El legendario músico jalisciense Mike Laure transformó la escena musical latinoamericana al fusionar el rock and roll con ritmos tropicales y crear la “chunchaca”, un estilo revolucionario que nació tras ser rechazado por las grandes discográficas de la época

 

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El panorama de la música popular latinoamericana guarda en sus páginas doradas la historia de Miguel Laure Rubio, un artista cuya audacia logró tender un puente inquebrantable entre el rock and roll anglosajón y el candor tropical del Caribe.

Nacido en el municipio de El Salto, Jalisco, el 19 de septiembre de 1937, este jalisciense de cepa humilde desafió las estructuras de la industria discográfica de su tiempo.

Aunque su origen geográfico llevó a muchos a confundirlo con un creador colombiano o cubano, su esencia fue profundamente mexicana, moldeada por la necesidad, el talento innato y una inquebrantable tenacidad forjada en un hogar de obreros donde el sustento diario requería un esfuerzo colectivo entre ocho hermanos.

Los primeros pasos de Laure en el arte no estuvieron rodeados de lujos ni de formación académica formal.

Desde su infancia en la escuela primaria, el joven Miguel mostró una agudeza rítmica singular al integrarse a la banda de guerra local.

Ante la carencia de instrumentos reales, su ingenio lo llevó a experimentar con objetos cotidianos, transformando botellas de refresco, lápices y latas de chiles vacías en sus primeros artefactos de percusión junto a su hermano Antonio.

Esta etapa de carencias extremas forjó un carácter resiliente que se trasladaría intacto a los escenarios de Guadalajara durante su adolescencia, época en la que el rock and roll dominaba el gusto juvenil y representaba la primera gran apuesta de su carrera.

 

QUÉ FUE DE… MIKE LAURE, EL MÚSICO QUE UNIÓ AL ROCKANROL CON LO TROPICAL Y  CREÓ UN ESTILO ÚNICO

 

Inspirado fuertemente por el fenómeno estadounidense de Bill Haley & His Comets, el músico fundó su propia agrupación bajo el nombre de Mike Laure y sus Cometas.

Con este ensamble grabó composiciones iniciales como *El rock del diapasón*, *El rock de los marcianos*, *El bracero* y *La guitarra en órbita*.

Sin embargo, el circuito del rock en México se encontraba saturado por figuras de arrastre masivo como Alberto Vázquez, César Costa y Enrique Guzmán, lo que dificultó su acceso a los grandes canales de difusión.

El momento definitivo de quiebre ocurrió durante una reunión con los ejecutivos del sello Discos Musart, quienes rechazaron de forma tajante sus propuestas roqueras, argumentando que el mercado juvenil ya estaba completamente copado.

Lejos de claudicar ante el rechazo, Laure reconfiguró su destino cuando la discográfica le propuso interpretar piezas con un corte diametralmente distinto.

Fue así como llegaron a sus manos dos composiciones que cambiarían el rumbo de la música bailable: *Tiburón a la vista* y *La cosecha de mujeres*.

La genialidad del proyecto radicó en que el artista no buscó imitar la cumbia colombiana tradicional de manera literal, sino que ejecutó estas melodías tropicales utilizando la misma instrumentación de su banda de rock, que incluía acordeón, saxofón, guitarra eléctrica, bajo y batería.

Esta hibridación audaz dio origen a un estilo alegre, rítmico y sumamente popular que el público bautizó inicialmente con el término despectivo de “chunchaca”, pero que pronto se transformó en un sello de identidad nacional.

 

Mike Laure | Spotify

 

La prueba de fuego de este nuevo sonido ocurrió en el centro nocturno Beer Garden de Chapala.

Con un repertorio limitado pero sumamente contagioso, la respuesta del público fue inmediata y desbordante, obligando a la banda a repetir sus temas principales a lo largo de la noche.

A partir de ese hito, la agrupación consolidó una prolífica trayectoria que abarcó la grabación de aproximadamente cuarenta álbumes, giras internacionales de gran éxito y la participación en producciones cinematográficas de la época.

Clásicos indiscutibles como *Mazatlán*, *No llores*, *La banda borracha*, *La secretaria*, *El solterito*, *La colegiala* y *Amor en Chapala* se convirtieron en piezas obligatorias de salones de baile, ferias de pueblo y celebraciones familiares en todo el continente.

La proyección de Mike Laure y sus Cometas rebasó rápidamente las fronteras mexicanas.

A pesar de la fuerte competencia con los conjuntos norteños en el mercado estadounidense, la banda logró conquistar plazas fundamentales para la diáspora hispana como Los Ángeles, Houston, Chicago, San Francisco, Las Vegas y Nueva York.

Asimismo, su música caló hondo en Sudamérica, logrando una recepción sumamente cálida en naciones como Ecuador, Perú, Colombia, Chile y Argentina.

Este impacto cultural abrió el camino para que generaciones posteriores de artistas como Rigo Tovar, Chico Che, Fito Olivares y diversas agrupaciones de la onda grupera adoptaran y expandieran la vereda de la cumbia con identidad mexicana.

 

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Paralelamente a su arrollador éxito comercial, la figura de Laure estuvo rodeada de una mitología popular alimentada por su carisma bohemio y su cercanía con las audiencias.

Entre las leyendas de camerino que se arraigaron con más fuerza destaca el mito urbano de que el cantante llegó a procrear 58 hijos.

En el plano de su vida civil documentada, el músico estuvo casado inicialmente con Celia Ruiz Hernández, una vecina de su natal El Salto con quien tuvo a sus hijos Jorge y Miguel.

Posteriormente, compartió su vida con Alma Soto, madre de sus hijos Salvador, Michael y Alma Laure, quienes con el tiempo se encargaron de preservar y relatar las vivencias íntimas del ídolo.

El declive de la salud del “Rey del Trópico” comenzó a manifestarse de manera dramática a principios de la década de 1990.

El desgaste propio de las extenuantes giras por carretera se combinó con un fuerte impacto emocional derivado de las trágicas explosiones del 22 de abril de 1992 en Guadalajara, un desastre provocado por la acumulación de combustible en el sistema de alcantarillado que destruyó severamente varias propiedades vinculadas al artista y desató severas tensiones familiares por motivos financieros.

Horas después de estos eventos, Laure sufrió una embolia que lo dejó postrado en el baño de su residencia, dejándole secuelas físicas irreversibles que redujeron drásticamente su actividad artística y su movilidad.

Durante sus últimos años, el músico batalló silenciosamente contra las complicaciones derivadas de la diabetes y el daño cerebrovascular previo, alejándose de los reflectores sin la pompa de un retiro de alfombra roja.

El último acorde para el legendario intérprete sonó el 19 de noviembre del año 2000, cuando falleció a la edad de 63 años.

Sus restos fueron sepultados en su tierra natal de El Salto, Jalisco, cerrando el ciclo vital de un creador que supo transformar la adversidad económica y los portazos de la industria en una de las páginas musicales más alegres y perdurables de la cultura popular mexicana.