El caso de Yulixa Tolosa expone una presunta red de clínicas estéticas clandestinas en Bogotá que operaban sin habilitación sanitaria y terminaron en una muerte bajo investigación judicial

 

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El caso de la muerte de Yulixa Tolosa ha desatado una profunda conmoción en Colombia y Venezuela, tras revelarse una presunta red de prácticas estéticas ilegales que terminó en tragedia.

Las autoridades de ambos países investigan a tres personas detenidas, señaladas por su participación en un procedimiento de lipólisis láser realizado en una supuesta clínica “de garaje” en Bogotá, desde donde la víctima salió con vida por última vez antes de desaparecer.

Según los reportes judiciales y policiales, la mujer fue sometida a un procedimiento estético en un establecimiento ubicado en el barrio Venecia, sobre la autopista sur de Bogotá.

Allí habría sido atendida por personas sin formación médica acreditada, entre ellas un hombre identificado como Eduardo Ramos, señalado como el presunto “falso cirujano”, quien, de acuerdo con versiones de medios locales, en realidad trabajaría como barbero.

Las autoridades detallaron que, tras el procedimiento, Yulixa fue sacada del lugar y posteriormente su cuerpo apareció sin vida en un área rural entre los municipios de Apulo y Anapoima, en el departamento de Cundinamarca.

El hallazgo se produjo después de varios días de búsqueda, mientras la Fiscalía avanzaba en la recolección de pruebas y el análisis de más de 100 horas de video de cámaras de seguridad para reconstruir su recorrido.

 

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El general encargado del Servicio de Policía confirmó el hallazgo con un mensaje institucional: “En los últimos minutos, sobre un corredor vial entre los municipios de Apulo y Anapoima, Cundinamarca, fue hallado el cuerpo sin vida de quien sería Yulixa Consuelo Tolosa”.

La institución añadió su rechazo categórico a cualquier acto que atente contra la vida y la dignidad humana.

La investigación permitió identificar a otros dos implicados, María Fernanda Delgado y Edinson José Torres, propietarios del supuesto centro estético.

Ambos fueron capturados en el municipio de Guanare, en el estado Portuguesa, Venezuela, mientras que Eduardo Ramos fue detenido en Maracay, estado Aragua.

Posteriormente, los tres fueron trasladados a Caracas, donde permanecen bajo custodia de la policía científica a la espera de ser presentados ante tribunales.

El caso ha escalado a nivel internacional debido a la posibilidad de extradición.

Sin embargo, la Constitución venezolana prohíbe la extradición de sus ciudadanos, lo que complica el traslado de los detenidos a Colombia.

A pesar de ello, la Fiscalía colombiana ha solicitado cooperación judicial amparándose en el Tratado Bolivariano de Extradición de 1911, buscando alternativas legales para garantizar que los responsables respondan ante la justicia.

 

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En palabras de los investigadores, la ruta del crimen incluyó movimientos entre Cundinamarca, Boyacá, Santander y Norte de Santander, además de operaciones coordinadas entre autoridades colombianas y venezolanas.

La circular azul de Interpol fue clave para la localización de los implicados.

El procedimiento estético al que fue sometida la víctima, una lipólisis láser, ha sido uno de los puntos centrales de la investigación.

En un programa radial, la doctora Damaris Romero, presidenta de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, explicó con preocupación la gravedad del caso y el riesgo de estos procedimientos realizados fuera de entornos médicos adecuados.

“Esos procedimientos de liposucción no son sencillos”, afirmó, subrayando que incluso en manos expertas existen riesgos importantes.

También advirtió: “Una liposucción es la extracción de grasa… esto no es un procedimiento sencillo, es un procedimiento que requiere entrenamiento y conocimiento de la anatomía”.

La especialista fue enfática en que las llamadas “clínicas de garaje” no deberían existir: “Una clínica verdadera debe contar con infraestructura y recurso humano habilitado”.

Además, explicó que la confusión entre medicina estética y cirugía plástica ha sido aprovechada por personas sin formación para realizar intervenciones invasivas.

Sobre el caso concreto de Yulixa Tolosa, la doctora señaló la posibilidad de complicaciones graves: “Podría haber sido un shock anémico, una embolia, un tromboembolismo pulmonar… sacar 10 litros de grasa es una barbaridad”.

Según explicó, la cantidad máxima considerada segura en procedimientos de este tipo suele oscilar entre tres y cinco litros, dependiendo del caso clínico.

 

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En medio del debate, también se cuestiona la falta de control sobre establecimientos no autorizados.

“Nosotros no logramos entenderlo porque la secretaría reacciona solo cuando ocurren casos”, lamentó la especialista, quien insistió en la necesidad de mayor vigilancia por parte de las autoridades sanitarias.

El caso ha generado indignación pública, especialmente por las circunstancias en las que la víctima fue engañada para someterse al procedimiento.

Según la reconstrucción judicial, Yulixa habría confiado en el centro tras recomendaciones de conocidas que ya se habían realizado intervenciones allí.

Mientras tanto, la Fiscalía continúa evaluando las pruebas para determinar las causas exactas de la muerte, sin descartar complicaciones derivadas del procedimiento o negligencia extrema.

El cuerpo fue trasladado a Medicina Legal, donde se realizan análisis forenses detallados.

En Caracas, los tres detenidos esperan su presentación ante los tribunales, mientras crece la presión diplomática y judicial entre Colombia y Venezuela.

El caso, que combina medicina ilegal, fraude profesional y un desenlace fatal, se ha convertido en un símbolo de alerta sobre los riesgos de los procedimientos estéticos realizados fuera del sistema sanitario regulado.

La última frase del reportaje televisivo resume el sentimiento general de la investigación: “Uno queda asustado. ¿Cómo pasa uno de barbero a hacer una cirugía?”.

Una pregunta que, por ahora, sigue sin una respuesta que calme la indignación ni el dolor por la muerte de Yulixa Tolosa.