La propuesta de Donald Trump de anexar a Venezuela como el estado número 51 provoca una firme respuesta del presidente Gustavo Petro, quien denuncia un plan de expansión colonial que busca el control de los recursos estratégicos en América Latina

 

thumbnail

 

El panorama geopolítico de América Latina ha entrado en una fase de máxima alerta tras las recientes y temerarias declaraciones de Donald Trump y la difusión de una imagen oficial desde la Casa Blanca que sugiere la anexión de Venezuela como el estado número 51 de los Estados Unidos.

Este hecho, que ha sido calificado por diversos sectores como una amenaza directa a la soberanía regional, ha provocado una reacción inmediata del presidente Gustavo Petro, quien ha denunciado un resurgimiento de la Doctrina Monroe en su faceta más agresiva y colonialista.

La situación no se limita a una simple retórica de campaña; se trata de un planteamiento que vulnera todas las normas del derecho internacional y que busca, bajo la excusa de la seguridad hemisférica, el control absoluto sobre recursos estratégicos como el petróleo y las tierras raras, fundamentales para la tecnología del siglo XXI.

 

Canadá, ya te 'salvaste': Trump considera 'seriamente' convertir a Venezuela  en el estado 51 de EU – El Financiero

 

El presidente Petro, en un tono diplomático pero firme, recordó que cualquier intento de colonización choca frontalmente con el legado libertador de Simón Bolívar.

Sin embargo, detrás de la escena diplomática, existe una preocupación latente sobre cómo este expansionismo afecta directamente a Colombia.

Se ha denunciado que sectores de la extrema derecha colombiana, liderados por figuras como Álvaro Uribe Vélez y Paloma Valencia, habrían “vendido” el país ante los intereses de Washington a cambio de garantizar su propia impunidad frente a las múltiples investigaciones judiciales que los rodean.

Según esta narrativa, la derecha nacional no estaría buscando defender la patria, sino entregar su autonomía para convertirse en un peón de los intereses republicanos de figuras como Marco Rubio y Rick Scott.

La interconectividad de estos planes se manifiesta también en la presión ejercida a través de aliados regionales.

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, ha sido señalado como un ejecutor de órdenes directas de Estados Unidos, utilizando el pretexto de la lucha contra el narcotráfico para desestabilizar al gobierno progresista de Colombia.

Esta estrategia incluiría la imposición de aranceles y ataques mediáticos destinados a vincular al presidente Petro con estructuras mafiosas, un libreto que parece repetirse en varios países del continente.

La filtración de cartas entre congresistas republicanos revela una desesperación evidente ante la posibilidad de que el progresismo consolide su poder en las próximas elecciones colombianas, con figuras como Iván Cepeda encabezando las encuestas.

La intención declarada de estos sectores de “meter la mano” en los comicios bajo la figura de veedores internacionales es vista como una interferencia descarada en la democracia interna.

 

Trump vuelve a insistir en que Venezuela podría convertirse en el estado 51  de EE. UU. - Semana

 

La gravedad de considerar a una nación soberana como una “colonia” implica transformarla en una simple despensa de recursos naturales para el imperio, donde las ganancias se extraen hacia el norte mientras la pobreza y el daño ambiental se quedan en el territorio.

Este modelo de “capitalismo salvaje” es el que la extrema derecha pretende restaurar, utilizando el miedo al comunismo —una amenaza inexistente en las propuestas de equidad social de la actual administración— para engañar al electorado.

Mientras tanto, congresistas como María Elvira Salazar, con pasados cuestionables vinculados a personajes como Vladimiro Montesinos, intentan dar lecciones de democracia mientras defienden intereses que históricamente han alimentado el conflicto en la región.

Colombia se encuentra hoy en una encrucijada histórica.

El riesgo de ser reducidos a una colonia de facto si la extrema derecha retoma el poder es una posibilidad real que la sociedad debe evaluar.

La soberanía no es solo una palabra en la Constitución, sino la capacidad de un pueblo de decidir sobre su destino sin que potencias extranjeras decidan qué hacer con su tierra, su petróleo y sus elecciones.

Lo que hoy ocurre con la amenaza a Venezuela es el espejo de lo que podría sucederle a Colombia si se permite que el odio y la traición a los principios bolivarianos dicten la agenda política del futuro inmediato.

La vigilancia ciudadana y el respeto por la autonomía nacional son las únicas herramientas para frenar este delirio expansionista que pretende retroceder el reloj de la historia doscientos años.

 

Delcy Rodríguez rechaza propuesta de Trump sobre anexar Venezuela -  Periódico El Nuevo Orden