Juan Daniel Oviedo reconoció haber consumido marihuana en el pasado y desató una fuerte crisis dentro del uribismo, mientras sectores políticos y redes sociales cuestionan la doble moral en plena campaña presidencial colombiana

 

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La campaña presidencial colombiana entró en una nueva tormenta política tras las declaraciones del economista y candidato vicepresidencial Juan Daniel Oviedo, quien reconoció públicamente haber consumido sustancias psicoactivas, incluida marihuana, y haber probado cocaína en el pasado.

La confesión, realizada inicialmente en una entrevista radial y retomada posteriormente por Blu Radio, provocó un fuerte choque entre sectores del uribismo y abrió un debate nacional sobre la doble moral, la vida privada de los candidatos y el uso político de temas personales en plena carrera electoral.

Oviedo, exdirector del DANE y fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia, respondió directamente a las críticas después de que sectores cercanos a la campaña de Abelardo de la Espriella difundieran en redes sociales una publicación preguntando: “¿Oviedo consume drogas?”.

Lejos de esquivar la controversia, el dirigente decidió hablar abiertamente del tema.

“Sí, yo he consumido sustancias psicoactivas, pero también soy una persona responsable”, afirmó durante una entrevista en Mañanas Blu.

Además, rechazó que reconocer un consumo pasado signifique ser adicto: “Eso no me hace drogadicto. Eso me hace una persona que reconoce su propia verdad”

 

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La polémica escaló rápidamente porque el propio Oviedo explicó que algunas de esas experiencias ocurrieron durante años en Europa y aclaró que el consumo mencionado recientemente estaba relacionado únicamente con marihuana.

“Jamás he sido drogadicto”, insistió, defendiendo que su vida pública debe construirse desde la transparencia y no desde el ocultamiento.

El candidato incluso ironizó sobre los ataques en su contra: “Miremos a ver si los drogadictos hacen deporte como yo o trabajan 18 horas al día”.

Las declaraciones provocaron fracturas visibles dentro de la derecha colombiana.

Mientras sectores conservadores cuestionaron la imagen de la fórmula presidencial de Paloma Valencia, otros defendieron la sinceridad de Oviedo y criticaron lo que consideran una estrategia de estigmatización política impulsada desde campañas rivales.

En redes sociales, simpatizantes y detractores del uribismo reactivaron antiguos señalamientos hechos contra el presidente Gustavo Petro, comparando el tratamiento mediático de ambos casos y denunciando una “doble vara” dentro del debate político colombiano.

La controversia también volvió a poner sobre la mesa la figura de Oviedo como uno de los perfiles más atípicos de la actual contienda electoral.

El economista bogotano ha construido una imagen pública centrada en el tecnicismo, la moderación y el discurso de centro, aunque su alianza con Paloma Valencia generó tensiones dentro del mismo bloque conservador desde marzo de 2026.

Algunos sectores uribistas nunca terminaron de aceptar completamente su llegada a la coalición debido a sus posiciones más liberales en temas sociales y a su defensa de una política menos polarizada.

 

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Mientras el escándalo político dominaba las redes sociales, otro frente de polémica sacudió al país.

El superintendente de Salud, Daniel Quintero, encabezó una nueva inspección sorpresa en un dispensario de Cafam en Bogotá, donde pacientes denunciaban retrasos de hasta cuatro meses en la entrega de medicamentos esenciales, incluida insulina.

Durante el operativo, funcionarios encontraron medicamentos almacenados mientras usuarios seguían recibiendo respuestas negativas sobre disponibilidad.

“La orden es que las medicinas se tienen que entregar”, declaró Quintero frente a las cámaras durante la intervención.

Según explicó, el operativo hace parte del denominado “Plan 100”, una estrategia de inspección masiva que contempla más de cien visitas sorpresa en distintos puntos del país para verificar posibles irregularidades administrativas y casos de acaparamiento de medicamentos.

Las imágenes difundidas durante la jornada generaron indignación nacional.

En uno de los videos más comentados, funcionarios hallaron cajas de pañales almacenadas pese a que una paciente aseguraba no recibir ese suministro desde enero.

Quintero aseguró que las entidades que incumplan serán investigadas y sancionadas.

“No más acaparamiento de medicamentos y menos por razones políticas”, afirmó el funcionario.

 

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El clima de indignación aumentó todavía más después de que el Ministerio de Transporte revelara irregularidades relacionadas con fotomultas en varias ciudades colombianas.

Según la información divulgada por el ministro Antonio Sanguino, numerosos organismos de tránsito habrían impuesto comparendos sin contar con los avales técnicos correspondientes.

La situación afecta procesos realizados entre 2018 y 2025 en ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Palmira, Montería y Santa Marta.

La cartera de Transporte explicó que quienes pagaron multas dentro de los periodos señalados podrían solicitar devoluciones de dinero e intereses mediante acciones administrativas y derechos de petición.

En casos donde los comparendos continúan pendientes, los ciudadanos podrán verificar si los registros deben ser eliminados por irregularidades en la validación técnica de los sistemas utilizados.

Así, en menos de 48 horas, Colombia pasó de un debate político sobre moralidad y transparencia personal a una cadena de denuncias sobre medicamentos ocultos y presuntas irregularidades administrativas en el sistema de tránsito.

En medio de una campaña presidencial cada vez más agresiva y polarizada, las declaraciones de Juan Daniel Oviedo terminaron abriendo un escenario mucho más amplio: el choque entre la política tradicional, la exposición de la vida privada y el creciente desgaste institucional que domina el ambiente electoral colombiano.

 

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