Gustavo Petro expone que la desigualdad fiscal y la concentración de la riqueza limitan la capacidad del Estado para responder a las necesidades sociales

 

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El presidente Gustavo Petro volvió a colocar la desigualdad en el centro de la discusión pública al afirmar que una parte de los mayores obstáculos para el desarrollo colombiano sigue estando en la concentración de la riqueza, la baja tributación efectiva de los sectores más poderosos y la falta de presupuesto para garantizar derechos básicos.

Lo hizo durante una intervención sobre prioridades de inversión, proyectos para el Caribe y la agenda pendiente de su gobierno, en la que advirtió que el margen de maniobra se estrecha a medida que avanza el calendario político.

“Las necesidades se estiran, son plásticas”, dijo el mandatario al explicar que las demandas sociales siempre superan la capacidad financiera del Estado.

En ese mismo discurso sostuvo que “la capa más rica de la sociedad colombiana se niega y usa sus instrumentos de poder para no permitir pagar más impuestos”, una frase con la que buscó resumir su diagnóstico sobre la persistencia de la desigualdad y el rezago social.

Petro agregó que la escasez presupuestal “también es una falta de prioridades”, porque, a su juicio, durante décadas las decisiones públicas no favorecieron a las poblaciones más excluidas.

La declaración no se produjo en el vacío.

Los datos oficiales del DANE muestran que, aunque el coeficiente de Gini bajó ligeramente de 0,553 en 2023 a 0,551 en 2024, Colombia sigue exhibiendo una desigualdad elevada.

El mismo boletín señala que la pobreza monetaria extrema fue de 11,7% a nivel nacional en 2024 y que las brechas son más fuertes en centros poblados y zonas rurales dispersas, donde la presión sobre servicios básicos, empleo y acceso a oportunidades sigue siendo mayor.

 

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Con ese telón de fondo, Petro enlazó la discusión tributaria con asuntos estructurales como la tierra, el agua potable, la educación superior y la transición energética.

“Sin tierra no hay autonomía indígena”, afirmó al hablar de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde su gobierno abrió formalmente una consulta previa con comunidades indígenas y afro para redefinir el alcance de la llamada Línea Negra, después de que la justicia tumbara el decreto anterior por falta de consulta a algunos sectores étnicos.

El Ejecutivo sostiene que busca un nuevo acuerdo que permita expedir otra vez el decreto, ahora con mayor respaldo comunitario.

En su intervención, el jefe de Estado insistió en que el conflicto no es solo administrativo, sino también histórico.

Defendió que la discusión sobre la Línea Negra, la tenencia de la tierra y el uso del territorio debe resolverse mediante diálogo entre comunidades indígenas, afrodescendientes y otros actores locales.

“El diálogo es fundamental”, señaló, al advertir que los conflictos interétnicos pueden agravarse si no se construyen salidas pactadas.

Esa visión enlaza con la narrativa más amplia del Gobierno sobre paz territorial, reparación y desarrollo con enfoque regional.

Petro también volvió sobre una idea que ha repetido desde el inicio de su mandato: Colombia arrastra una larga historia de violencia y exclusión que impide consolidar un proyecto moderno de desarrollo.

En esta ocasión habló de un país que lleva “75 años autodestruyéndose”, una afirmación que conecta con la lectura histórica del conflicto armado que han desarrollado instancias como la Comisión de la Verdad, cuyo informe final documentó décadas de violencia, despojo, exclusión y fractura territorial.

 

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El mandatario aprovechó además para defender la reforma agraria, el catastro multipropósito y un rediseño de la carga fiscal local.

Según su planteamiento, el objetivo no debería ser aumentar la presión sobre pequeños propietarios o familias urbanas de ingresos medios y bajos, sino cobrar más a los grandes terratenientes improductivos y a sectores rentistas con alta capacidad de pago.

“Los ingresos no pueden salir del bolsillo de los pobres”, dijo, al sostener que el financiamiento de derechos fundamentales debe recaer en quienes concentran tierra, rentas o utilidades extraordinarias.

En el plano regional, el presidente puso como ejemplo la apuesta por la energía solar en el Caribe.

Aseguró que la región ya muestra avances y que el siguiente paso es masificar soluciones para hogares que no pueden seguir pagando facturas altas.

El planteamiento coincide con la narrativa oficial sobre convertir al Caribe en eje de energías limpias, junto con proyectos de infraestructura, acceso a agua y expansión de la educación superior pública.

La advertencia política llegó al final.

Petro reconoció que le queda poco tiempo para ejecutar soluciones de fondo y dejó claro que la continuidad o el cambio de rumbo dependerán de lo que ocurra después.

“Pasa el tiempo y este gobierno se acaba y del pueblo dependerá que siga”, afirmó.

La frase resume el tono de su intervención: un balance de cierre, una defensa de su hoja de ruta y un mensaje dirigido a la disputa política que ya empieza a definir el siguiente ciclo del poder en Colombia.

 

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