observa el entorno natural, un espacio pensado para el descanso después de viajes y presentaciones.

Más allá de la arquitectura o las instalaciones, La Cumbre terminó representando un símbolo del camino recorrido por el cantante.

Era el lugar donde la vida pública encontraba equilibrio con la privacidad del hogar.

 

Así es el criadero La Cumbre, uno de los principales negocios que dejó Yeison  Jiménez | Agronegocios.co

 

Paralelamente, el éxito también se reflejaba en su estabilidad económica.

Distintas estimaciones situaban su patrimonio cercano a los seis millones de dólares hacia 2026, impulsado principalmente por conciertos, plataformas digitales y proyectos empresariales como el criadero de caballos.

A pesar del crecimiento profesional, su vida personal siempre se mantuvo ligada a la familia.

Desde los 17 años compartía su vida con Sonia Restrepo, con quien formó un hogar junto a sus tres hijos: Camila, Taliana y Santiago.

En varias ocasiones el propio cantante dejó clara la prioridad que tenía su familia en su vida.

“Ser padre es lo más importante para mí”, expresó en más de una entrevista, explicando que al terminar el trabajo “todo mi tiempo pertenece a mi familia”.

Quienes lo conocieron coinciden en describirlo como una persona cercana, alegre y sencilla, que disfrutaba los momentos tranquilos con amigos y seres queridos.

Hoy, más allá del éxito musical, el recuerdo de Yeison Jiménez permanece ligado a esa combinación de esfuerzo, raíces campesinas y orgullo colombiano.

Y en medio de las montañas de Cundinamarca, el Criadero La Cumbre continúa como una huella silenciosa de la vida que construyó entre música, caballos y familia.