Un dron capta una pared de basalto que se abre brevemente en la Calzada del Gigante revelando una cavidad oculta dentro del acantilado

 

 

Una grabación captada por un dron en la célebre formación volcánica de la Calzada del Gigante, en Irlanda del Norte, desencadenó una de las investigaciones geológicas más inquietantes de los últimos años.

Lo que comenzó como un simple registro turístico terminó mostrando un fenómeno que desafía las explicaciones convencionales sobre una de las estructuras basálticas más conocidas del planeta.

La escena ocurrió al atardecer, cuando turistas y guardabosques recorrían las famosas columnas hexagonales de basalto formadas hace unos 60 millones de años por erupciones volcánicas.

De repente, según testigos, una sección aparentemente sólida del acantilado se desplazó hacia afuera durante unos segundos, como si fuera una puerta integrada en la roca.

El momento quedó registrado por el dron de Marcus Willan, un electricista de 34 años procedente de Dublín que se encontraba grabando el paisaje.

“Solo estaba filmando el atardecer cuando vi que la pared se movía”, recordó más tarde.

“Pensé que era un fallo de la cámara o una ilusión, pero el video mostraba claramente la roca abriéndose”.

Las imágenes revelaron algo aún más extraño: un bloque de basalto estimado en casi 20 toneladas se deslizó hacia afuera durante aproximadamente 11 segundos y luego regresó a su posición original con una precisión perfecta, sin dejar grietas visibles ni restos de movimiento.

Detrás de la pared solo se veía oscuridad.

 

Un Dron Descubre Algo Aterrador En Una Roca ¡No Creerás Lo Que Encontró!

 

El video se difundió rápidamente en internet y llamó la atención de especialistas.

Entre ellos se encontraba la geóloga Clara Brenan, quien llevaba más de quince años estudiando la geología de la zona.

Tras analizar las imágenes, contactó con el autor del video casi de inmediato.

“Lo que aparece en la grabación es o un fraude extremadamente elaborado o algo que desafía todo lo que sabemos sobre esta formación geológica”, le dijo Brenan al propio Willan cuando revisó el material.

Pocos días después, la científica acudió al lugar con equipos de radar de penetración terrestre y sonar para comprobar si existía alguna cavidad en el interior de la pared basáltica.

Lo que encontraron superó cualquier expectativa.

Los escaneos detectaron un espacio hueco de aproximadamente 12 metros de profundidad por 8 metros de ancho dentro de la roca.

Las cavidades naturales de este tamaño son extremadamente raras en estructuras de basalto tan compactas.

Sin embargo, el verdadero desconcierto surgió cuando los sensores identificaron formas verticales en el interior.

Siete figuras alineadas aparecieron en las lecturas, cada una con una altura estimada entre 2,3 y 2,6 metros.

No parecían fragmentos ni irregularidades naturales.

Las imágenes indicaban que estaban de pie, separadas entre sí por aproximadamente 1,4 metros y orientadas hacia la entrada de la cavidad.

 

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El geofísico Ian Walsh se sumó entonces al equipo para realizar análisis de densidad más detallados.

Tras revisar los primeros datos, el investigador reconoció que el hallazgo era desconcertante.

“No parecen bloques de roca maciza”, explicó.

“Los escaneos sugieren estructuras huecas con una capa externa y una cavidad interior”.

A medida que avanzaban los estudios, los investigadores detectaron otro dato inesperado.

Algunos sensores térmicos registraban temperaturas cercanas a los 37 grados centígrados alrededor de las figuras, valores similares a la temperatura corporal humana y completamente inusuales dentro de una masa de basalto frío.

La especialista en imágenes térmicas Aing Moran revisó posteriormente esas mediciones.

Tras analizar los registros, admitió su desconcierto.

“No coincide con ningún patrón geotérmico conocido”, afirmó.

“La roca está emitiendo calor como si algo en el interior estuviera activo”.

Mientras los investigadores trataban de verificar los resultados, ocurrió otro episodio que aumentó la incertidumbre.

Un segundo escaneo realizado días después mostró solo seis figuras en la cavidad.

Brenan repitió las mediciones y comprobó los equipos varias veces.

El resultado no cambió.

“Revisamos la calibración, repetimos las pruebas y utilizamos otros instrumentos”, explicó más tarde.

“Una de las figuras ya no estaba”.

 

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Lo más sorprendente fue que la pared de roca no había vuelto a moverse.

Las cámaras instaladas frente al acantilado no registraron ninguna apertura adicional del bloque basáltico.

En las semanas siguientes se instalaron sensores sísmicos y térmicos para vigilar posibles cambios.

Algunos registros detectaron vibraciones rítmicas procedentes del interior de la cavidad con intervalos regulares cercanos a cinco segundos, algo que varios investigadores describieron como un patrón similar a un latido.

A pesar del interés científico que generaron los hallazgos, el área fue cerrada al público poco después bajo el argumento de riesgos geológicos y erosión.

La sección del acantilado quedó cercada y las investigaciones continuaron de manera restringida.

Entre tanto, el video original sigue circulando en internet y ha reavivado antiguas historias del folclore irlandés relacionadas con la Calzada del Gigante y la figura legendaria de Finn McCool.

Marcus Willan, el autor de la grabación, asegura que aún conserva las copias del material.

“Nunca pensé que grabaría algo así”, dijo.

“Solo sé lo que vi: la roca se abrió y luego volvió a cerrarse como si nada hubiera pasado”.

 

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